Entonces estábamos perfectamente pachecos: Paco golpeaba la guitarra con los pulgares para obligarla a que “sonara”, como si fuera rocola, Guns of Brixton; la gorda se caía de la risa, resbalaba del sofá y reía de saber que había resbalado del sofá; Irina, por unos minutos, dejaba de hablar y luego seguía en el punto donde se había quedado; y yo... tratando de pensar en Clara, quería serle fiel mientras estaba de viaje, ella en el viaje y yo, en ese viaje.
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