Me llamo Antonio –cuenta la leyenda- por culpa de mi padre que admiraba en demasía a Antonio Carlos Jobin y me apellido Andrade también por su culpa –la de mi padre. Nací en febrero dos –día de la Candelaría, cuando se sirven tamales y atole-, provengo de un vientre pequeño, el de Lourdes –mi madre- a quien fue necesario abrirle la barriga para sacarme de ahí. Originario del Distrito Federal –o sea que soy chilango-, pero el temblor de 1985 obligó a mi familia a mudarse al Estado de México –o sea que ahí dejé de ser chilango-. Durante mis primeros años me dediqué como todos los niños, a sacarme los mocos y a cazar sueños, heredé la maña de escribir de mi abuela Teresa y de mi tío Toño –su hijo-, considero la escritura más una necesidad que una profesión, nunca estudié literatura y mucho menos he ganado premios en esta disciplina, es más, nunca he concursado, yo sólo publico mi trabajo, donde así me lo permitan.
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