Miquel Silvestre nació en Denia a finales de 1968. Marcado por una infancia lectora mientras los demás jugaban al fútbol, pronto, casi demasiado pronto, se embarcó en una juventud rebelde de litronas, tabaco aliñado y vómitos de rabia y bilis. Lo intentó primero como precoz expulsado de colegio, luego como cantante punk, pero sus compañeros de banda le convencieron a botellazos de lo duros que tenía el oído y la cabeza.
Así que le dio por escribir, porque, entre otras cosas, el riesgo de descalabramiento craneal para los escritores es mucho menor que para los malos epígonos de Rotten, Vicious, Strummer y Jones. Los editores y los lectores no acostumbran a darte con una botella en la crisma. Y, la verdad, para qué negarlo, se le da mucho mejor escribir que cantar. Aunque Miquel no parece haber notado mucho la diferencia, porque escribe con tanta rabia que parece como si en realidad estuviera escupiendo. Hasta ahora ha esputado dos novelas (La Dama Ciega, Ediciones Kékeres, 2002; Mariposas en el cuarto oscuro, Ediciones Barataria, 2003) y un volumen de relatos (Dinamo Estrellada, Barataria, 2004), amen de multitud de cuentos diseminados en antologías colectivas o las más dispares webs literarias. Habiendo obtenido por ello tan buenas críticas como escasos ingresos. |