| Todo es posible: Big Fish |
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| por Jessy Servín | ||||||
| 02 / 2004 | ||||||
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Dice un decálogo del perfecto cuentista “ los sueños no interesan como tales. El desorden de una mente que encuentra hormigas y orejas fuera de sitio carece de relevancia literaria. Aprende a Kafka: sus sueños parecen realidad.”
Pero para todos aquellos que se atreven a soñar, a asombrarse y más aún, a vivir con la conciencia de que existen 20 mil y una posibilidades de existir, Tim Burton les ofrece su nueva creación: Big Fish Big Fish es una metáfora logradamente adaptada por John August de la obra del escritor estadounidense Daniel Wallace, que se centra en la relación de padres e hijos, misma que sirve de innumerables pretextos para darnos cuenta que un pez crece en proporción a la pecera, si esta es más y más grande, el pez podrá expandirse y quizá conquistar el mundo. Linda comparación de lo que el hombre puede hacer. Pero existen en esta cinta muchos otros atributos que le dan peso al ya de por si buen argumento. Una fotografía de colores deslumbrantes que nos remiten al concepto de que la luz es todos los colores y cuando estos se unen a ella, el blanco perdura y deslumbra infinitamente. Y que decir de la escenografía y el maquillaje que hacen más perceptible el mundo fantástico que Burton, en compañía de un elenco protagonizado por Ewan McGregor, recrean en la aventura de Big Fish. Todo inicia cuando Will, hijo único, crece escuchando la serie de relatos que su padre le describe. Al crecer, Will se da cuenta que todo lo que le dijo su padre es mentira, que no existe y que él ha vivido en una fantasía inaudita.
Cuando Will le dice a su padre que se marchará, Edward tienen una de las ya acostumbradas discusiones donde Will vuelve a reclamarle el por qué se paso la vida contándole puras cosas que no son ciertas. Lo que no sabe en esos momentos Will, es que todo, absolutamente todo lo que le ha dicho su padre, es verdad. Sucesos que a partir de la enfermedad de Edward, él ira descubriendo hasta encontrar que, gracias al poder de la imaginación de su padre, este fue capaz de ir hacia otros horizontes sin ningún límite más que el de sus sueños. De esta forma, Tim Burton, con mucha sensibilidad nos demuestra por qué es un cineasta con una visión propia del mundo y no un realizador buscando fama, Ed Wood (1994) y Sleepy Hollow (1999) son el mejor ejemplo de este nivel artístico que se supera en Big Fish. Y para terminar, el último punto del decálogo del perfecto cuentista dice “Has visto demasiadas películas. Las historias llegan sin escenografías. No des por sentado que el lector “ve” lo que cuentas. Aprende a revelar imágenes.”
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Y es que el ser humano tiene la capacidad de fantasear como y cuantas veces lo desee, pero pocos alcanzan la realidad de sus “alucinaciones”. Incluso cuando uno cumple su cometido es descalificado por los que lo rodean, simple y sencillamente porque creen que ese que alcanzo sus sueños es un loco.
Pero su padre no está para escucharlo, así que Will decide “rehacer” su vida y contrae matrimonio con una joven francesa de nombre Josephine (Marion Cotillard), ellos deciden ir a vivir a París, y cuando están a punto de partir Edward Bloom, padre de Will regresa.

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