| Cine para niños malditos |
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| por Juanito Moreno | |||||||||||||
| 04 / 2004 | |||||||||||||
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Antoine: Je suis né pour elle, Je ne comprendre pas la vie, sans la coiffeuse. Le Mari de la Coiffeuse, Dir. Patrice Leconte.( 1991)
Caso contrario en Luna de Papel, (Paper Moon, pa' que vean que el inglés no es mi fuerte) donde Tatum O'Neal si fue premiada por la influencia de su padre, dando el ejemplo para que: Muchos años después frente a la alfombra roja de un conocido teatro de Los Angeles, Sofía Cóppola hubiera de recordar aquella tarde remota en que su padre la llevaba a conocer las cámaras de cine. Si suena macondiano, es culpa de la maquina maldita... Siguiendo en este valle de lágrimas, Clint Eastwood alega con un sugestivo título para que no nos salgamos jamás de la óptica infantil de "Un Mundo Perfecto" donde un niño termina siendo el mejor amigo de un peligroso delincuente. Guión chaqueto y comercial sin duda. Stanley Kubrick haciendo valer más el niño que los actores, opaca a Jack Nicholson con la genial actuación entre escéptica y paranoide de un Danny Lloyd queriendo salir de un jardín-laberinto a media noche y perseguido por el hacha implacable de su papito, en "El Resplandor, 1980". Otro papá chistoso fue Mr. Kramer, protagonizado por Dustin Hoffman tratando de enseñarle a cocinar a su hijo Justin Henry, temporalmente huérfano por la mala del paseo Meryl Streep en «El sonado caso de los Kramer Vs Kramer, 1979 », toda una obra de antología del derecho procesal civil para abogados ochenteros que pensaban que el divorcio podía ser parte de una utópica panacea para sobrevivir. Llorar en las películas de niños es muy común; no se agüiten. Pa' la muestra les dejo a Bambi... Y si quieren algo de hiperviolencia y perversión, lo más sano es recordar al Rey León, donde el tío Skar mata a su hermano, el papá de Simba para quedarse con el poder. Que analogías con las de la política actual, ¿verdá? El Shakespeare se quedó corto! Para sacarnos esa espinita hollywoodense, no hubo mejor epígrafe en este artículo que las maravillosas palabras de Henry Hocking el niño danzarín en oníricas sinfonías árabes de tan solo 12 añitos (según guión), que crece enamorándose tooooda la vida de su peluquera. Y cuando es adulto, ya entrado en medias canas (1) por fín le propone matrimonio. Ella, Ana Galienna (En Jamón-Jamón, 1992 fue la cachonda mamá de Silvia), como alma que lleva el viento le responde al siguiente segundo, y sin dudarlo: Cámara!! Esto demuestra que la fantasía y la persistencia de los niños, es un modelo inmanente de los sueños en busca de esa continua y evasiva realidad inexistente. En "El Globo Blanco", del iraní Jafar Panahi, 1995, una niña y su hermanito pierden un objeto muy significativo en una alcantarilla y durante toda la película tratan de preservar sus intereses ante los problemas de los adultos. Ella sueña con un globo blanco y para lograr su objetivo, necesitan recuperar lo perdido realizando todo tipo de tretas de gran imaginación infantil. Casi igual sucede con los once minutos nueve segundos que le corresponden a una directora muy joven iraní de solo 21 años, Samira Makhmalbaf, en la cinta colectiva de grandes cineastas «11 de septiembre.» Samira en su corto, Dios, construcción y destrucción, muestra unos niños que apenas leen cuyo problema mayor es la caída de un líder de su comunidad en un pozo y una profesora que trata de enseñarles la trascendencia de la identidad nacional respecto a un mundo que nunca conocerán. Hay que acordarse de esos parvulillos llevando su propio bloque de barro para sentarse a hacer sus deberes escolares en una suerte de cuevas de arena mal iluminadas. Goooool de Samira al imperialismo monopolista de las grandes distribuidoras. Samira 1 – Imperialismo 0. Si vamos a hablar de niños y no de políticas prostituídas, citemos a "El Señor de las Moscas", 1990; original de William Golding como la más realista de las películas, en la que se muestra el modelo social caníbal de depredación entre humanos. No hay duda, los niños son los más crueles cuando se trata de conservar sus instintos más primitivos. Y alguien que está muy cerca de una visión objetiva de la situación de crecer y odiar a los adultos es el gran maestro Oskar Matzerath, el niño del Tambor de Hojalata (Die Blechtrommell, 1977) que a los tres años decide no crecer más. Del Nóbel Gunther Grass y una novela clásica del siglo XX y su períodos de entreguerra, Oskar, David Bennet; es el arquetipo del no me chinguen que soy niño! Y el director Volker Schlöndorff, (El ogro, 1996; Palmetto 1998) hace maravillas jocosas con la crudeza del personaje que se debate entre las faldas de su madre y las connotaciones sexuales de su tío Jan Brodsky quien se la pasa follándose a la mamá del pobre Oskar, magistralmente interpretada por la sin par belleza de Angela Winkler. Los mejores vómitos del cine, los tiene ésta actriz. Que manera de causar náusea y al mismo tiempo la solidaridad del espectador. Sinceramente maravillosa en su manera de arquear el diafragma.!! En "Fractura del Miocardio, 1990", el Galo Jacques Fansten, evidencia la volición infantil y el trabajo en grupo. La madre de Martín ha muerto de amor y los niños creen que se le ha partido el corazón, por tanto; la causa del deceso es una fractura miocárdica. Para que el niño pueda seguir con su vida normal, sus compañeros de escuela deciden esconder el cuerpo por varios días. La trama resulta interesante en virtud de la «burlación» a la autoridad. El británico Bud Cort, habría de tener la misma edad que el nostálgico Dr. adolescente Dougie Howser, (Lapsus brutus, pero sé que a ese sí lo identifican fácil) cuando se enamoró de una ancianita en un cementerio, al mejor estilo de ligues en «Harold y Maude, 1971». A Harold nunca le gustaron las cosas lógicas de la vida y a la ancianita menos, así que tienen una bizarra y compacta amistad que funciona mejor que cualquier modelo de pareja estable. Y si a relaciones arraigadas vamos, ahora es menester recordar al genial Ludovico Fabre en "Ma Vie en Rose". Lo interesante es que hay muchos films que se hacen para indicar que los niños tienen su propia fuerza de voluntad y los genes que les dio la naturaleza son irreversibles, como en el caso similar de aquel niño Billy no se qué Elliot que soñaba ser bailarín pero que sus padres no querían. Mayores informes con Pedro Almodóvar en «La Mala Vida, 2004», donde al pobre Gael García le toca cargar el paquete legado por una niña inconforme con su sexo, unos abriles después.
Por último y pa' no hacerla de clamor, hablaremos de los niños que crecen. En efecto, niños que son niños en los primeros minutos de la película y crecen impresionantemente durante la misma. (NO, no es Big, con Tom Hanks). Quien no recuerda, la cara de ese niño Vito Antolini, cuando vió matar a su madre y luego se convirtió en un severo Robert De Niro, en el Padrino II. Y que decir de las violaciones masivas de Sleepers traducida como "Los Hijos de la Calle" y la vulgar copia del reciente Río Místico, las dos con Kevin Bacon.
En la didáctica y crítica «La Lengua de las Mariposas» de José Luis Cuerda 1999, un tímido y plagado de miedos niño español "moncho" que vive períodos Franquistas, crece de manera retrógrada en su conocimiento, cambiando su ideología para salvar su vida y lanzándole piedras a su ya octogenario maestro Fernando Fernán Gómez. Y mas genial: Otto y Anna, crecen hasta atravesar como amantes por separado "El circulo polar" en uno de los guiones más interesantes del cine ibero de los 90's en cuanto a manejo del tiempo y la cursilería hecha séptimo arte.
Hay niños chingones. El maestro, por mucho, Larry Clark, cita a gente seria como "Casper" muriéndose de borrachera en un baño en la película de «Kids, 1996» y pasándole SIDA a la gente con quien convive. En «Érase una Vez en América, 1984» un clásico de Sergio Leone, la escena que marca el Plot point de la película es el asesinato en plena calle de un carismático niño que estaba destinado a ser un rey del hampa neoyorkina en los periodos de recesión del contrabando gangsteril de los años 30. El cuadro es tan impactante, que el póster que pasa a la historia de la campaña publicitaria de esa película muestra exactamente, esa parte del - ñlzqx&%jhf90u&%$; palabrita de la jerga popular para evitar decirle por su nombre al Story Board; chále que mal término-.
Y con esta me despido. Con la niña de "Somos Guerreros", la película NeoZelandesa de Lee Tamahori, 1994; que se ahorca solo porque el Tío Jake la viola. Que intolerancia me cae... y qué inmadurez! Y con Nathalie Portmann, dulce dama de los sueños de Luc Besson y el norafricano Jean Reno en «El perfecto Asesino, 1990»... no pueden negar que la niña crece durante la película.
Se Acuerdan de «La Tusita» en una mexican movie?... pues ella tenía, a lo más, seis años y un día le pegó un tiro a un caporal que dizque le caía mal. Cuando llegó el padre le preguntó, que porqué había hecho eso niña, que eso no se hacía, que no se le disparaba a nadie por más mal que le cayera a uno... y ella le dijo:
-Bueno, pos si ya me conoces...pa'que me dejas sola!!! (Maria Eugenia Llamas en Los 3 Huastecos, 1948)
De PD: A excepción de Nathalie Portmann, Balthazar Getty y Brad Renfro, los demás papeles que han hecho el 90 % de los niños antes de los 15 años, terminan enviándolos al psicoanalista por que no se vuelve a saber de ellos. La galardonada Ana Paquin, hizo un par de películas más y son contados con los dedos de los pies, los que sobreviven a este trauma de hacer papeles de niños patéticos para engordar las arcas de unos cuantos. Miles de disculpas presento a todos los niños que por extensión o por omisión voluntaria no salieron en estos renglones, al soprano niño guaraní, interpretado por Bercelio Moya, sobreviviente a las muertes de R. De Niro y J. Irons en "La Misión" de Roland Joffe, 1986, al cincoañero que su madre manda a auto-matarse por desobedecerla en la película «Sueños», 1991, de Akira Kurosawa en el Segmento «Llueve y Brilla el sol»; a los recaudadores hollywoodenses que hacen cadenas de favores con sexto sentido y los que dan su primer Beso, como pobres angelitos, para que no digan que soy gacho y el resto de malditos chamacos que los guionistas utilizan para reconocernos a nosotros mismos en el espejo imaginario de los adultos.
Y pd. Dos. No es un conflicto de género, pero creo que están muy inclinados los guiones en la balanza perceptiva en que los dramas incluyen más niños que niñas para hacer este tipo de cintas. Por ejemplo, dicen que Shelley Winters, «Lolita», de Stanley Kubrick 1962, ya estaba muy recorridilla para salir dentro de las niñas que crecen. A poco no... la opinión es de ustedes, porque a mí, casi no me gusta el cine. (1) Este papel que evidencia el desasosiego masculino por el amor extenuante hacia una dama, fue inmortalizado por Jean Rochefort, quien además de actuar en 128 películas desde 1956, fue aquel legendario marqués de Bellegarde, en «Ridicule», 1996, dirigido por Patrice Leconte.
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