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Recuerdos de un cuarto de baño Imprimir E-Mail
por Papi Sucio   
04 / 2004

Masturbation saved my life
I was nervous as a child
You were someone out of my hands
Couldn't understand or have

Therapy? / Femtex

Tenía nueve años cuando empecé mi carrera como onanista profesional. La infancia en ocasiones dista mucho de ser aquel paraíso de felicidad permanente, en mi caso era un niño angustiado, lleno de dudas y complejos. Algo que me deprimía terriblemente era mirarme desnudo cuando terminaba de bañarme. Solía sentarme en el escusado mientras me secaba el cuerpo, y entonces me venía esa extraña sensación de tristeza y desconsuelo. De manera natural comenzaba a acariciarme mi pequeña verga, sin pelos todavía y del tamaño de mi dedo meñique, había encontrado en esa acción cierto alivio y era algo que solía hacer cada vez que terminaba un baño. La acariciaba hasta que se ponía tan rígida y colorada que resultaba doloroso, entonces me detenía y comenzaba a vestirme.

Recuerdo alguna platica sobre masturbación, sobre el aparato reproductor masculino y femenino, pero en ese entonces toda esa información parecía ser ajena a mi ser, era el equivalente a saber que había un lugar llamado Suecia, pero eran sólo palabras, nunca sabrías lo que es Suecia hasta estar paseando en Estocolmo.

Una de esas tardes en las que me encontraba particularmente deprimido, estaba haciendo lo mío en el baño, los dedos de la mano derecha acariciando mi verguita; miraba la cabeza ponerse colorada y húmeda como otras veces, sólo que esta ocasión comencé a sentir algo más que sólo consuelo, mi cuerpo entero respondió y pude sentir la electricidad viajando por mis nervios. Estaba asustado pero no podía detenerme, las sensaciones eran cada vez más intensas y me sentía como en uno de esos sueños en los que te sientes caer a un abismo y necesitas despertar, pero esta vez no podía detenerme e iba directo a estrellarme a dónde quiera que fuese. Algo dentro de mí pedía ayuda, y la ayuda llegó por arte de magia en aquel cuarto de baño en la forma de una enfermera. Era morena y muy guapa, su uniforme blanco le quedaba pequeño. Se acercó a mi y me preguntó qué sucedía, avergonzado le mostré mi pene y ella se encargó del asunto. Tomó mi verga en su mano y comenzó a acariciarla amorosamente sin perder nunca su actitud profesional. Cerré los ojos y me dejé llevar, estaba teniendo mi primera fantasía sexual consciente. Era lógico, ¿quién sino un medico o una enfermera podría auxiliarme en momentos en que sientes que tu cuerpo te traiciona? Mientras tanto me hundía cada vez más en el abismo, el corazón frenético y la respiración entrecortada, los músculos de las piernas tensos a más no poder, aquella carga inmensa de placer eléctrico sacudiendo mi cuerpo infantil. Y la enfermera de mis sueños no se detuvo.

Podría jurar que había muerto y mi alma se elevaba dejando mi cuerpo adolorido, con las piernas y los dedos de los pies acalambrados. Pero lo que salió disparado no fue mi alma, sino el semen que brotó como un cohete dejándome la cara y el pecho embarrados. No supe en qué momento mi enfermera desapareció, pero le agradezco haberme acompañado durante la parte más difícil.

La mente de un onanista funciona como el motor de un automóvil deportivo, puede llevarte tan lejos y tan rápido como quieras, pero necesita también de combustible y aditivos. Aquella tarde experimente mi primer orgasmo y el inicio de una adicción; de pronto toda la carga de angustia que me había acompañado en la infancia desapareció, pero en su lugar se apoderó una inmensa curiosidad sexual. La enfermera de mis fantasías me había dejado obsesionado y ahora necesitaba saber todo de ella y otras mujeres, reales o inventadas. Lo primero sería averiguar cómo era una niña o mujer desnuda. Aquel fue mi primer reto, y sin saberlo o intuirlo siquiera, a partir de ese día dedicaría buena parte de mi vida a perseguir el recuerdo de mi primer orgasmo, de aquella dulce y devastadora muerte chiquita.

Pd. Se aceptan toda clase de comentarios y correos obscenos, especialmente si eres enfermera.

 

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