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Pasiones victorianas Imprimir E-Mail
por Isidoro Guerson   
06 / 2004

Pétalo Carmesí, flor blanca

Michel Faber
Anagrama. Barcelona, México. 2004.

“Resumiendo, ¿cómo puede uno guardarse contra el mal,
si uno no sabe lo que es el mal?"


Henry Miller, en su declaración para que
no fuera prohibida en Oslo su novela Sexus

El siglo XIX inglés es fascinante en muchos aspectos para todo aquél interesado en la literatura erótica y en libros en donde abundan las palabras malditas. Esta época ha sido objeto de estudios y novelas realmente valiosos. En este sentido se ubica “El erotómano. La vida secreta de Henry Spencer Ashbee”, que sin duda fue leído por Michel Faber para hacer su soberbia novela “Pétalo carmesí, flor blanca”, que acaba de poner a disposición del público de habla hispana la editorial Anagrama.

Ciertamente la traducción de Jaime Zulaika es valiosa por su bien logrado esfuerzo de entregarnos un texto limpio, que se lee con fluidez a pesar de las mil 35 páginas. Sin embargo al lector de esta edición de Anagrama le quiero proponer otro título a The Crimson Petal and White, pues en español la palabra “crimson”, tiene otra acepción que es la de sonrojarse y que lleva directamente a la protagonista: Sugar o por su apodo Sush. La propuesta es Pétalo sonrojado y blanco.

La edad de Sugar aparece como muy importante para describir lo que los puritanos victorianos, en otras palabras algunos hipócritas, llamarían el sórdido mundo de la prostitución; sin embargo, nadie les regatea a las furcias la función social tan importante que cumplen y que Faber describe con maestría en tres líneas, tomando como referencia a Carolina –amiga de Sush- “Bien podría estar muerta, para lo que la sociedad la necesita, más allá de interceptar un chorro de esperma sobrante que de otro modo habría trastornado a un esposa respetable.”

La edad de Sugar es relevante, la novela situada en 1875 apogeo de la época victoriana, porque la propia cuarta de forros parece que juega al juego de ocultarla. Ahí se habla de trece años y Faber escribió en la página 50 “¿Qué edad tiene Sugar? Diecinueve años. ¿Cuántos años ha sido prostituta? Cinco-. Saca la cuenta –dice el narrador, que es un recurso estilístico para hacer altos y tener una lectura más amena y fluida del texto como lo confesó el propio Faber en una entrevista- y el resultado es desolador, sobre todo si se considera que las chicas de aquélla época no solían llegar a la pubertad hasta los quince o dieciséis años. Sí, pero Sugar siempre ha sido precoz, y notable. Incluso cuando acababa de estrenarse en el oficio, destacaba de la sordidez de St. Giles (calle del arrabal londinense en donde vivía y ejercía la prostitución las rameras baratas) como una niña seria y distante en el barullo de las risas soeces y la cordialidad alcohólica”.

Sugar es pues una puta que no sólo ejerce su oficio con maestría y sin dilaciones. Sino que es una whore con suerte; es una mujer de la calle que tiene hábitos de higiene poco comunes, como limpiarse los dientes y hábitos de superación como leer libros y comprarse ropa. Ella sale rápidamente del sórdido barrio y se instala para trabajar en otro más elegante. Es un personaje que no se acaba con el fin de la novela.

William Rackham, tacayo, fracasado, convencido que los criados le roban, pierde el tiempo leyendo pornografía y con las putas, frecuenta la Casa Castaway y ahí sin ambages pide “déme a Sugar, sin excusa ni pretexto”; pero necesita más dinero y su padre, dueño de Perfumerías Rackham sólo le dará más si el muestra interés en los negocios y capacidad a los ojos de su padre para dirigirlos. Su esposa Agnes, ingenua en francés no cuenta.

El vertiginoso viaje que propone Faber no tiene destino ni final previsible. Grosero sería decir que Sugar al convertirse en la amante oficial, disfrazada de institutriz, de William Rackham, director general de Perfumerías Rackham, resuelve su vida. No, desde luego que no. Su vida se transforma desde la página 627 en adelante, cuando Faber la hace escuchar.

“... –Bienvenida a la casa Rackham –proclama el dueño de la misma-.. Espero, mejor dicho confío, en que sea feliz”. Y reflexiona cuando conoció a William, cuando ambos “subieron la escalera de la señora Castaway; se acuerda en especial de la primera vez, cuando William era un desocupado que se hallaba en circunstancias precarias, una desdichada criatura acobardada que mira de soslayo mientras suben la escalera: ¿Es este barbudo caballero la misma persona que aquel George W. Hunt con cara de bebé que, ni siquiera hace una año (la fecha exacta se rebela más adelante: p. 975, 3 de noviembre de 1875), le suplicaba que le permitiera ?”. En esa ocasión ella le dijo: “No hay nada a lo que no me someta... con el máximo placer”. “... No hay tesoro más escaso en el oficio de Sugar que una chica de aspecto virginal que después de someterse a un diluvio de inmundicia, resurge oliendo a rosas, con ojos amistosos como los de un perro spaniel y una sonrisa pura como una ablación. Los clientes vuelven una y otra vez,..., convencidos de que Sugar practica el vicio que les deleita con la misma salacidad que ellos”.

Michel Faber holandés de 44 años ha ganado premios literarios prácticamente desde publicó su primer escrito. En esta novela invirtió más de 20 años para escribirla y junto con “Bajo la piel”, también de su autoría y también publicada con el sello de Anagrama, constituyen dos libros que pueden ser leídos en múltiples idiomas. Del personaje principal de éste, Faber le dijo al diario Vanguardia: –Es una persona castigada por la vida, maltrecha, que intenta dejar atrás su pasado, como una mariposa emergiendo del capullo. Sé que suena sentimental, pero en realidad todos recibimos golpes e intentamos trascender nuestros límites. Sugar es muy autobiográfica para mí, antes de conocer a mi segunda esposa me sentía como ella. Y de su técnica dijo: “–La “voz” narrativa es otra de las tácticas que he utilizado para involucrar al lector. Es como una prostituta –la buena literatura– prometiendo todo tipo de placeres, agarrándote por el brazo. El libro tiene un enorme tamaño, pero te asegura que con él pasarás un buen rato”.

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