| Apocalipsis de Brando |
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| por Jessy Servín | ||||||
| 08 / 2004 | ||||||
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Dice Lemus que la muerte simplifica la vida, que congela el tiempo y que el muerto se vuelve una biografía, un ser lineal, una historia sin movimiento. Pero el 2 de julio de 2004, más que un deceso, existió el flasback de todos los personajes que interpretó un hombre con nombre de inmortal: Marlon Brando Para Brando, la actuación era una consecuencia, misma que fue inspirada por un método, por una vía parecida a la de la vida “la fuerza de una escena depende de la medida en que el actor relacione la circunstancia con sus propias vivencias y funda con él, al personaje”. Desde Marco Antonio, Ferry Malloy pasando por Paul, Vito Corleone y Stanly Kowalsky, Marlon se espejeo. Bud – como le llamaban sus amigos- con sus ojos profundos, concentrados, fuertes; con su estructura corporal pesada, inmaculada por el paso de sicópatas y lleno de glorias o muertes, inspiró a directores y guionistas. Su voz inconfundible, fue ejemplo y profesor de muchos que como él vieron en la actuación un modo de existir.
Hoy, mas que Brando, corren los créditos de un hombre deseoso, salvaje, de mirada dorada, inquisidor, traumático, pasional, humano, padre, poeta, enamorado, loco, un ser incopiable y un personaje que salió del recuadro para vivir fuera de foco y dentro del abismo apocalíptico de su actuación.
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A diferencia de sus éxitos, de los millones de admiradores que cosechó, Marlon Brando, no tuvo la dicha de filmar su propia historia feliz, en lugar de eso, se enfrentó a la amargura de una hija suicida y un hijo asesino, para después refugiarse en la melancolía, para esperar un momento que quizás hasta lo planeo, lo dibujo en el story board de su tiempo. Pero que en el instante de filmarlo, recordó que eso era lo único que no deseaba interpretar. Por lo que se desdobló cautivo en su departamento y se entregó al último momento: la muerte.

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