| Larga vida a la Nueva Carne |
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| por Moon Rider | ||||||
| 03 / 2005 | ||||||
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Estoy convencido que vivimos bajo una esclavitud tecnológica. En las últimas décadas la tecnología e información han rebasado limites que creíamos imposibles, la genética desea crear un nuevo hombre, incluso trastocar la naturaleza entera. La gente común acepta con agrado estos cambios sin pensar demasiado en las repercusiones, ahora necesitamos televisión, Internet, teléfonos celulares y todo lo que sea necesario con un solo propósito: estar conectados. Pero, ¿conectados a qué? Últimamente me ha dado vueltas por la cabeza un texto que escribió Luis Buñuel titulado “Pesimismo” en el cual declara que para él los nuevos jinetes de la Apocalipsis son: la Sobrepoblación, Ciencia, Tecnología e Información. Hay que notar que escribió eso mucho tiempo antes del surgimiento de las computadoras personales, la Internet y los teléfonos móviles. Buñuel dice: “El exceso de información ejerce un importante deterioro en la conciencia de los hombres actuales. Si el Papa muere, si un jefe de Estado es asesinado, la televisión está allí. ¿Para que le sirve al hombre estar presente en todas partes? El hombre de nuestros días jamás se encuentra consigo mismo como sabía hacerlo durante la Edad Media. De todo esto resulta que la angustia es absoluta, y la confusión, total”. Hemos conseguido el milagro, no solo, de estar presentes en dos o más lugares a la vez, sino también el de ser dos o más personas al mismo tiempo. Nombre y apellido nos dan identidad en el mundo real, pero hoy somos capaces de escapar a este limite para ser quienes deseamos en el mundo virtual. Así, es posible que en este nuevo universo un hombre o mujer pueda cambiar de sexo, o ¿por qué no?, tener ambos sexos a la vez. Los obesos pueden tener el cuerpo que siempre desearon y las ancianas pueden jugar a ser colegialas vírgenes nuevamente. Los tímidos se vuelven simpáticos y los débiles, poderosos. ¿Cómo es esto posible? Sólo elige el nickname de tu nueva personalidad y da click.
No sólo es sexo. Cada vez más personas han llevado su vida social al cyberespacio, ahí es posible cubrir necesidades como la amistad o el amor, incluso cuando sólo sea un amor virtual. ¿La esposa estará más tranquila al saber que su marido la engaña con una mujer a quien jamás besara en la realidad o el marido tendrá derecho a reclamarle a su mujer que sea una puta en ese mundo virtual? Algo inquietante ocurre en la red, personas para las que estar conectadas ocupa más tiempo del que pasan con la familia o conversan cara a cara con un amigo, quienes están más satisfechas con orgasmos virtuales que con hacerle el amor a su pareja. Personas que, a fin de cuentas, son más felices conectadas a ésta gran máquina que a su realidad. Prácticamente cualquier sentimiento humano puede ser transmitido a través de esta red tecnológica, lujuria, amor, odio. Tenemos una enorme capacidad para comunicarnos, pero los mensajes no han evolucionado, al contrario quizá, se han vuelto más primitivos. Es como construir una autopista para dónde sólo hay triciclos. En mi experiencia encuentro ciertas salas de chat sumamente deprimentes en dónde la falta de imaginación y el tedio reinan, son lugares sumamente tristes y solitarios en dónde puede haber decenas de personas conectadas las 24 horas del día y en las que ni siquiera es posible llevar acabo un juego de imaginación lúdico con otras personas, pues lo peor de todo es que mucha gente también carga con sus inseguridades, complejos e intolerancia en la virtualidad. Quizá ni siquiera han descubierto las posibilidades. Me gustaría saber qué porcentaje de los millones de seres humanos que se comunican a través de la red lo hacen en busca de conocimiento o una conversación que represente un verdadero intercambio de ideas. ¿Qué tan bueno o malo es renunciar, aunque sea temporalmente, a nuestra identidad para adoptar otra hecha a nuestro antojo. Es sano buscar satisfacer nuestras carencias y necesidades en un espacio que no es físico? No lo sé, creo que la respuesta a estas preguntas sólo se puede dar de manera individual, después de todo, quien escribe este articulo es también un personaje virtual, y quizá la pregunta correcta sería: ¿Cómo imaginas tu vida si la Internet no existiera? Algo me queda claro, a partir del surgimiento de las computadoras personales hemos agregado una variable más al futuro de la evolución humana. Quizá dentro de millones de años nuestra retina este diseñada para vivir en un mundo virtual, o como David Cronenberg plantea, algún tumor en nuestro cerebro, a causa de observar las imágenes de Videodrome, evolucionará en un nuevo órgano que nos permitirá estar conectados permanentemente a una nueva realidad. Larga vida a la nueva carne.
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En la inquietante película de 1983, Videodrome, el director David Cronenberg plantea la posibilidad de que ciertas imágenes vistas a través de un televisor pueden alterar profundamente la psique humana al grado de no poder diferenciar la realidad de la fantasía, o bien, comunicarnos a través de la pantalla con otras mentes que habitan fuera del mundo físico.

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