| Entrevista a Mariano Llinás |
|
|
| por Marina Porcelli | ||||||
| 06 / 2005 | ||||||
|
A los 26 años, estrenó Balnearios, un documental proyectado en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), en el 2002. Hoy, MARIANO LLINÁS es uno de los exponentes del llamado cine independiente argentino. “El cine independiente argentino ha empezado a existir, de un modo real y permanente, no como una especie de irrupción efímera.”
Balnearios es una especie de documental recorrido por la sorpresa y la rareza de las costumbres cotidianas de los veraneantes. Creo que lo que a mí me pasa, comienza entonces a responder LLinás, es que me gusta filmar a la manera documental, y, sin embargo, me gusta hacer películas de ficción. La realidad está tratada como si fuera fantasía y la fantasía está tratada de igual a igual con la realidad. - ¿Qué documentales influyeron más sobre vos? -Como a todo el mundo, el comienzo de Tire Dié, con sus estadísticas, me pareció buenísimo. Ciertas cosas de La hora de los hornos, con su violencia visual, aunque lo que yo hice después no tiene nada que ver con eso. Lo cierto es que soy un escaso espectador de documentales, si bien le tengo mucho respeto al documental como género. Me gusta mucho Morir en Madrid. Me parece el mejor documental que haya visto. - Es significativa la relación que establece la imagen con la palabra en tus películas. Se articulan de un modo recíproco. -Es así, no es inconsciente. Me siento amigo de las palabras, y me interesa probar hasta dónde puede llegar esta relación sin pasarse a un lado negativo, digamos; me interesa incorporarlas al relato cinematográfico y que sean ese relato, sin que las imágenes anden boyando por ahí. -¿Cuáles son tus pautas a la hora de filmar? -Hasta ahora, nunca he trabajado con guión fijo. Me cuesta mucho poner en escena algo pensado y diagramado, y esto es un defecto en lo que hago. Tiendo infinitamente más a encontrar las cosas que hay, a tener, más o menos, una especie de idea general y que la escena se vaya haciendo sola. El otro modo me ahoga un poco. No me siento libre si lo hago así, la sangre me circula de otra manera. -¿Cuándo sabés que una película está terminada? -La película termina cuando le doy la copia al del BAFICI (Buenos Aires- Festival Internacional de cine independiente.) En ese momento pienso “ya está, ahora la película no me pertenece”. Siempre es igual, me la paso sufriendo mientras voy cerrando las cosas, y después no la veo más. Nunca veo una película terminada, no puedo hacerlo porque me parece malísima. - Luego de tres años, ¿qué te genera hoy Balnearios? - Y… (se ríe antes de contestar), es como una tía. Ya trabajé en El amor (primera parte), ya hice los cortos mudos, estoy trabajando ahora en un largo, Historias extraordinarias. Que llamen a Balnearios es como si yo tuviese un burdel en el cual hay una especie de vieja matrona, que ya está más allá del bien y del mal, y que todo el mundo respeta y quiere. A esta altura la vivo como muy trajinada y muy querida. -Trazame un panorama, por favor, de lo que se llama “cine independiente argentino”. -Yo creo que desde hace diez años, el cine argentino está atravesando uno de los cambios más fuertes que ha tenido su historia. Verdaderamente, me da la sensación de que está pasando algo que es único y primero en nuestro cine. Ha empezado a existir, de un modo real y permanente, no como una especie de irrupción efímera. El cine independiente nace con la proliferación de las escuelas de cine, fundamentalmente la FUC, y, a la vez, con la renovación de la nueva crítica. En el ‘97 surge la primera película de este cine nuevo, Pizza, birra y faso. Cuando la vimos, todos sentimos que eso era lo que estábamos esperando. Hasta que el nuevo cine alcanza su consolidación definitiva con Mundo grúa. Y Mundo grúa es una película divertida y más accesible, como es el cine bueno de verdad. Da comienzo a una renovación total. - ¿Qué trae de nuevo esta movida, qué los diferencia? -Principalmente, la destrucción del mito de “lo que no se debe hacer en cine”. Por primera vez surge una intención seria de llevarse por delante ciertos esquemas muy perjudiciales para, incluso, el arte en general. Esa es la intención, y lo que cada uno encuentra después son cosas distintas. Allí donde la industria permanentemente despreciaba los esquemas de producción no-tradicionales y los actores no-profesionales, Mundo Grúa se impone, con mucha menos plata. Por eso, creo que hay un sentido muy valioso en la palabra “independiente”. La otra mirada Se trata de filmar y de proponer, además, una nueva “lectura” del cine argentino. MARIANO LLINÁS, luego de reflexionar sobre qué cineastas olvidados reivindicaría y cuál, de los más consagrados, le parece sobrevalorado, contesta con contundencia y sin apuro. “Salvo algunas películas muy excepcionales, en términos absolutos, me refiero, el cine argentino es de un nivel muy pobre. Si caes en la cuenta que en una época ya estaban filmando Hitchcock y Jean Renoir, en Francia, o Ford, en Estados Unidos, y acá se estaba haciendo “Elvira Fernández vendedora de tienda”, el resultado final es muy bajo. Creo que la mejor película argentina es “Invasión”, de Hugo Santiago, estrenada en 1969. Tiene sus fallas, puede ser un poco dura, e incluso tener ciertos rasgos manieristas, pero siempre sentí que ahí había algo nuevo, inédito. Y creo que el gran personaje sobrevalorado es Leonardo Favio. Es un cineasta que tiene momentos excelentes, por supuesto, pero la pasión exagerada por Favio enlaza una concepción del cine que me resulta peligrosa. En el otro terreno, simétrico, el gran olvidado es Torre Nilson. Que también tiene sus fallas, pero hay zonas donde me parece inteligente y eficaz. Creo que se le perdona demasiado a Favio y se lo ignora demasiado a Nilson”.
Marcar como favorito (22) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1909
|
||||||
| < Anterior | Siguiente > |
|---|



Contesta de un tirón, casi sin pausas, y un momento después desvía la mirada para resumir la respuesta como si la hubiera pasado en limpio. Cierta intensidad, cierta soltura con las palabras, y un sentido del humor cortante e inesperado, enmarcan a Mariano Llinás, que nació en Buenos Aires en 1975, y egresó de la FUC (Universidad del Cine), donde actualmente se desempeña como docente. Dirigió Balnearios y La niña más bella (2004), películas que, como El amor (primera parte) (2004) –en la que ofició de productor-, fueron exhibidas en el MALBA durante más de cuatro meses cada una, a sala llena. 

Sea el primero en comentar el artículo

