| Amigo Darth |
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| por Miquel Silvestre | ||||||
| 06 / 2005 | ||||||
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Internet ha supuesto una revolución, estamos obligados a aceptarlo hasta los más reacios a la dictadura de la tecnología. Sí, es cierto, tienes razón en que un ordenador nunca podrá sustituir una auténtica puesta de sol sobre el Atlántico, el aromático roce de una copa de cristal alemán acunando un milagroso Torre Muga, el lomo peludo de tu perro, o los ojos profundos y mágicos de una mujer enamorada. De acuerdo, pero la red de redes, como dicen los snobs, nos ha acercado a los demás hasta tener por normal cualquier promiscua relación con desconocidos. Nos ha metido al prójimo en nuestro cuarto, sobre nuestra mesa de trabajo, asomándose a nuestro reino, travieso como un brillo eléctrico en la pantalla. Metidos en nuestras celdillas del panal social, establecemos contactos de confianza y sinceridad con el resto del universo, y así nos hermanamos en una danza multitudinaria, y ello sin tener siquiera que ponernos nada encima que disimule la suciedad de nuestros calzoncillos o los agujeros de los calcetines. Como ejemplo de lo que afirmo, he rescatado una comunicación epistolar en un foro de Internet que mantuve con un anónimo corresponsal llamado Darth. El pobre era buen chaval, pero no se sentía en absoluto capacitado para conquistar a una chica. No hacia más que marear la perdiz. Siendo encantador, atento y generoso solo había conseguido que ella le considerase lo peor para un enamorado: un buen amigo. Me sentí conmovido por tamaña ingenuidad y desesperación, así que decidí salir de mi cómoda oscuridad y ayudar con mi sabiduría a aquel ser sufriente y anónimo. Esta es una muestra mínima de mis lecciones:
Vaya, Darth, y no me lo tomes a mal, ya entiendo lo que querías decir cuando hablabas de portarte como un caballero. No lo puedes evitar. Eso esta bien, muy bien. Para ser como un hermano. Te diré lo que hago yo, sé natural. Eufemismo que encubre una galaxia de eructos, regüeldos, salivazos, rascadas genitales violentas y meadas sonoras (ojo, sin levantar el arete de plástico, esto es fundamental. Fundamental). Asimismo, tienes que mostrarte autosuficiente. Otro eufemismo, pero esta vez de egoísta. Olvida las horas de las citas. No, mejor aun, olvida las citas. Nunca pases a casa de sus padres, no la vayas a buscar, no la devuelvas, que se busque un taxi, como todo el mundo. Si no te quedan ms cojones que llevarla de vuelta, no se te ocurra esperar en el portal a que coja el ascensor. Estaría media hora saludando con la manita antes de meterse. Ten tu propia vida y aficiones. Realízate. Nuevo eufemismo, que quiere decir que tú a la tuya, como antes de conocerla. De copas con los amigotes de siempre, las mismas amigas (no seas celosa, mujer, es solo una amiga), bueno, incluso seria mejor conservar solo las amigas 90-60-90, de las otras te puedes librar con la excusa de que tienes novia. Eso sí, cuando llegues ebrio y sin un duro a las siete de la mañana, que te abra, y que te mime. O mejor, que te preste mil duros y así puedes seguir la jarana en algún after. Sabes que lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, amor. Bueno, Darth, otro día seguiré, que mi mujer me reclama, tengo que limpiar el baño. Suerte, muchachote. Ahora que he acabado con la colada, que he sacado brillo a todos y cada uno de los muebles y electrodomésticos tan bien elegidos por mi sensible costilla, y cuyas letras seguirán pagando mis descendientes, ahora que he jugado las tres horas reglamentarias con mis vástagos, para conjurar el complejo de culpa de padre moderno, ocupado y egoísta. Ahora, amigo, puedo seguir adoctrinándote. Tú sabes de mecánica y de coches, y ella no. Así de simple. Aunque ella sea ingeniero, no sabe. Así que tienes que conducir su coche, y ya sabes cómo. Sí, así, con brío, con energía. Eso es, mete la segunda a capón y písale. ¡Písale, coño! Ahora sí que anda este cacharro. Apura la marcha, hasta que ese motorcillo afeminado pida clemencia. Cuando parezca que algo va estallar, entonces, y sólo entonces, mete tercera. Y ahora písale más. Eso, qué piten, que el semáforo estaba en ámbar, que lo has visto. Cuidado con la vieja. Frena con ganas, que chillen las gomas dejando tu rubrica negra en el asfalto. Llegado este momento, seguramente ella hará algún comentario ligeramente recriminatorio. Tú ya sabes. Alguna de esas puntadas inocentes, pero que pican como un pellizco. Entonces tú paras, té bajas muy digno, y le dices que conduzca ella. Es aquí, mi querido amigo, cuando empieza lo más difícil. Tienes que apostrofar, glosar y apostillar cada uno de sus movimientos y maniobras. "A la derecha", "mete tercera", "No, no pongas el intermitente, que eso son mariconadas", "para", "arranca", "Le vas a dar, le vas a dar", "le diste, ya te lo decía yo". Es agotador, lo sé. Pero nadie dijo que esto fuera fácil. Tu tienes que seguir y hacer caso omiso de su mala cara primero, de sus quejas, después, y de sus gritos coléricos, por ultimo. Al final te dirá que lo lleves tu. Y entonces ya sabes cómo, con energía, como un tío, a lo bruto. A disfrutar conduciendo. Bueno, Darth, te dejo, tengo que ir al hiper a comprar, otro día sigo. Mañana quizás no pueda, es domingo, me tendré que poner el chándal e ir a lavar el coche. El bueno, el de ella. Un saludo. Gracias, Darth, pero no te engañes, no es facilidad de palabra lo que esperan las mujeres. En cuanto a qué es lo que en realidad quieren, no lo tengo muy claro. Es mas, admito sin rubor que eso es para mí un arcano ignoto. Vamos, que no tengo ni puta idea. Si tuviera que fiarme por sus palabras, te podría decir que buscan hombres sensibles, inteligentes, con profundos ojos tristes. Pero si tengo que fiarme por lo que hacen, no daría mucha credibilidad a lo que dicen. Ya sabes, amigo Darth, que las mujeres dicen lo que sienten, que no suele ser lo que piensan, y nosotros solo decimos lo que pensamos (mira que somos asquerosamente rectilíneos), y muchas veces no sabemos ni lo que sentimos, que para eso están ellas, para decírnoslo, y también para buscarle una alambicada explicación psicológica hasta al más mínimo de nuestros gestos. Verbigracia: se pueden quedar mirando como abres tu cuarta cerveza, y decirte que notan como estas dejando de quererlas. Y no seas tonto, no te quedes mirando la lata buscando en ella la respuesta a su deducción. Milagro, Darth, llamo yo a ese sexto sentido femenino. Por otro lado, amigo, mi fin de semana ha sido bastante tranquilo. Ya sabes que había partido de la selección. Pues bien, después de ir a ver escaparates, porque estamos al comienzo de la temporada, y hay que ir fichando trapos para las rebajas, después de participar silencioso y silenciado en una divertidísima reunión de cañas sin alcohol y pitillos light con las amigas de mi santa, donde se han dedicado a despellejar uno por uno a esos cerdos que cohabitan con ellas, sin merecerlas, después de escuchar una noche y otra que tiene jaqueca, o que, simplemente, no le apetece echar un polvo (esto es cojonudo. Prueba tú a decirle que no te apetece yacer con ella un día que se te ponga insinuante y vampiresa. Veras, y sufrirás, un cataclismo de dimensiones cósmicas), después de todo eso, amigo Darth, pude ver el primer tiempo. La segunda parte me la tuvieron que contar los amigos. Mi parienta quería ver Salsa Rosa. Alégrate Darth, con un poco de suerte un día dejamos de serles necesarios para la procreación. Nos veremos entonces en el bar. Yo soy el de la barriga y el botellín.
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