| Dahmane, la lente perversa |
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| por Papi Sucio | ||||||||
| 10 / 2005 | ||||||||
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Mucho se debate sobre la diferencia entre erotismo y pornografia, la gran mayoría fija sus posturas en cuestión de la estética que pueda tener cierta obra. Sin embargo, ¿quién es capaz de decir qué cosa es estética y cuál no lo es? ¿el buen gusto? ¿una buena educación visual? Personalmente afirmo que la pornografía es simplemente una variante erótica, pues tiene una finalidad erótica que puede o no cumplirse para ciertos individuos, pero definitivamente la pornografía siempre contendrá erotismo por más bizarro, de mal gusto, o poco cuidada que sea una imagen. El erotismo es todo aquello que hace que te mojes, decía un amigo, y me parece que con toda razón.
Es curioso, sin embargo, que mucha de la pornografía actual carezca de una buena dosis de perversión, y no me refiero a fotografias o videos mostrando actos de "perversiones sexuales", sino a esos pequeños detalles, lo ambiguo de una imagen, lo oculto, lo que es una trasgresión directa a nuestra mirada y que es capaz de alterarnos emocionalmente. Aquello que no siempre es el objeto fotografiado en sí mismo. Se trata de un juego, de aprender a leer entre lineas lo que un autor, o en este caso, un fotografo quiere decirnos.
Aquellos que aman la pornografía, saben bien que las modelos porno tienen implícita una etiqueta, "fuck me hard, fuck me good". Demasiado perfectas en ocasiones, se muestran siempre dispuestas, abiertas, baratas. Ese es su trabajo como objeto sexual. Podemos mirar sus expresiones exageradas y gozosas al ser penetradas o su sonrisa ensayada mientras se les eyacula en la cara. Las modelos de Dahmane, por el contrario, no tienen nada que ver con la típica porno girl. Son mujeres, que si bien se dejan retratar por la lente, parecería por mera casualidad, como una interrupción a sus actividades comunes de todos los días. Las mujeres de Dahmane no son entonces porno girls pero tampoco son cover girls. Las imágenes penetran en nuestra ojo con la fuerza de una violación. Sus mujeres se muestran en poses obscenas y desvergonzadas sin perder la sofisticación de las modelos de pasarela. Cabe decir que las mujeres fotografiadas no suelen ser modelos profesionales, sino que posan por amor a Dahmane, pues en su mayoría han sido compañeras sentimentales del fotógrafo, lo que añade una carga extra de perversidad a las imágenes. El amante que ofrece su mujer a un extraño, a todos nosotros.
¿Una secretaria chupándo al jefe en su oficina? Una fantasía por demás común, utilizada en cientos de imágenes porno. Pero la versión de Dahmane nos estremece, quizá por la naturalidad de la "secretaria", la misma que usaría para un dictado. O quizá sea el vestuario y la ambientación utilizada. Nos hace pensar que esa mujer puede pasar de atender una llamada telefónica a realizar el sexo oral sin inmutarse, sin sorprenderse, sin embargo hay que apreciar la posición de sus piernas, la excitación tremenda que delatan sus tobillos.
En ocasiones nos cuesta un par de segundos comprender las escenas. Hay algo que esta "mal" en la fotografía, algo que no encaja del todo. Una mujer que desliza un dildo en su ano y sonríe a la cámara con la misma expresión con la que posaría para un retrato familiar. El hombre posa orgulloso, su mirada fija en nosotros, de pronto tenemos una idea inquietante y no podemos contener una risa, pues parecería ser que "realmente" nos están mirando, y no son ellos, sino nosotros quienes hemos sido sorprendidos con las manos en la masa. Ellos se sonríen mirando nuestra confusión. Quizá, después de todo, sí se trate de un retrato familiar. Para el filosofo francés George Bataille todo acto erótico es una trasgresión. Dahmane parece basarse en esta regla para sus imágenes, especialmente para el libro "Porn Art" el cuál es una obra maestra dedicada casi por completo al sexo y la masturbación anal.
La mayor parte del tráfico en Internet es utilizada por material pornográfico. Nos guste o no, la pornografía forma ya parte de nuestra vida cotidiana en la red. Ha abierto puertas que para algunos eran desconocidas, deseos que no sospechabamos, nuestras perversiónes han dejado de ser individuales para convertirse en fantasias colectivas. Ahora sabemos que no somos los únicos que tienen "ese" deseo que no nos atreviamos a contar. Por otra parte la repetición constante de material porno nos ha desensibilizado, la publicidad se ha tornado más agresiva, pues saben que los cybernautas ahora necesitán más que una mujer de buenas formas para conseguir el número de tu tarjeta de credito. De este modo la evolución porno continuará intentando satisfacer nuestras fantasias en imágenes.
Me despido de ustedes, pues siento la necesidad de concentrarme en una de estás fotografías -por meros fines didácticos, claro-, no sin antes invitarlos a que dejen sus comentarios o envíen un email a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , especialmente si eres una chica ávida de contemplar mi colección fotográfica privada.
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