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Andrés Calamaro, creatividad que fluye Imprimir E-Mail
por Paul Medrano   
10 / 2005

ImageLa historia evolutiva de lo que hoy conocemos como rock, ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación al continente Americano. Ni montañas, llanos, junglas, bosques o desiertos, han detenido su llegada a los hombres que pueblan estas polifacéticas tierras.

El rock ha logrado fusionarse de manera homogénea con el idioma español, sin importar regionalismos, conflictos, crisis económicas, dictaduras o devaluaciones.

Una de las tierras más fértiles para esta manifestación artística es Argentina, lugar que ha dado al mundo una numerosa camada de disímiles propuestas, la cuales, no sólo han fortalecido al rock latinoamericano, sino que le han otorgado un peldaño dentro de la historia musical del tercer planeta.

Roqueros argentinos existen muchos, como también los seguidores de éstos. Pero uno de sus hijos pródigos es, indudablemente, Andrés Calamaro.

Andrés vino a este mundo un 22 de agosto de 1961 en Buenos Aires. La inquietud encadenada durante su niñez, fue canalizada hacia un oficio que hasta la fecha, Calamaro sigue profesando fielmente: la música.

Tecladista, cantante y compositor, Andrés no tardó en conseguir una banda, Raíces, con la que grabó su primer disco cuando apenas tenía 17 años: B.O.V. Dombe .

En 1979 se presenta en obras como telonero de Sen Giran. Dos años después conoce a Miguel Peralta (Miguel Abuelo) y se incorpora al grupo Los Abuelos de la Nada. En esta banda se gana un lugar de admiración con temas como Mil horas, Costumbres argentinas o Sin Gamulán.

Al año siguiente Calamaro empieza a tejer su carrera como solista. Su primer disco fue Hotel Calamaro. Los sencillos: Fabio Zerpa tiene razón y Otro amor en Avellaneda, hoy son clásicos. Pero según comentó Andrés: “Hotel Calamaro fue muy maltratado por la prensa, todos maravillados por el disco de Fito Páez no se dieron cuenta de lo bueno que era el mío. Para colmo, la compañía cerró a los seis meses y no tuve la oportunidad de ser célebre”.

Luego de renunciar definitivamente a Los Abuelos de la Nada, se rodeó de un puñado de músicos: Richard Coleman, Fernando Salamea, Gringui Herrera y el propio Luis Alberto Spinetta con quienes grabó en 1985 su segundo disco: Vida cruel.

Flashback para escuchar la voz de Andrés: “ Vida cruel es un poco melancólico, pero lo levanta la fuerza que tiene atrás. Gran parte del sonido se lo debo a Samalea y Coleman, ya que juntos diseñamos la mayoría de las canciones... conocí a Fernando en los camerinos del Teatro Ópera, justo después de tocar con Los Abuelos, pocas semanas después empezamos a grabar demos en casa. Ya el primer día los temas sonaban bien, después los estropeamos artesanalmente. Con el correr de las sesiones muchos músicos se acercaron al estudio y casi siempre terminábamos todos juntos grabando algo, la sesión más escandalosa fue la de Acto simple que duró cerca de 17 horas y media, en la que Participamos Ariel Rot, Charly (García), Cano, Richard, Fernando (Samalea), Stuka, Gringui, Melingo (al que encontramos de taxi a taxi a las cuatro de la mañana en Urquiza) y yo... Aquellos eran años dorados del rock pobre y todo lo que grabábamos quedó en eso, cuando interrumpimos los siguientes ensayos lo hacíamos en el Bauen y una tarde de lluvia decidí ahogarme en el gran vaso de agua Argentino. Con este disco pasó lo mismo que con Hotel Calamaro, a los seis meses la compañía discográfica cerró, y aunque empecé a ser figura del culto para los periodistas, se fue mi segunda oportunidad de ser célebre o rico”.

Luego vino un paréntesis de tres años, en el que participó en varios proyectos, dejando huella en producciones imprescindibles como Vasos vacíos, de Los Fabulosos Cadillacs. En este tiempo también comienza su carrera de productor trabajando con Don Cornelio y la zona, Los Enanitos Verdes y Man Ray.

En 1988 aparece Por mirarte, con el cual surgen temas como Loco por ti, Cartas sin marcar o Por mirarte. Con este plato, Calamaro llega a ser, como él mismo lo dijo, célebre o rico.

En 1989 edita Nadie sale vivo de aquí, el cual tiene según Andrés, una historia densa, un título que lo justifica plenamente: “No hace falta mucha imaginación para ubicarse en la pesadilla que estaba en marcha. Fue raro grabar mientras todo a nuestro alrededor se desmoronaba”, dijo a la prensa.

En 1990, agobiado por la situación del país, se marcha a España. Allí, junto con Ariel Rot, Julián Infante, Germán Vilella forman Los Rodríguez, uno de los mejores grupos de rock en España en la década de los 90´s.

En 1991 llega el primer disco del grupo, llamado Buena suerte, el cual tuvo un éxito rotundo. Después de esta producción, emprendieron una gira llamada La Conquista de América, donde el grupo muestra el nuevo estilo, llamado por algunos Flamenco-Rock.

En Los Rodríguez, se comienza a percibir el potencial musical de un artista completo: canta, compone y ejecuta los instrumentos según sea el caso. Calamaro lleva al grupo a una espesa jungla de sonidos que le proporcionaron un fino estilo musical, dotado de letras lo mismo tristes que divertidas. La copa rota, Mi enfermedad, Engánchate conmigo, Sin documentos, Me estás atrapando otra vez, Dulce condena, Para no olvidar, La mirada del adiós, Buena suerte, entre otros tantos éxitos llevaron al grupo al culto de su generación. Pero aún faltaba más.

En 1993 Andrés Calamaro hace un rápido viaje a su natal Buenos Aires y al ordenar viejas grabaciones, edita Grabaciones Encontradas (volumen 1), del cual opinó: “Grabaciones Encontradas es mi legado íntimo y la selección del volumen uno es orgánica, repimparoteaba en el calabozo del olvido, hasta hoy. No falta Lou Bizarro que nos recuerda que un campeón, a veces cae. También algunas cosas que siempre quise publicar y que amenazaban con petrificarse en un imaginario cofre-album de grabaciones perdidas, como Swing on Tango, un eslabón perdido entre dos generaciones o como sistema solar y una de las posibles versiones de la Biblia Marxista”.

Grabaciones encontradas es un disco interesante, viajero, conceptual, sin nacionalidad: Dos versiones de En el último trago de José Alfredo Jiménez, una milonga de La negra Tomasa, estructuras electrónicas y arcaicos sampleos —tomando en cuenta que son grabaciones de 1984 a 1993— hacen un delicioso bocado a los oídos.

Un año después construye la segunda parte de este proyecto: Grabaciones encontradas (Volumen 2) con el cual refuerza la intención de la producción anterior. Las bases electrónicas se hacen más notorias y hay un trabajo músico-letrístico más trabajado.

En 1995 compuso la banda de sonido de dos películas nacionales: 1000 boomerangs (ópera prima de Mariano Galperín) y Caballos Salvajes (segundo trabajo de Marcelo Piñeyro tras su popular Tango Feroz) de donde se desprende un tema ya legendario: En algún lugar encontraré. En ese mismo año ofrece Live en Ayacucho, una producción que muestra el bagaje musical y cultural al que ha estado sometido Andrés.

En 1997, luego de que Los Rodríguez se disuelve, edita en solitario Alta Suciedad, grabado en New York y Miami. La experiencia musical y personal de Andrés, sirven de estambre para tejer una prenda indispensable para la música en español.

Con Alta Suciedad, aparece el artista seguro de su obra, capaz de controlar sus demonios, redimir sus sentimientos y además, preparado para comunicarse con un público masivo, pero sin compromisos. Media verónica, Flaca, Crímenes perfectos, Loco, Me arde, y una recua de temas, integran tan completa producción musical.

Un año después, Andrés Calamaro es nominado a los premios MTV Latinos, por su video Loco, el cual le fue entregado el 11 de septiembre en Miami.

Pero la caja de la inspiración, por años entreabierta, separó las piernas para dar paso a un torrencial artístico que incluso hoy, sigue empapándonos.

Durante un año (a finales de 1998 y principios de 1999) compone más de 100 canciones, el resultado: Honestidad Brutal, un disco doble con 37 temas (justo la edad que tenía en ese entonces), producción que supera —aunque todos pensaban que iba a ser difícil— la calidad de Alta Suciedad. En ese año, abrió la mayoría de los conciertos de Bob Dylan en España.

En estos dos discos Andrés Calamaro elabora canciones frescas, románticas, críticas y tradicionales con ritmos que van desde el clásico beat roquero, hasta el tango argentino, pasando por ritmos un tanto progresivos y baladas rítmicas.

Destacan Te quiero igual, Clonazepan y circo, Los Aviones, Cuando te conocí, Jugar con fuego, No tan Buenos Aires, Mi propia trampa, melodías directas sin mayores preámbulos, justo como lo que una canción debe ser, sin más ni menos. Mención aparte merece la participación de músicos como Los Auténticos Decadentes, Gabriel Carámbula, Marc Ribot, Daniel Meligno y su hermano Javier.

El siguiente capricho de Andrés Calamaro se llamó El Salmón: cinco discos y 104 tracks. Destaca la versatilidad musical, los arreglos, las letras, los invitados, pero sobre todo, el banquete musical: 104 canciones son suficientes para corroborar qué clase de persona es este argentino.

El Salmón incluye varios temas en inglés: Under my thumb (de Los Rolling Stones), No woman no cry (de V. Ford), Oh darling, You won’t see me, I will y Sexy sadie (de Los Beatles). Los covers en español son precisos: El día que me quieras (de Carlos Gardel), Laura va (de Luis Alberto Spinetta), Río manso (de C. Aguirre) y Los ejes de mi carreta (de Atahualpa Yupanqui).

Los músicos invitados fueron de primer nivel: Pappo Napolitano, Andy Chango, Ciro Fogliata, Enrique Bunbury, El Cuino Scornik, Lulo Pérez, entre otros.

El coqueteo de Andrés con la música tradicional argentina, reflejado desde hace años, y sugerido más abiertamente en El Salmón, desembocó en un tórrido romance que lo llevó hasta la producción de un disco en ese tenor: El Cantante, editado los últimos meses de 2004.

El cantante es una producción netamente acústica, limpia, transparente y austera, en donde Calamaro liba sus recuerdos musicales de niñez y juventud. Covers seleccionados de entre ese inmenso sound track que ha sido su estancia en este planeta. Melodías por todos conocidas que vuelven a vivir bajo la batuta del argentino.

La distancia (de Roberto y Erasmo Carlos), Voy a perder la cabeza por tu amor (Manuel Alejandro), Algo contigo (Chico Novarro), El arriero (Atahualpa Yupanqui), El cantante (Rubén Blades), Volver y Sus ojos se cerraron (del dúo Carlos Gardel y Alfredo Le Pera) son sólo algunos de los temas que Calamaro desempolvó, pero no lo hizo solo, sino que se hizo acompañar de músicos con gran experiencia en el plano acústico: el guitarrista español Niño Josele, el cubano Alain Pérez en el bajo, el puertorriqueño Jerry González con su trompeta y bongo, el acordeón del pamplonés Javier Colina y el delicado violín de Bernardo Parrilla, son cómplices de esta impecable producción.

En El Cantante no hay engaños: Calamaro acepta un desgastado nivel vocal, mas lejos de maquillarlo, lo hace patente para reafirmar el concepto de cantante, es decir, aquel que utiliza su voz como objeto musical, aunque éste no sea el estereotipado timbre vocal al que estamos acostumbrados.

De tal modo que el sentimiento aflora. Calamaro canta más con el corazón que con la voz; deja que la entonación provenga del sentimiento y de la impecable belleza de los instrumentos al desnudo. En El Cantante Andrés canta, sí, pero también hace que el rock vaya más allá del sonido imperante en la TV y el radio. Deja que la música fluya libremente y haga comunión con el alma.

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  Comentarios (3)
nose
Escrito por federico, el 17-10-2007 03:42
muy bueno
????
Escrito por camiron, el 15-07-2007 23:03
live en ayacucho no es de 1988??? :S
SBLKD
Escrito por SULLYA, el 14-05-2007 21:29
BIEN PUES VEO K NO HAY COMENTARIOS EN ESTA PAG POR ESA RAZON VOY A HACER UNO K BUENO K TE INTERESES EN ESTA MUSICA NO TODOS TUS COMENTARIOS LOS E TOMADO MUCHO EN CUENTA PERO ESTE ES UNICO NO CUALQUIERA CONOCE A ESTA DIVINIDAD ES UNO DE LOS MEJORES Y T PUEDO APOSTAR K LO RELACIONAN CON BUNBURY YA K TAMBIEN HAY OTRAS PAG K LO DICEN PRO CADA QUIEN SU MUSICA Y SU IDEOLOGIA ESTE ES UN HOMBRE TALENTOSO Y K MAS T PUEDO DECIR ES UN GDE EN FIN K BIEN POR TU ESPACIO Y FELICIDADES
 
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