| ¿Incertidumbre en Palestina? |
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| por Miquel Silvestre | ||||||
| 02 / 2006 | ||||||
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Lo que de verdad plantea el resultado electoral es el viejo dilema entre grupo terrorista y movimiento de liberación nacional, y qué respuesta se ha de dar a uno y a otro. En realidad, el único criterio objetivo que realmente distingue un lírico movimiento de liberación de un cruel grupo terrorista, lo que de verdad los diferencia, es sólo la victoria. Cuando los terroristas triunfan, automáticamente se convierten en héroes en los libros de historia. ¿Cómo pasará Hamás a la historia? ¿Serán héroes o estúpidos fanáticos? Tal vez tengamos ya los datos para conocer la respuesta, pero en cuestiones de sangre, poder y miedo ocurre como con la economía. Lo que sí se puede saber ya es que no faltan entre nosotros quienes les conceden a beneficio de inventario la oportunidad de llegar a libertadores. Para ello sólo habrían de hacer una cosa, dicen: renunciar a la violencia y confiar en la política. Tal vez los que así piensan lo hagan de buena fe, pero es posible que no se den cuenta de que Hamás lo único que ha hecho en todos estos años es política. Sólo política. Lo que sí es bastante probable es que Hamás amplíe su abanico de recursos y pertrechos guerreros—es decir, políticos—inaugurando un nuevo estilo suave, sonriente, de palabras dulces y ambiguas—como esas que tanto gustan en las cancillerías europeas—para realizar imprecisas condenas de la violencia, de todas las manifestaciones de violencia, pero combinándolas con la utilización controlada, y en beneficio propio, de esa misma violencia, que en Oriente Medio se traduce en autobuses descoyuntados, y en vuelos de castigo de la aviación israelí, que siempre escupen metralla sobre la inerme población civil. Algo de eso ya hay cuando descubrimos que en las elecciones municipales, celebradas antes de las legislativas, los clérigos muhaidines de Hamás permitieron con sus votos que en Ramala saliera elegida una mujer cristiana, impidiendo así que continuara como alcalde el hombre de Al Fatáh. Algunos bienintencionados ven en ello un signo de democratización, de apertura; otros, sin duda más pesimistas, intuimos una maniobra cínica e inteligente. El enemigo a batir es siempre el competidor directo, mientras que la inocente alcaldesa es como un caramelo en las fauces de una fiera. Ramala será de Hamás cuando a ellos les interese, pero mientras tanto, en Europa, que es la que paga la fiesta, empiezan a sonreír complacidos por el nuevo talante. Pensándolo bien, el futuro de Palestina no es tan difícil de predecir como la economía. {mos_sb_discuss:3}
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La victoria de Hamás en las elecciones celebradas en Palestina no debería suponer ninguna sorpresa, al menos si se tienen en cuenta dos circunstancias coadyuvantes. Primero, la corrupción generalizada de los burócratas de Al Fatah y segundo, el éxito indiscutible del terrorismo como arma política. Hamás ha demostrado ser más eficiente que aquellos en su actividad asesina y todavía no ha estado en posición de lucrarse con las ayudas internacionales, así que aún puede presentarse ante su público con la pureza de la honradez. Así, es fácil de entender que los depauperados palestinos, súbditos del terror de uno y otro lado, los hayan preferido a los anquilosados funcionarios de la OLP. No debería sorprender, pero en política, como ocurre en economía, comprender a toro pasado es fácil; predecir, imposible. 

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