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La realidad incompleta y las palabras malditas Imprimir E-Mail
por Miquel Silvestre   
06 / 2006

La realidad que vemos es tan incompleta que a veces es necesario añadirle fabulaciones, porque si no, no entenderíamos nada. La mayoría no estamos dotados de los elementos mentales imprescindibles para aprehender los complejos derroteros de la fenomenología, y por eso nos vemos incapaces de comprender que lo real puede que no lo sea tanto. Y quizá no lo sea porque lo real lo percibimos a través de unos sentidos tan imperfectos como indiscutiblemente mentirosos. Sabemos, por ejemplo, que existen umbrales de ruido y color, y que por encima o debajo de ellos ni oímos ni vemos nada. O sea, que para nosotros, miopes humanos, más allá de esos umbrales no hay ruido o cromatismo en absoluto mientras que para nuestro perro existirá todo un universo de infrarrojos y ultrasonidos. Habrá que reconocer, pues, que es bastante probable que no sepamos casi nada de la realidad que nos rodea. Pero como admitir eso nos haría inoperantes, pues no pensamos demasiado en ello y seguimos empeñados en la inútil tarea de comprender el cosmos aplicando unos rudimentarios y primitivos sentidos, adecuados sin duda para un cazador paleolítico preocupado sólo en comer y perpetuarse, pero que bien podrían estar dándonos gato por liebre si lo que pretendemos es conocer y comprender la vida. Porque si a estas alturas debiéramos tener alguna cosa clara esta debía ser precisamente saber ya que la vida no es algo que pueda ser comprendido. Menos mal que para satisfacer ese hambre de trascendencia tenemos a los poetas, a los pintores excéntricos y a los locos sensibles, porque ellos tampoco entienden nada, pero sí sospechan que hay un más allá, que hay otro lado de las cosas.

Cortazar decía de sí mismo que era muy mal ensayista, que no tenía capacidad para pensar, para desarrollar un discurso, una idea, una teoría, pero que sí era capaz de ofrecer destellos del otro lado; que él sólo veía unas imágenes casi ininteligibles y las trasladaba al papel ejerciendo de mero escribano de unos cuentos que ya estaban escritos en alguna otra parte. No pretendía explicarlo, se conformaba con cazar los cronopios al vuelo, retratarlos en su fugacidad y mostrarlos. Pero era imposible que los explicara, porque él mismo no sabía ni quienes eran ni de donde venían. Entender la realidad no es en absoluto necesario para sobrevivir, pero sí lo es que haya locos egregios capaces de barruntar qué hay al otro lado de la superficie de lo que todos vemos. Es necesaria la excepción para soportar la regla, pues de lo contrario nada nos diferenciaría de nuestro perro.

Pero hete aquí que la excepción se está burocratizando, que el ejercicio artístico se uniformiza, que el pensamiento único se ve contradicho por un sentimiento tan único y estandarizado como la corriente masiva que pretende combatir. Hoy el artista, el pensador, el novelista, el poeta es un funcionario más. Las estanterías de novedades están repletas del mismo libro mil veces repetido porque ya es sólo un único discurso el que tiene acceso a la edición, a la distribución y a la venta. El discurso del antidiscurso. Tan despreciables el uno como el otro. Los márgenes son estrechos, hay que someterse a los dictados de la educación subversiva canonizada porque si no, estás fuera. Los rebeldes hoy son tan burgueses como los burgueses que pretenden desnudar, y no me refiero sólo a la burguesía económica, que ya nos ha abducido a todos—hoy la religión es el consumo y si no consumes no eres—, sino a la burguesía mental, al acomodamiento en estereotipos banales, como los de izquierda-derecha. Si te sales del camino, los perros ya ni siquiera ladran. No cabalgas, estás olvidado. No te queda más remedio que escribir otro blog, de esos que hay a millones por la red, para ejercer una rebelión inoperante, íntima y estrictamente personal. Porque, sí, sabemos que debe haber por hay blogs de gente interesante... pero ¿quién diablos tiene tiempo y ganas para andar buceando entre las miles de bitácoras pueriles que copan la red?

Y aún así, el esfuerzo de salir, de librepensar, de rebelarse, ha de valer la pena, aunque uno escriba sobre la efímera superficie que deja el mar en la arena de la playa antes de borrarla una nueva ola. De todas formas, igualmente será barrido todo lo que hoy se publica fiel a los dogmas, tenga éxito o no. De acuerdo, se trata sólo de un desahogo personal, mas es higiénicamente imprescindible. Porque no deja de ser desolador contemplar el panorama de una Europa egocéntrica, satisfecha de sí misma, que se considera una especie de divinidad atea en lo cultural. Tan sólo algunos franceses se atreven a ir un poco más allá, como Finkielkrautt, Brukner o Gluksman. Pero Francia es hoy más que nunca la caricatura, el exceso hiperbólico de la estupidez publicada, así que en cierto modo es normal que allí también se den hoy, como reacción, los más heroicos actos de rebeldía. Pero no es allí—mucho menos aquí—donde puede encontrarse algo de luz, porque de nuevo la reacción toma como contramodelo, y por eso participa de sus mismos vicios, el sistema y su antisistema. En mi modesta opinión el reservorio del inconformismo está en América Latina. Es allí donde puede quedar algo de esperanza porque nunca han tenido chovinismo alguno que mantener.

Es ahora cuando gracias a internet están despertando y mirando el universo estandarizado con ojos de niño, porque ellos no han participado jamás en el proceso de estandarización universal. Allí sí están verdaderamente sorprendidos ante esta realidad de opacidades y convencionalismos que se extiende como una mancha oleaginosa y cancerígena—y no olvidemos que la sorpresa es el germen del arte y de la rebeldía—, porque en su realidad nuestros estandarizados patrones de sistema y antisistema están totalmente fuera de lugar. Conviene pues darse una vuelta por lo que allí se hace, por lo que allí se escribe, por lo que allí se siente.

Yo, en mi modestia y sin pretender hurtar a nadie el placer de investigar y descubrir, me atrevería a hacer una sugerencia al internauta sin prejuicios. Hace tiempo encontré un sitio mexicano, sorprendente, atrevido y escandaloso: www.palabrasmalditas.net. Desde luego, no está hecho para estómagos agradecidos o sensibilidades pudibundas, allí la burocracia mental de los que se la cogen con papel de fumar está totalmente fuera de sitio. Afortunadamente.

Publicado originalmente en La Nueva España

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