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Barriga llena, corazón infeliz Imprimir E-Mail
por Paul Medrano   
06 / 2006

Hasta hace tiempo, cada quincena era el mismo dilema: compraba discos o comía como dios manda. Y es que en este país, los sueldos suelen ser de engañitos, pero los trabajos no: son una madriza.

Pero les decía. Mi afición a la música y mi raquítico sueldo me permitía más o menos ir conociendo las propuestas nuevas y también, de vez en vez compraba algún cedé o acetato de colección. Pero ese gusto no se reflejaba en mi cuerpo: cada vez estaba más flaco, ojeroso, cansado, pero eso sí, con muchas ilusiones.

Esa vida de fakir con aires de melómano me llevó a extremos hasta cierto punto ilegales, con tal de hacerme de un disco: más de una vez robé cedés en tiendas y casas de amigos, así conocí a Afrocelt Sound System extraordinaria agrupación que algo más que simple guorld miusic; también supe de Asian Dub Foundation, una banda inglesa fabricante de un break beat de super agasajo.

ImageNo tenía miramientos para quemar todo compacto que llegara a mis manos, incluso, más de tres veces repetí discos porque quienes me prestaban su copia no son lo suficientemente cuidadosos de rotular correctamente el cedé. De modo que alguna vez un cuate me prestó su colección (entre originales y copias) de Charly García, cuando vi uno que decía “Charly García: Yo”. ¡Guau! algo raro del buen Charly, pensé y de inmediato lo metí a la compu para copiarlo. Ya hecha la copia y al toparme con el primer track de tan misterioso disco, todas mis esperanzas cayeron cuan grandes eran al percatarme que se trataba de Rock and roll, el cual ya tenía y hasta en original.

Sin compasión, también le entré a los puestos de discos pirañas (los moralinos le llaman apócrifos) con tal de ahorrar unos pesos para la torta o el chesco de cada día. Ahí he encontrado discos más que decentes. Entre los cerros de RBD, Luis Miguel y Kalimba, encontré Rock de Kasbah un acoplado de agrupaciones árabes, africanas y europeas en honor a Joe Strummer, quien junto con The Mescaleros cierra el compacto con una versión muy muy chingona de Redemption song.

Pero, como les decía eso era hasta hace tiempo. Porque el Internet llegó a salvar mi estómago de una úlcera. Si antes la despensa musical dependía del dinero que aparecía en el sobre quincenal, ahora sólo se sujeta a la capacidad del disco duro que tenga la computadora o el reproductor de música digital.

Para empezar, los programas P2P proveen del material discográfico que nunca se han podido imaginar. Discos que me supongo, no deben existir en CD, sino en acetato, puedes hallarlos con tan sólo un click y sin necesidad de desembolsar una semana de trabajo.

Apenas me topé con un tipo llamado Jean-Jacques Perrey, cuyo disco The amazing electronic pop soud, grabado en 1968 se escucha más fresco que muchos grupillos de dizque música electrónica. De no ser por estos programitas nunca hubiera conocido a Bonei Nem, porque para como va el país, no veo cuándo pueda ir a algún lugar de la ex Unión Soviética a un toquín de ese cabrón.

ImageNapster y Kazaa globalizaron ese rollo, pero el primero acabó cobrando sus descargas y el segundo, llega a ser bastante inseguro por la cantidad de espías que suelen bajarse junto al archivo. Además, ambos ofrecen muchas rolas sueltas (infinidad de veces cambian el título a la rola de forma grotesca), mientras que otros como el Soul Seek, únicamente proporcionan discos enteros, que a final de cuentas es lo que importa.

Además de esos softwares, también están disponibles infinidad de blogs y páginas personales de gente que se dedica a subir discos, para que desde la comodidad de nuestro hogar bajemos y bajemos sin trámites engorrosos, restricciones mamilas y los siempre incómodos pagos. Nada de eso. El límite lo pones tú y tu disco duro, dependiendo qué tantas propuestas estás dispuesto a escuchar y de qué tantos discos le caben. Por ejemplo, el nuevo de Lila Downs, La Cantina, sólo pesa 40.1 megabites, mientras que el más reciente de Pearl Jam, llega a los 70 megabites.i

A pesar de lo sencillo y barato que resulta conseguir, por ejemplo, la discografía entera tal o cual cantante, siempre es indescriptible quitar el papel celofán al cedé (casi he olvidado cuando se los quitaba a los vinilos, pues los que compro, son usados), abrir la caja para desprenderlo de las patitas que suelen sostenerlo, admirar el arte del compacto, tocarlo y olerlo, para luego ingresarlo al equipo de sonido y esperar ansiosamente el primer acorde.

Al paso que vamos, concibo que las nuevas generaciones ya no sabrán del orgasmo musical que significa comprar un disco, así como el rito posterior, porque todo se remite a un click.

De vez en vez, porque el salario sigue siendo el mismo, sigo dándome el lujo de comprar un disco, porque nada será igual a eso, aunque la barriga permanezca vacía.

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