| ¡Levántate y anda! |
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| por Dalí Corona | ||||||
| 06 / 2006 | ||||||
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De entre las cosas que uno, simple mortal, no puede controlar, se encuentran: la lluvia, la caída de Wall Street, el cumplir años (aunque a muchas mujeres les gusta hacer de cuenta que estos no pasan por ellas) y la evolución de las especies; básicamente, elementos de la vida cotidiana que por razones en las que no me voy a detener a analizar, suelen salirse de nuestro control.
Así pues, existen innumerables personajes magníficos que han muerto y que, por ende, han dejado un gran vacío en el mundo, huecos que son difíciles de llenar y, peor aún, de olvidar. Nota: De esta reflexión provocada por el consumo de cantidades industriales de antigripales, debe uno eliminar a Lady Diana.
De los grandes músicos que podemos contar como leyendas no vivientes, y que necesariamente tenemos la intención de revivir, hay algunos, muy pocos, que sobrepasan la línea de leyenda para ser verdaderos seres míticos. Entre ellos, podemos contar a John Lennon, ícono de la música por ser, sin duda, el líder de la banda The Beatles, y que fuera asesinado por un fanático el 8 de diciembre de 1980; también, entre estos grandes de la música, hallamos a Jim Morrison, miembro y también líder de su grupo: The Doors. James Douglas Morrison nace el 8 de diciembre de 1943 y es encontrado muerto en la bañera de su departamento del Barrio de Marais en París el 3 de julio de 1971. No podía faltar, por supuesto, Freddie Mercury (su verdadero nombre era Faroukh Bulsara) quien nació en Stone Town, Zanzíbar , ahora Tanzania , el 5 de septiembre de 1946 , cantante y líder del grupo británico de rock Queen ; dotado de una voz sorprendente y un carisma inigualable, sin duda una de las grandes pérdidas de la música, murió el 24 de noviembre de 1991, víctima del SIDA. Bueno, así la lista podría seguir, pero, la verdad, sería muy breve. De los nombres que me vienen a la mente así, de chingadazo, podría mencionar algunos: Ritchi Valenz, Janis Joplin, George Harrison, Eric Burdon, Van Morrison, todos ellos, sin duda, seres con una cualidad específica y sorprendente: hacer de la música un elemento necesario para la vida. Así que, es ahora que este mal intento de articulista intentará adquirir una función divina y se propondrá, aunque sea sólo en un artículo, revivir a alguno de sus ídolos de la música. Para los que leyeron el artículo pasado en el que por poco se crea un club de asesinos confesos de Maná, esto será interesante, y para los que no lo han leído aún, les recomiendo no que lo lean, ya que este trabajo no tiene nada que ver con el anterior, pero si que se den una vuelta por todas las secciones de nuestra amable PalabrasMalditas. Así que... Comenzamos.
Siéntense y escuchen, beban tragos grandes mientras comienza la otra canción, den fumadas grandes, escuchen. Hay algo que de pronto se aparece, algo que salta y va a sentarse junto a ustedes. Abracen a la persona que tienen a lado, bésenla (si son mujeres y me llamaron, háganlo fuerte, denme un beso largo), tóquenla. ¿Ven, lo sienten? Esta es la oportunidad de su vida: revívanlo...Está sentado a un lado de ustedes, lentamente comienza a cantar a su oído, les canta a ustedes. (Mi Brown Eyed Girl suena en la habitación y Van Morrison hace que esto de escribir sin ella sea menos doloroso). Ahora díganme: ¿a quién revivieron? Un abrazo a mis hermanas, que si no ayudan a lavar los trastes o podar el pasto, sí a esto de la redacción.
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La dinámica es la siguiente: Rápidamente junten las palmas de sus manos como si fueran a calentárselas (bueno, como si fueran a rezar) y digan en voz alta y en forma Jedai: Yo tengo el poder, la fuerza me acompaña. Una vez más: Yo tengo el poder y la fuerza me acompaña, dicho esto, den una fumada a su cigarro, o su churro, denle el golpe e inmediatamente den un trago grande a la botella. Pásense el trago y saquen el humo. Una vez más. Ahora pongan su disco a un volumen alto, procurando incomodar al vecino. 

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