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La Lupe Imprimir E-Mail
por Mara Romero   
08 / 2006

Mara Romero (Cd. Obregón Sonora México) Es poeta, narradora, promotora cultural y turística. Ha participado en varias antologías poéticas. Está por publicar dos libros de poemas “De tu olor y de mis miedos” y “Peregrinar de gritos”; tiene en su haber inédito un libro de cuentos llamado “Las Lupes”.

Mara tiene parentesco con vampiros y ángeles; le encanta desmantelar el dolor ajeno, y asegura haberse resbalado del cielo una noche de tormenta, por eso tiene alas y llora cada vez que llueve.


La Lupe tomó por primera vez en su vida un taxi y se dispuso a pasearse por el pueblo, esa noche quería lucirse, que no la fueran a confundir con una más del montón, habían sido demasiados años ya de ser una sombra. Sabe que ni en sus tiempos fue bonita, pero como le decía Elpidio -es esa forma en la que te ríes-. Se estaba haciendo de noche y como a propósito, tomó rumbo sin dirección alguna. Cuanto cuesta en veces, pensó la Lupe, ser una buena mujer. Llevaba 36 años trabajando para la casa del patrón, consideraba su destino justo, ya que más le valía, su madre y su abuela habían sido también parte de la servidumbre durante toda su vida, así que estaba segura que tenía que buscarle el color rosa a las cosas, más esa noche no sé, quizá por que pensó en Elpidio...

Queriendo no ponerse triste, empezó a ver las ventajas de vivir en la casa del patrón, por ejemplo: los vestidos y las muñecas que la niña ya no quería, casi siempre fueron para ella, pero también las culpas de todas aquellas añejas travesuras por las que recibió tantos palos, pero en fin. Vino a su mente el rostro güero del patrón, tan buen mozo, tan cariñoso, que bastaba cerrar los ojos y no le costaba pensar que era parte de su trabajo atenderle cuando llegaba borracho y se le metía en su cama. Fueron muchas noches y fue suertuda, porque la señora nunca se dio cuenta. El recuerdo del patrón pudo haber sido menos amargo de no haber sido por lo de Elpidio, después de todo, sabía que éramos como hermanos y lo peor es que nunca me gustó, o al menos eso pensaba; pero la gente rica quiere todo, y Elpidio nunca entendió. La Lupe daba vueltas en el pueblo, y los ojos se le llenaban de lágrimas.

Los años no perdonan a nadie, pensó, que ni siquiera fue buena para tener chamacos, y como que sentía que esa noche el alma se le había arrugado, se le representaba el rostro de Elpidio. La última ves que le pidió que se fuera con él, y algo le ahogaba en el pecho, las palabras del patrón con su sonrisa bonita burlona, diciéndole que a lo mejor el hombre había tenido un accidente y que todos los que se le acercaran se anduvieran con cuidado; su amá, haciéndole entender la suerte de que alguien como el Señor, pusiera los ojos en ella. Que difícil sonaba todo hoy, que difícil de entender, un día el patrón se aburrió de sus visitas, Elpidio nunca regreso del viaje, y su madre había cerrado los ojos para siempre de una pulmonía.

Que hueco sonaban los recuerdos hoy, que rasposo el aire que le habían dejado, que largos los días, que difícil servir la mesa con tanto recuerdo arrastrando sola. En ese momento le grito al taxi que parara, corrió, se había paseado por todo el pueblo como si fuera rica, despacio, para que el polvo que levantara no la fuera confundir; quería ver que se sentía... sólo que ese era el problema, ella ya no sentía nada. Llegó al lago donde solía bañarla su madre de chiquita, donde le prestaban de cuando en cuando los juguetes finos de la niña, donde Elpidio le había regalado la primera flor, se deshizo las trenzas, y se vio en el reflejo del agua. Hasta se sintió bonita. Volteo a ver la luna y entendió que estaba haciendo lo correcto, nadie la extrañaría, y por primera vez, no le importó no haber aprendido a nadar.

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  Comentarios (4)
muy bueno
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 01-07-2008 18:47
me encanta lo que haces con el lenguaje en veces pareciera que es lupe quien lo narra...es cuando este narrador esta mimetizado con el personaje en una forma intima aunque no lo haga todo evidente..que tristeza de final fue imaginar a lupe flotando en el agua. Gran cuento!
En memoria de...
Escrito por Alberto Cruz, el 07-03-2008 20:51
Hay un poema de Jaime Sabines que se llama "Con la flor del domingo", este texto del poeta chiapaneco habla precisamente de la vida agria que llevan las sirvientas, siempre a merced de los deseos lujuriosos del patrón raboverde o los hijos hambrientos de carne de gata (por buena y barata), de la carga de quehaceres semanales y cuyo único día de libertad, de "felicidad" es el domingo, día en que se olvidan que son un número más, un trasto más y auqnue sea por un par de horas se pasean con el cabello recogido, el vestidito sencillo y la florecita en el cabello para volver a su realidad. Me gustó el cuento, ¿Cuántas "Lupes" como esta no habremos de haber conocido a lo largo de nuestra vida?
MUY BUENO
Escrito por fernanda, el 18-03-2007 13:53
Felicidades!!! 
 
Algo muy bueno :)
O.o'
Escrito por Diego, el 17-01-2007 15:10
wow.. no me hubiera sperado el final, me gusto :)
 
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