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Casi no escribo: Fogwill. Imprimir E-Mail
por Alejandro Cavalli   
08 / 2006

  • “Jamás pensé que ser chupapija fuese una ofensa”.
  • “Lo peor de la droga es que pone en relación con drogadictos y traficantes y te asimila a su moral y a su cultura”.
  • “Hay cosas más peligrosas que la droga…, el automovilismo, o la acrobacia aérea”.

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R odolfo Enrique Fogwill, más conocido como Fogwill , nació en Buenos Aires, en 1941. Es sociólogo y ha sido profesor titular de la Universidad de Buenos Aires, editor de una legendaria colección de libros de poesía, ensayista y columnista especializado en temas de comunicación, literatura y política cultural. El cuento Muchacha punk, que recibiera el primer premio en un importante certamen literario en 1980, lo hizo abandonar su carrera empresarial y comenzar, según sus palabras, "una trama de malentendidos y desgracias" que lo llevaron a su actual "oficio", el de escritor.

Textos suyos integran diversas antologías publicadas en Cuba, México, España y Estados Unidos. Según la crítica, Fogwill es "dueño de un estilo que se maneja con igual soltura en la ternura y en la ferocidad y que no tiene quién le gane en su capacidad de intimidar, irritar, seducir, imponer respeto”.

Entre sus obras se encuentran los libros de poemas: El efecto de realidad (1979), Las horas de citas (1980), Partes del todo (1990). Los libros de cuentos: Mis muertos punk (1980), Música japonesa (1982), Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985), Muchacha punk (1992). Y las novelas: Los Pychyciegos (1983), La buena nueva (1990), Una pálida historia de amor (1991), Restos diurnos (1993), Cantos de marineros en las pampas (1998), Vivir Afuera (1998). *

Entrevista a Fogwill, a propósito de la reedición de su libro Los Pichiciegos, de Editorial Interzona

PALMAL.- ¿Es verdad que la novela fue escrita entre el 11 y el 17 de junio de
1982 con doce gramos de cocaína encima? ¿Cómo recordás aquella época
vista a 24 años de distancia?

FOGWILL.- La veo como si fuera ayer. Es ayer.

PALMAL.- ¿Cómo fue el proceso de creación de Los Pichiciegos? ¿Tuviste contacto con combatientes en aquel momento para recabar información?

FOGWILL.- Nadie tenía contacto con combatientes. Yo conversaba con un general en actividad y con un vicealmirante y me burlaba de su optimismo facilista. Mi visión de Malvinas y mis pronósticos eran meramente deducciones.

PALMAL.- En una entrevista decías que tu novela no es pacífica, ¿podés explayarte al respecto?

FOGWILL.- No, dije que no era “pacifista”. Pacíficas son todas las novelas, igual que los instrumentos musicales: todos pacíficos, incluyendo el Clarín.

PALMAL.- Una declaración tuya: “Yo escribí el regreso de la democracia. En Los Pichiciegos está dicho que los radicales iban a volver al gobierno”. ¿Cómo llegaste a esa información?

FOGWILL.- Eso está dicho en otro texto mío, en un relato de 1981. Yo estaba al tanto de todos los planes militares para suceder a la dictadura y de que Alfonsín era su candidato. Incluso aposté dinero a favor suyo y por eso creyeron que yo era partidario de los radicales.

PALMAL.- En un comentario sobre el texto, Beatriz Sarlo escribió: “La novela no quiere demostrar nada y sus personajes no están en condiciones ideológicas ni discursivas para reflexionar. Los pichis carecen absolutamente de futuro, caminan hacia la muerte y, en consecuencia, sólo pueden razonar en términos de estrategias de supervivencia”. ¿Qué opinión te merece tal apreciación?

FOGWILL.- Si uno acepta la perspectiva de Sarlo en general, el diagnóstico es acertado. Yo dudo a veces, y por eso mis dudas están desarrolladas en la novela Vivir Afuera que apareció en 1998.

PALMAL.- En la contratapa de la primera edición -Buenos Aires, De la Flor (1983), lugar desde donde suele hablar el editor, se produce un desplazamiento. "La versión -de la novela- que ahora publican...", decís, sin necesidad de firmar. Y editorializás: "... no fue escrita «contra la muerte» ni contra la idea de la muerte y la idea de la guerra, sino contra la realidad que impone un mismo estilo hipócrita de realizar la guerra". ¿Querés comentarnos por qué fue que escribiste vos la contratapa y no otra persona como generalmente sucede?

FOGWILL.- En la cita falta la frase “y la literatura...” Yo no respeto la opinión de los editores ni los creo capaces de redactar buenos argumentos. Ese es mi oficio.

PALMAL.- ¿Existieron realmente grupos de desertores que construyeron un nido subterráneo y mercaban con ambos bandos, apuntando meramente a la
supervivencia?

FOGWILL.- Ahora todos creen que sí. Incluso Kusturica, que usó el tema en un film. Pero parece que no existieron. Son invento mío.

PALMAL.- Otra declaración tuya: “la fuerza, mía y ajena, que había en Los Pichiciegos, no la voy a volver a tener nunca”. ¿Lo decís por la edad o por otro asunto en particular? ¿Cómo era tu ritual de escritura en aquel momento y cómo lo es hoy?

FOGWILL.- La edad es lo terrible. Pensá en el sexo: la frecuencia de encuentros se reduce a un tercio. Lo mismo pasa con la calidad del estilo y con el talento en general. Yo no tengo rituales de escritura.

PALMAL.- ¿A qué te referís con lo del lobby del Holocausto, del que hablás en varias entrevistas?

FOGWILL.- Hablé de eso sólo una vez, y no me arrepiento. Me refiero a un grupo de instituciones vinculadas entre sí y convergente con la Claims Conference de Nueva York, que cuenta con el apoyo del Estado Americano y de una parte de la población judía. Justamente quien responde a aquel reportaje, como si yo fuese antisemita o ignorante de la evidencia histórica, es miembro del Board of Directors de la Claims Conference. Es uno de los grupos de presión más poderosos de Estados Unidos y su actividad está documentada en el libro de Norman Finkelstein “La industria del holocausto”.

PALMAL.- ¿Qué opinás de la protesta piquetera, es verdad que noqueaste a varios de ellos que se atrevieron a cortarte el paso en una calle?

FOGWILL.- Es falso, sólo defendí a la chica empleada de un locutorio a la que estaban “apretando” dos saqueadores salidos de una manifestación piquetera.

PALMAL.- ¿Es verdad que trabajaste para la agencia de publicidad de la familia de Roberto Viola? ¿Cómo recordás aquella época?

FOGWILL.- No era de la familia, sino del hijo en sociedad con un Comodoro que era al mismo tiempo vicepresidente del Banco Central. Era lo que hoy se llamaría una de “las cajas” que usaban los jerarcas para enriquecerse. Recuerdo todo de aquella época, en la que aprendí bastante.

PALMAL.- En una entrevista decías: “Como publicista hice genialidades y disparates. Y como todo publicista, robé y sufrí robos enormes”. ¿Por ejemplo?

FOGWILL.- ”Jockey club la pura verdad” es la mejor traducción de “the real thing” que era el slogan americano de Coca Cola. “El sabor del encuentro” que registré para la marca Pall Mall y después cedí a la agencia Solanas, que lo usó para Quilmes, está inspirado en “hay gente que encontró el sabor” que creó David Ratto para Viceroy, a su vez, inspirado en el “come where the flavour is” de Marlboro 1960.

PALMAL.- ¿Es verdad que vos inventaste el famoso slogan "El sabor del encuentro"?

FOGWILL.- Sí, es verdad. Mis slogans son lo que más tiempo han durado.

PALMAL.- ¿Vos eras el que hacía los chistes y horóscopos que los chicles Bazooka traían en su interior? ¿Sabés quién los hace ahora? ¿Son mejores que los tuyos?

FOGWILL.- Los míos fueron en los primeros años de los 90 y fueron los mejores. Tengo la plancha con todos ellos y podría documentarlo.

PALMAL.- ¿Estuviste en la cárcel en 1980? ¿Por qué?

FOGWILL.- La Secretaría de Información Pública presionó a los medios y a la Asociación de Agencias para que prohibiesen mis campañas con el argumento que iban contra la familia y que yo manejaba millones de dólares de publicidad para influir sobre informativos y pasar noticias favorables a la subversión. De inmediato cerraron mis cuentas bancarias y me procesaron por subversión económica igual que las financieras no adictas. Después me juzgaron por apenas “defraudación”, por no haber pagado mis deudas.

PALMAL.- Más declaraciones… “Con sesenta años y treinta kilos de cocaína encima creo que puedo hablar de drogas con cierta conciencia”. ¿Cómo es tu
relación con las drogas ahora? ¿Cómo ves al fenómeno “paco”?

FOGWILL.- El paco en mis tiempos se llamaba “bazuca” y se conocían sus efectos siniestros. Hay cosas más peligrosas que la droga, por ejemplo el automovilismo, o la acrobacia aérea. Lo peor de la droga es que pone en relación con drogadictos y traficantes y te asimila a su moral y a su cultura. Yo sigo adicto a la nicotina, que es por lejos la que más bajas provoca en la población y en el promedio de vida humana.

PALMAL.- “Muchos escritores creen que estoy loco. Pero lo creen porque soy frontal y ellos son una manga de chupapijas.” Otra frase tuya para la polémica. ¿Quiénes, por ejemplo?

FOGWILL.- Eso nunca lo pude haber dicho yo, porque jamás pensé que ser chupapija fuese una ofensa.

PALMAL.- “Nunca se preguntaron quién era Aldo Rico como lo hice yo. Me equivoqué, claro, no me imaginé que iba a ser un pelotudo que iba a terminar como intendente de San Miguel. Sabía que no era un Chávez, pero cuando leí su proyecto constitucional para la provincia de Buenos Aires, cuando leí que se definía como un soldado y coincidía conmigo en que el país debía seguir siendo malvinizado, me lancé de lleno por él”. ¿Fue un error? ¿Qué opinás hoy de él?
FOGWILL.- Un mercachifle de la política. Parece que se ha hecho muy rico don Aldo con unos pocos votos que consiguió. Me equivoque de hombre, no de idea. Pienso igual.

PALMAL.- “Claro que los intelectuales son cagones, están en la cosa chiquita.
Están, todavía, rindiendo culto a las Madres de Plaza de Mayo”. ¿De quiénes hablás? ¿Qué opinás de las madres y abuelas de Plaza de Mayo?

FOGWILL.- Son instituciones diferentes. De “Hijos” tengo la mejor de las opiniones. De las abuelas ignoro todo. De las madres, las recuerdo pidiendo “aparición con vida” cuando era la hora de reclamar por las conquistas sociales y la riqueza expropiada por la dictadura que ellas llamaban “militar” y fue una dictadura cívico-militar donde la mayor parte de los beneficiados fueron civiles y bancos extranjeros.

PALMAL.- ¿Es verdad que querés servicio militar obligatorio para hombres y
mujeres? ¿Para qué y por qué?

FOGWILL.- ¿Por qué? Porque la guerra es inevitable y todo civil debe tener preparación física, técnica y moral para enfrentar guerras, catástrofes y violencias sociales como las que sobrevendrán.

PALMAL.- ¿Cómo surgió la idea de hacer una versión de El Aleph de Borges a la
que titulaste Help a él?

FOGWILL.- Como surgen todas ideas, parodiando.


PALMAL.- “Si yo escribiera lo que pienso de El pasado de Alan Pauls, cometería un filicidio. Porque Alan sí, no es un par para mí, es casi un hijo, porque lo conocí a los dieciocho años, cuando él era alumno de Piglia, laboraba conmigo en mi oficina... Él le dijo una vez a mi hijo que yo era como un padre para él. Si yo escribiera —que lo tengo escrito, mentalmente— El pasado, leído desde adentro... Yo soy el personaje. El primer hombre que usó calzado náutico, lapicera Mont Blanc, Dupont. Además, soy el eje, porque soy el tipo que hace aparecer después el cuadro de Riltse. Digo, él hace un parricidio malo, porque a lo largo de todo eso, hace la misma operación de Borges: que los mocasines, que la modernidad, que la droga, que esto, que lo otro, que el yate, que la regata Río de Janeiro-Ciudad del Cabo. Todo eso. Y en ningún momento
dice que yo escribo mejor que él. Y eso es lo primero que tendría que decir”. ¿Qué opinó Pauls de este comentario tuyo? ¿Alguna vez te dijo algo al respecto? ¿Qué opinás hoy de él?

FOGWILL.- Opino lo mismo de siempre, que es uno de los graduados de letras mejor formado que conozco y que no hay que descartar que alguna vez componga un buen relato –está cerca- o una gran novela, de la que aún está lejos.

PALMAL.- “A mí lo que más me emociona es encontrar tipos muy nuevos, muy jóvenes, que son muy buenos. Y especialmente eso me pasa en poesía, no me pasa en narrativa. Me pasa en poesía”. ¿Qué has leído que te ha gustado de los autores nuevos, y qué autores te interesan?

FOGWILL.- Son no menos de una docena y cada vez que nombro a uno parece que soslayara a los demás. Prefiero no nombrar a nadie.

PALMAL.- ¿Qué autores a nivel nacional e internacional te interesa leer? ¿Cómo
ves el panorama mundial y nacional de la literatura?

FOGWILL.- Casi no leo.

PALMAL.- ¿Qué estás escribiendo por estos días?

FOGWILL.- Casi no escribo. Estoy terminando un libro de poemas y dos novelas, pero a este paso, los editores tendrán que venir a retirarla a algún geriátrico, o al infierno, si creen en su existencia.

PALMAL.- Algo que quieras agregar que no te haya preguntado.

FOGWILL.- Nada, opero como es para un medio de La Pampa, elogiar a la legislatura por la ley de día de duelo provincial para los 12 de octubre, que los boludos en general festejan como “Dia de La Raza”, o peor “Día de la Hispandad”.


Alejandro Cavalli es originario de Santa Rosa, provincia de La Pampa, Argentina, 1975. Es periodista y escritor. Trabaja como corresponsal para el diario La Arena, de su provincia natal, y para diversos medios digitales. Actualmente escribe Berta, su segunda novela.

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*Los datos del autor fueron extraídos de http://www.literatura.org/Fogwill/Fogwill.html

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