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Encuentro Fugaz Imprimir E-Mail
por Jorge Carmi   
08 / 2006

Jorge Carmi es chileno. Publicado en el PROYECTO SHEREZADE 2006: “Ratones, ambos”. Autodidacta en la “Escribiduría”. Lector empedernido. Sumergido en el vertiginoso tráfago empresarial. De modo tal que “Inmereció” ser “Escrito” e inscrito en una línea del libro “El mapa de la extrema riqueza” del economista Fernando Dashe. Escribir ha sido su terapia y movilidad, desde que le cayó encima una paraplejia no solicitada. Así y desde allí encontró respuestas.


Encuentro Fugaz

Érase que se era una vez en un lugar encantado. Un hermoso hospital de ensueño. ¡No! ¡Maldición maldita! ¡Era siniestro y de color muerte!

Sus paredes húmedas destilan hoy la tristeza misma, quien trepó anoche y se incrustó silenciosa en sus poros abiertos como bocas de leprosos. El alto y burlón cielo raso te susurra malévolo, que su planicie no es lo único inalcanzable para ti. Te oprimen los pasillos desolados donde tu grito angustiado, aprenderá solitario, a recibir su solitario eco montándose -una y otra vez de manera inexorable- sobre sí mismo y entregándote monótono mensaje desolador: “Estás solo.... ¡Nada esperes! ¡Ni a nadie!”

“Y ten lúgubre certeza” dicen sombríos: Te unirás algún día, y por siempre, a los melancólicos fantasmas que atónitos, deambulamos en esta tristeza sin par”.

La caricia tejida en ternura, de la cálida mano rozó por una vez más, nunca saciándose, la suave piel rosado-pálida, despidiéndose y no despidiéndose de su muerto, ese muerto que yacía entre las insensibles y flácidas piernas del joven. Y pájaro de fluido vuelo, en decisión rezagada, se alzó en vuelo sensual y anidó ahora osada y ya posesiva, en el vientre plano del joven. De ahí saltó decidida a la zona de piel sensible, donde sabía sería captada con violenta sensualidad su traviesa intención juguetona. Al torso del joven parapléjico. En esa piel latía la vida en plenitud y en libertad de otorgar entrega consciente.

Las caricias, ahora maternales, se posaron aquietándose, en los labios de miel del joven. Allí se quedaron mórbidas.

La fuente de las caricias era una mujer con su vivir en el recodo donde se aúnan las ansias de la juventud y la ternura reposada de la madurez. Ella era ciega. Paciente ambulatoria, de ese hospital, cuyos propietarios buscando aire puro para sus moradores, lo habían asentado en la cúspide de la montaña. Ella caritativa, se adentró en la soledad del joven al observar a través del tiempo, que jamás fue visitado.

Dijo la ciega ahora:

“El azar ha juntado en este lugar. A mí, mujer experta, y nunca saciada, en las amorosas lides, con su vivir ya en avanzado andar y con acopio de ternura exigente por ser entregada. Y a ti, joven pleno de ansias que desconoces y virilidad en ruborizado inicio. Lujuria, es aún un indócil animal y extraño a tu sensibilidad. Sensualidad, es tan solo un nombre exótico a tus oídos imberbes. ¿Erotismo? Es tu libro misterioso de sello hermético. El sentimiento de amor puro, para ti sólo es literatura y sueño de locos. Hondo es mi lamento de tristeza, [tú no percibes aún la tragedia que te atenaza] cuando visualizo como accederás en tu transcurrir, sólo a lo esencial. Negadas te son las distracciones y adornos superfluos y engañosos pero que aligeran la carga de nuestras espaldas. Saltarás, sin conocer los extravíos y diversiones vacuas de la edad intermedia, desde la época del balbuceo y asombro a la ya depurada y sabia de la edad última. Sabiduría que recogerás en tu solitario mirar desde la vera del camino, a donde fuiste violentamente apartado, en tanto te anonada el arrollador paso de los libres de mácula física. Quienes no tendrán tiempo de concederte su atención. Tus lacerados pies no disfrutarán jamás el espacio de tiempo intermedio entre niñez y muerte que es donde habita la amable convivencia y el disfrute de sus aderezos prescindibles, pero tan gratos y que liberan al humano normal del no buscado ascetismo, sólo propio de fanáticos que nada se conceden y todo se lo prohíben en su afán salvaje. La diferencia contigo, es que esos iracundos seres, toman opción voluntaria entre el dulce camino y su torpe vía estrecha. No tendrás si, en cambio, la tarea de des-aprender experiencias que recargan nuestra alma inútilmente a lo largo de la azarosa vida. El imperio ominoso que ejercerá sobre ti la soledad devastadora probará exigente, tu corazón. Inexorablemente lo quebrará o hará de él una zarza ardiente de jamás extinguido el sagrado fuego. Empero nuestra sensual relación hará cálido tu inicio. Dulcemente tu aprender estará libre de mezquindad y malicia. Mi piel, agudizada hasta el dolor extremo su sensibilidad, motivada por mi ceguera oscura, te brindará el placer intenso que alienta dentro de mí. Seré tu amorosa guía y maestra. No te defraudaré. ¡No!

Disuelve el pasado, no recuerdes el futuro. Sólo manifiesta tu presente. ¡Es la totalidad de tu tener!

Embriágate joven amado, toma ya, mi seno tibio, imprégnate de su aroma deleitoso. Sumerge tu rostro y aspira delicada vida. No hables, no pienses, déjate tan solo llevar. Tiempo largo tendrás para dudar, pensar y sufrir.

Toma, con intuición, mi pensamiento emergente cuando en su recién gestar aún es trémulo y virgen, su forma es incipiente y sin modelar. Y condúcelo hasta la máxima altura de tu ola, sé tú su generar, diséñalo a tu íntima manera y retórnalo enteramente tuyo, yo lo recibiré nuevo de ti con asombro maravillado. Seré tu gozosa hembra donde pastarás en serenidad, o si te place mi señor, serás dulcemente mi cruel dueño.

Aduéñate de mis grietas insinuantes. Conoce los misterios de mis hendiduras. Humedece generoso mis surcos áridos, cambia la forma de mis ondulaciones, compenétrate de mi aroma, sáciate en mí sin sombra de vacilación ni de culpa. Aplasta y oprime mi cuerpo con tu cuerpo. Mi ansia con tu ansia. Sé mi señor dominador, libera tu poder. Y hunde anegándome, tu carne en mi carne que hoy es para ti. O sé para mi, gentil como Salomón el sabio lo fue, con la altiva y luego sumisa reina de Saba.

Mágicamente permite que el delirio y la fantasía loca, sea nuestro hoy. Avasallemos la pesadilla agónica que anida en los deprimentes muros que lloran su miseria en humedad corrosiva. Muerde la libertad y agárrate a su hálito. Antes de que caigas de ineludible manera en manos de sabios terapeutas que te buscarán con ansia de caníbal y oprimiendo tus alas nunca desplegadas, te convencerán de lo distinto y reptante que eres. Antes de que el indiferente afuera te imponga su ley, y te diga que eres nada. ...¡Sé Tú! Y yo…dueño mío por hoy: Seré cautiva y cautivadora. Llevaré mi creatividad sensual a excelsos campos verdes e ilimitados que serán tu gloria. Conocerás bajo mi tutela, el pleno de insidia y alambicado erotismo, destinado a los escasos iniciados en arte tan sutil. Serás el amo atónito de mi universo. Guiada por experta y sutil ceguera, cada yema de cada mano mía, posada en el lugar más ardoroso y sensible de tu cuerpo, será torturadora exigente. Recorreré yo, con apasionado ensimismamiento tu piel insensible y clamaré y exigiré pertinaz al Dios ‘el Poderoso’, por vida para tus miembros amados. Gritaré con mayor elocuencia y tenacidad, que aquella con la que Miguel Ángel tuvo para con su Moisés de gélido mármol. Recién apartaré mi cuerpo de tu cuerpo, cuando mi ojo opaco y mi corazón me digan que el hálito vital está en cada poro tuyo.

Mi intuitivo ciego ojo conocedor, te recorrerá una vez y otra con arrobada y lenta admiración. Mi labio, mi boca, se posarán suaves en lugares deliciosamente prohibidos, a los que sin aviso asaltarán febriles y nerviosos, exigiendo y mordiendo hasta que rindan su último espasmo, y pidan por piedad que mis agresivos ejércitos victoriosos se replieguen. Fortaleceré tu espíritu con mi apego al vivir. Impediré que cuando abandones estos yermos muros impregnados de crueldad indiferente, caigas sin armadura en ese mundo que te aguarda. Mil veces más sórdido, que para los otros, para un inválido como tú. Tratará de destruirte con letal y mortífera arma: “Su indiferencia generadora de yerma soledad. A ti, niño mío, con un saber tan escaso. Conoces apenas la potencialidad de tu cuerpo y la transparencia de tu alma. Ambos no probados aún en las ásperas lides. Pero debes saber -Y jamás olvidar, lindo niño mío- que el disfrute del calidoscopio de placer que yo te ofrendo con cariño y amistad, si bien no lo capta a fondo tu cuerpo de sensibilidad restringida, sí está en el poderoso y libre vuelo de tu mente. En ella radica el todo. El afuera no podrá prevalecer contra ti, si pones en tu mente , el convencimiento de que Tú eres Tú.

El joven la miró largamente. Con ternura amorosa y conciencia del arduo y áspero sendero que le aguardaba hacia el entender. Y supo que estaba en el inicio adecuado. Al esbozar la sonrisa dulce, su rostro irradiaba una suave y antes no conocida paz.

 

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