| Andrés Calamaro y su nuevo reto: Tinta roja |
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| por Paul Medrano | ||||||
| 09 / 2006 | ||||||
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A Diana, mi cazadora La bronca estriba en que esta producción no es tan ecléctica como Alta suciedad, tan roquera como Honestidad brutal, ni tan extensa como El salmón. Quizá tenga algo que ver con El cantante, en el cual Calamaro rescata del olvido algunos temas harto conocidos, –algunos de éstos, tangos–, pero los interpreta desde una perspectiva acústica. Pero en Tinta roja, Andrés se lanza, quizá, a uno de los retos más claros de su carrera: desnudarse de guitarras eléctricas y baterías para interpretar tangos clásicos, sólo cobijado por una guitarra flamenca, piano, armónica, un tímido sax y su maltrecha, pero aguerrida voz. Pero tal parece que a Calamaro le gusta enfrascarse en nuevos desafíos: en El Salmón se empecinó en grabar 104 canciones, incluidas en 4 compactos, una auténtica mentada de madre para el escucha común y corriente acostumbrado a los discos con no más de 15 cortes. O también, la expectativa que generó la grabación de Honestidad brutal, al conocerse que era el disco más caro de la historia del rock argentino, el cual finalmente, cumplió. Para su nueva producción, en el que el tango es el único protagonista, Andrés contó con la participación del guitarrista flamenco Niño Josele y la viola de Juanjo Domínguez. Asimismo, otra vez tuvo en la producción a Javier Limón (productor de Lágrimas negras de Bebo Valdés y Diego El Cigala ) Temas como El día que me quieras, Mano a mano, Nostalgias, Como dos extraños (en dos versiones), Sur, Por una cabeza, Milonga del trovador o Melodía de arrabal, al igual que Tinta roja , que da título al álbum y que, además, hace referencia a cómo le gustan a Calamaro las canciones: "Escritas con sangre, con el corazón". Pero este disco también representa una bronca para los seguidores del género, porque dada la interpretación de Calamaro, Tinta roja podría parecer insolente y hasta burlón, por mencionar algunos ejemplos: el sarcástico coro de ebrios en Por una cabeza, que repite cual letanía las estrofas o la armónica simulando un pobre bandoneón arrabalero en ese mismo corte. Además, la voz de Calamaro –al igual que la de Sabina o Dylan– es mala y con el tiempo ha empeorado. Eso ya lo sabíamos, mas para el escucha estándar, la propuesta y garra que pone Andrés podrá parecer una burla, sin tomar en cuenta que lo desafinado es una marca de origen, un sello de fábrica que da autenticidad plena al producto. En la conferencia de prensa donde presentó su nuevo disco, Calamaro admitió que tuvo que hacer un gran esfuerzo para que los instrumentos "no me pasaran por encima". Conciente de las características de Tinta roja aseguró que no será "sencillo tener una crítica unánime en Argentina", por las interpretaciones "ásperas" que hace de los tangos inmortales que seleccionó y dijo que sospecha: "El rock es en realidad lo único que yo sé cantar". No obstante, la selección de los temas es más que atinada y ortodoxa. La grabación, a pesar de lo reciente del disco, refleja que el producto no se oxidará rápidamente. Los arreglos muestran meticulosidad casi artesanal. Y las melodías, transmiten el sentimiento y la apasionamiento del género. Mucha entrega de los músicos, lo cual siempre se le agradece a Andrés Calamaro. Mucho cuidado en la estética de cada corte. Tangos escuchables y disfrutables, porque cada cosa está en su lugar, así es Tinta roja.
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El nuevo ataque acústico de Andrés Calamaro ya está aquí. Mas no se tome este dato como una buena noticia. Porque el argentino ha decidido retar la paciencia y horizontes musicales del escucha. Se trata de Tinta roja, un álbum con apenas 10 cortes, finamente elaborados en la casa del mítico exponente del género Juanjo Domínguez, a manera de bendición.

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