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Sin dios, no hay pecado Imprimir E-Mail
por Gabriela Pérez   
10 / 2006

Madeinusa

Año: 2005. Nacionalidad: España-Perú. Duración 100 m. Dirección: Claudia Llosa. Intérpretes: Magaly Solier (Madeinusa), Carlos de la Torre (Salvador), Yiliana Chong (Chale), Ubaldo Huamán (Cayo), Melvin Quijada (Mauro). Guión: Claudia Llosa. Fotografía: Raúl Pérez Ureta. Música: Selma Mutal.


«Es tiempo santo, dios está muerto y no nos ve. Hasta que resucite, no hay pecado». Esta es la premisa de todo aquél habitante Manayaycuna, poblado perdido en algún lugar de Perú.

ImageDon Cayo, el mayordomo del pueblo, duerme todas las noches en una minúscula cama entre sus dos hijas adolescentes, las atrae a su cuerpo, y espera, espera la llegada del viernes santo . Mientras, prepara y organiza la fiesta. Todo comienza con la coronación de una de las jóvenes mujeres del pueblo como la Virgen. Entre las aspirantes, las dos hijas de Cayo, Madeinusa (Magali Solier), y Chale (Liliana Chong), visten como todas, con túnicas y adornan con coronas su cabeza. La elegida, es también la preferida de su padre y depositaria de los celos de su hermana. Madeinusa, es una especie de cenicienta que sueña con ir a Lima en lugar de vivir en un castillo, y que por amuleto de buena suerte no tiene un hada madrina, sino ratas muertas.

Con la anécdota básica de una comunidad cerrada y un extraño, que perturba y provoca, Madeinusa presenta una visión particular de la cosmogonía andina. Aún cuando la crítica señala en este tratamiento una dolosa descripción de las tradiciones indígenas del Perú. Claudia Llosa, logra en su primer largometraje, trasladar su propio guión a la pantalla con un acercamiento en el que no existen juicios ni sentencias.

Los sucesos se catalizan por la llegada de Salvador al pueblo, un joven limeño varado en la zona, que se ve obligado a permanecer recluido ante la molestia de los lugareños por la presencia de un extraño durante las fiestas.

Los ritos presentados con una composición, algunas veces más afortunada que otras, recuerdan el irreverente surrealismo de Luis Buñuel . Salvador escapa de su prisión para encontrarse como testigo de la procesión sobre el camino de piedra en la que, en silencio, el pueblo sigue a la virgen que con lágrimas brillantes llora a su hijo muerto. Esta virgen que no necesita príncipes salvadores, encuentra sin embargo en el joven, el camino para acercarse a Lima . Se baila de manera pagana alrededor de castillos de fuegos artificiales, se bebe y se fornica, mientras la virgen se levanta las ropas santas y se entrega al extraño. Este personaje, se convierte en el cordero de dios del juicio final. Sin duda, esperaremos con interés el siguiente trabajo de la sobrina de Vargas Llosa.

 

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