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Entrevista a Álvaro Mata Guillé Imprimir E-Mail
por Celia Gómez Ramos   
10 / 2006

El pulso del cuerpo, la necesidad. Un tacto de lo político y de lo literario.

“Si las palabras no tienen fuerza, es mejor quedarse callado”: Álvaro Mata Guillé.

¿Por qué Chavela Vargas rompe tanto con Costa Rica, que se dice mexicana?

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Defensor del “vos”, aunque crítico de lo propio, Álvaro Mata Guillé, escritor, editor, director de teatro que no va al teatro, en este momento en que la interdisciplinariedad es respuesta a esa negación por etiquetarse, autor de “Debajo del viento” y “Escenas de una tarde” -esta última llevada a escena-, va en ellas de lo público a lo privado, de lo político a lo interior, de lo social a lo individual, de la observación a la intuición, del universo al ser humano único, que busca respuesta a: ¿Se puede ser feliz? Y se cuestiona, durante una visita a México –en la que aprovechamos para entrevistarlo, y en la que participa en un Encuentro Internacional sobre Ibsen, en un Festival de Poesía: “Abbapalabra” y con un taller que introduce en la novela El Quijote-, preocupado por las cuestiones de la identidad y en esa faceta suya como editor ¿por qué Chavela Vargas rompe tanto con Costa Rica que se dice mexicana?, por supuesto, él es costarricense. Como perseguidor de huellas, señala que “estamos hechos para no comprometernos” y educados para permanecer en una normalidad “que aplasta todo lo anormal que prevalece en uno. Sobre todo en estas culturas nuestras”... De cuestiones políticas y sociales sostiene que “a nadie lo educan para ser un demócrata, a todos nos educan para ser autócratas”, mientras que en el ámbito de la palabra, comenta que “si las palabras no tienen fuerza, es mejor quedarse callado” y que por si fuera poco “las palabras siempre se destiñen”. Detesta la hipocresía del ambiente literario y los premios lo tienen sin cuidado.

A un entrevistador radiofónico se le ocurrió preguntarle alguna vez: -Álvaro Mata, ¿usted mata? Después de conocer esa anécdota, no pudimos más que tratar de hacerle una entrevista poco formal, pero Mata no se salió de centro, aprendió que la seriedad no da margen a un entrevistador adicto a provocar. Aunque él se reconozca como un gran preguntón, incluso molesto. Observen ustedes si lo pudimos hacer un poquito desdichado con nuestras preguntas, o tiene bien aprendida la técnica.

PalMal.- ¿Qué nos puedes decir sobre “Debajo del viento” , publicado en Venezuela en 2005?

Mata.- No tengo mucho qué decir, los que podrían decir son los lectores –hace una pausa, luego de su respuesta instantánea, recapitula y vuelve a la pregunta: Cuando uno escribe, le pasan muchas cosas por la cabeza, por el cuerpo, hay unas que uno sabe y otras que no, pero están ahí. Quizá este texto se inició como una pregunta en un país como Costa Rica, que al igual que todos los países de Latinoamérica, tiene sus traumas, sus complejos, sus miedos, sus ambiciones. Empezó tratando de visualizar qué era ese país, pero cuando uno se va metiendo en los pliegues de la historia y va más adentro, salen cosas, aquello que uno siente que forma la historia de ese país. Aunque en realidad no sabemos cuál es la historia que nos hace ser o estar en el aquí y ahora.

PalMal.- ¿Acaso el escritor no puede separarse de la parte social, de la parte humana?

Mata.- Nadie puede separarse de lo humano, todos lo somos y todo lo que hacemos es parte de eso. Los que matan, desdichadamente, son tan humanos como los que no matan, los que odian son tan humanos como los que dicen amar..., eso es el ser humano, es absurdo fragmentarlo. Obviamente tenemos que privilegiar alguna manera de ser, que nos permita convivir de una forma digamos: decente, en la que todos podamos ser, pero el ser humano es una compleja gama de cosas, no hay nada que hagamos, ninguna parte que no lo sea. Sería mentir si alguien dice que no siente o se comunica con todas esas cosas tenebrosas y secretas que todos tenemos, que nos hacen, como también que nunca ha visto nada luminoso en su ser. Uno no se puede abstraer ni sustraer, alejar o escapar de esas sensaciones que están ahí; lo que sí se puede hacer es priorizar o dar un énfasis a algunos elementos que nos conforman, que no son necesariamente las doctrinas, los dogmas o las creencias, sino todas esas cosas misteriosas, extrañas, que lo habitan a uno y que nos hacen descubrir nuestra transitoriedad.

PalMal.- ¿Cuándo te das cuenta de que necesitas escribir?

Mata.- Sorprendido sonríe y contesta en seguida: -No me doy cuenta, lo hago, simplemente tengo una cosa en mi cabeza, una obsesión, una imagen y quiero sacarla, describirla, investigarla.

PalMal.- No, ¿pero a partir de cuándo, a lo largo de tu vida, de tu trayectoria, te das cuenta que escribir es una necesidad para ti?

Mata.- Si busco en mis recuerdos o hago remembranza del por qué escribí, no encuentro nada, simplemente lo hice. Son cosas que tenés ahí adentro, como fantasmas que te poseen. Esas imágenes, esas sensaciones, me han seguido o han permanecido todo el tiempo, de alguna manera las voy plasmando en las cosas que hago; tanto en teatro como en la escritura, como en lo que digo. No sé si me doy cuenta que lo hago, simplemente uno lo hace o por lo menos así es en mi caso, sin darme cuenta, pero ese no darse cuenta está ligado a interrogantes, a preguntas, a asombros que te ligan a la historia, a la prehistoria de la humanidad, me atan al nosotros en todo el sentido de la palabra. Por esas preguntas me he vinculado a la arqueología, a la historia de las religiones, a la historia de los países y sus culturas, a la poesía, a la novela. Es una búsqueda que no termina, que no se acaba nunca.

PalMal.- En “Debajo del Viento” hablas de incesto, de muerte, de violación, de silencios ¿por qué? ¿Ves la vida encaminada a la destrucción?

Mata.- Te voy a poner un ejemplo, quizá un poco grotesco: Un día de estos preguntaba cómo eran nuestros abuelos o tatarabuelos, lo cierto es que la gente idealiza. -¡Ah, éramos más sencillos!, ¡éramos más humildes...! me respondían. Sí, pero los padres de los padres también violaban a sus hijas y a sus esposas, también había incesto, estupro y cuantas cosas más. Trato de no idealizar, la construcción de las culturas ha sido grotesca, violenta. Hay una combinación de muchos factores, esa es la relación, una relación de confluencia y así se ha construido la humanidad. Ahora, me pregunto, ¿quisiera volver a ese pasado?, pues no, pero tampoco el presente es mejor ni peor que ninguna otra época, en el ahora y aquí tenemos más cosas, una diversidad múltiple de recursos tecnológicos y técnicos, pero sigo pensando que los seres humanos somos igual de desdichados, igual de tontos, igual de necios, seguimos haciéndonos cosas desagradables y algunos gestos nobles. Sigue aglomerándose en torno nuestro, una cultura que nace de nuestras pulsiones, de nuestras necesidades y eso es lo que prevalece, aunque se oculte. El ser humano es eso, necesidad de sobrevivencia, pulsión por sobrevivir.

PalMal.- Hablas de las preguntas, y en “Debajo del Viento” hay una pregunta que haces: ¿Se puede ser feliz?

Antes de que concluya la pregunta, ya está comenzando a balbucear respuesta:- Mmmmh.

PalMal.- ¿Y cuál es la respuesta?

De inmediato responde un contundente: -No sé.

PalMal.- Sí, ¿qué respuesta existe, después de lo que me estás diciendo?

mt_ignore:Mata.- No sé si se pueda ser feliz, no sé si alguien lo sea –dice reflexivo-, quizá la gran revolución de estos días, el verdadero revolucionario de nuestro presente, es el que intenta ser lo que quiere ser, lo que siente que tiene que ser. En mi caso, me siento bien con lo que hago; no puedo estar metido en una oficina, no me agrada la política, no me agrada el bullicio, no puedo hacer un montón de cosas que normalmente la gente hace, porque me siento perdido, atrapado. Prefiero hacer otras cosas, porque así me siento mejor en medio del desasosiego y las conversaciones con la muerte, quizá ahí, en encontrarse a sí mismo y haciendo lo que le gusta, encontremos algo de felicidad. No creo que debamos hacer de la felicidad un absoluto, la sociedad y el mundo nuestro nos obligan a ser felices, sin darnos cuenta que esa obligación nos hace desdichados. Deberíamos de apaciguar esos absolutos, dejar de lado esas obligaciones tan grandes y tratar de sentir, de volver los ojos a nuestra interioridad a lo que querés ser y buscarlo. Deberíamos caer en la cuenta que la vida es corta y es sólo una, que no valen la pena tantas grandes cosas, sino las pequeñas, las que empiezan por resolver lo que uno quiere, la que se pega a los instantes, y hablo de uno mismo, no de nuestros padres, ni nuestros políticos, ni nuestros dogmas.

PalMal.- Hablas de los instantes, ¿entonces para qué hablar de sentimientos? Si duran más.

Mata.- Sentimientos -repite descreído. Yo no sé si los sentimientos duren más o menos, tal vez lo que puedan durar más son las pasiones, pero las pasiones son ciegas y tontas la mayoría de las veces. Además, deberíamos distinguir cuando lo que llamamos pasión, es pasión u obligación. La cultura, que niega el cuerpo y niega vivir en el presente, intenta en el lenguaje y todos lo intentamos, eternizar los momentos. Cuando alguien dice: Te amaré por siempre, en realidad lo que está diciendo, es que ese momento que está sintiendo y viviendo, que lo vive como cierto, quiere que permanezca siempre, pero para que algo permanezca siempre, hay que paralizarse, inmovilizarse, pero la vida se transforma, es otra en cada momento. Hay tantos personajes de novelas o tantos personajes de la vida real, que viven en la eternidad, se eternizan aferradas a un momento que ya no existe, quizá existan algunos recuerdos, imágenes que se repiten como una sensación, así que... Yo hablo de un sentir, de cosas pulsionales, de sensaciones, pero cuando se empieza a hablar de sentimientos me alejo un poco, porque esos llamados sentimientos, están muy manoseados por la cultura y la axiología que manipula esas sensaciones y las intenta atrapar en la ilusión, en la banalidad, en la sensiblería, en el ideal. En lo que muere en sí mismo.

PalMal.- Es cuestión de sensaciones...

Mata.- Sí, es más corporal. Para mi es más sensación, más percepción que sentimiento. Hay tantos valores en torno a los sentimientos, tanta manipulación de ellos, que cuando mucha gente dice sentir, en realidad no siente nada o se obliga a sentir, es decir, se corrompe a sí misma. Quizá hay que darle más importancia a la sensación que tenés de vos mismo, de tu entorno, de la gente que se relaciona con vos, y con eso determinar hasta donde querés ir o llegar. Hablo de instantes, porque la vida está hecha de ellos, ¿qué te queda del pasado? Unas imágenes, unos borrones llamados recuerdos, ¿qué sabés del futuro? Nada, no sabemos si llega o no llega. La vida se resume, se sintetiza en el momento en que estás, si estás logrando hacer lo que querés en términos existenciales o vivenciales.

PalMal.- También señalas en “Debajo del viento” que las palabras se destiñen.

Mata.- Sí, todas se destiñen y todo se destiñe con el tiempo.

PalMal.- Y entonces yo te pregunto, si es así para ti, ¿por qué escribes?

Mata.- Para tratar de fijar esa ambigüedad, esa extrañeza que hay en todo lo que decimos y hacemos, en todo lo que nos rodea. Creemos que el lenguaje fija las cosas, pero no las fija, es una referencia sobre lo que percibimos y tratamos de decir. Eso es lo que intento al escribir: atrapar esas imágenes, esas sensaciones, y sé que se destiñen igual, que se escapan, como el agua, como el viento, como la vida, sé que se pierden igual.

PalMal.- ¿Incluso se destiñen –las palabras- para el propio autor?

Mata.- Claro, por supuesto. Las palabras se escapan, siempre dicen y no dicen. Quizá lo que quede en ellas cuando escribimos es un eco, el reflejo de una remembranza. A lo mejor creo que ya lo logré, pero cuando vuelvo a leer me doy cuenta que no hay nada, porque en todo caso es una ficción, un invento que no existe. Lo que sentimos nunca va a estar, pero tampoco está en la palabra, lo que sentís lo sentís: como lo explicás, como hacés para intentar describirlo... Es como una obsesión que tiene uno al escribir o al hacer teatro o hacer danza, la obsesión de fijar esas sensaciones, esas imágenes, esas vivencias, esas búsquedas, ese no decir que dice en un cuadro, en una frase, pero se esfuma y no permanece, sólo en la ilusión de lo eterno, pero es una ilusión.

PalMal.- Y ya que nunca está, cuéntanos algo de lo que aun está de “Escenas de una tarde”, y ¿por qué elegiste como protagonista a un personaje femenino?

Mata.- Muchas veces no hay nada especial en lo que motiva aquello sobre lo que uno escribe o lo que uno hace. Un día, hace muchos años, una actriz amiga mía, me dijo que quería que le hiciera un monólogo y le dije sin pensarlo mucho, que sí. Creo que la literatura es una literatura, no hay literatura de mujeres ni de hombres, ni de Costa Rica ni de México ni de Francia. Es Una. Desde esa perspectiva me senté a escribir un monólogo para una mujer. Y así, cuando empezás a pensar en qué puede estar haciendo un personaje más o menos en esa época en que lo conceptualizaba, como a los 40-45 años, y uno sabe que hay ciclos en la vida; pensaba que en ese momento y por alguna razón, este personaje hacía una reflexión que repasaba lo vivido; que era un momento que se daba precisamente antes de ingresar a otra etapa, digamos ya hacia la vejentud. Así, empecé a descubrir cosas y escribí. Lo que sucede es que desde ese pedido a lo que se convirtió el texto después, hay un mundo diferente de por medio. Descubrir unas razones, te planteás otras y empezás a explorar la construcción de un personaje que nace en uno, uno lo alimenta, pero finalmente se aleja de uno y en un espacio, el personaje vive por sí mismo... Esa es un poco, la historia de “Escenas de una tarde”, una personaje o un personaje que un día está en la sala de su cuarto y ve por una ventana y mágicamente, plat, le cae toda su vida encima, esa vida que ella ha tenido, los por qué, sin descubrirlo realmente. Es un poco un repaso, un algo que creo que le pasa y la marca fuertemente, que no sé que es. Pero sé que algo pasó...

PalMal.- Es como una nostalgia, como lo mencionas en la obra: “Lo que más permanece quizá es la nostalgia”.

Mata.- Evidentemente la personaje tiene una relación fuerte con su pasado, una relación nostálgica, porque la nostalgia nos hace saber que un día no estaremos, no vas a estar; la nostalgia es la sensación que provoca la ambigüedad de estar y no estar. Ella lo sabe, es una característica que la viste, su vida es un poco diferente por ello. No se anda riendo tontamente, se ríe de todo y de ella misma; porque está conciente de su transitoriedad; pero esa transitoriedad no es un pensamiento, sino una sensación. Como todos, tiene sus momentos luminosos y sus momentos obscuros, y eso es lo que permanece. Eso tiene que ver también con el descubrimiento del tiempo, el tiempo es un pasar que no se detiene, aunque nos preguntemos si existe el tiempo viendo un universo tan detenido y tan viejo. Pero a lo mejor suceda aquello que decía Octavio Paz, no son los años los que pasan, sino nosotros..., ves, siempre reaparece una relación con esa ambigüedad, con ese desaferrarte de las palabras.

PalMal.- No nos acabamos cuando suponemos, física o visualmente que nos acabamos.

Mata.- Lo que pasa es que nosotros hemos sido construidos creyendo en nuestra unicidad, con la perspectiva de que uno es uno, que es un solo cuerpo, una sola mente. Pero sabemos que somos muchas cosas, y las palabras que estrechan al explosionar ante la realidad, hacen que te descubrás en algo mucho más vasto que la unicidad. ¿Cómo se es uno? Nunca lo sos, en la mañana sos de una manera, al ratito sos de otra, pero claro, estamos educados para que permanezcamos inmóviles en la normalidad, y obviamente que esa normalidad aplasta todo lo anormal que prevalece en uno, aplasta todo misterio, toda duda. Sobre todo en estas culturas nuestras, en donde siempre hay un deber ser pegado a la espalda y apoyado en la censura, una obligación para ser de tal manera, para tener una apariencia de tal, y claro, eso lo único que genera, y no lo ve la gente, es neurosis... Neurosis, esquizofrenia, gente insatisfecha. Es cuestión de ver los ojos de la gente, de todos los estratos y todos los lugares. No es un problema sólo de estos o de aquellos. Es un problema que atañe a todos. En los talleres que doy, donde intento que reflexionemos sobre estas cosas, se me viene a la mente, ahora que me preguntaste si ¿se puede ser feliz?, que algunas veces hago la misma pregunta, llego al taller y digo: Levante la mano quien es feliz –da un espacio teatral para continuar, mientras observa en distintas direcciones y agrega-, nadie levanta la mano nunca. Uno se preguntará porque, por timidez, por temor, por vergüenza, por las mismas censuras que llevamos dentro, o a realmente nadie lo es.

PalMal.- ¿Qué es lo primero, ser director dramático, escritor, editor? ¿Por qué la interdisciplina?

Mata.- La literatura me ha llevado a todo lo demás. Me llevó al teatro, me ha llevado a editar cosas, publicar otras, por ejemplo hacer una revista y me sigue llevando a muchos lugares; -toma aire, como recordando-, me decía Rafael Cadenas, el poeta venezolano, que él se siente más lector que poeta o que escritor, y yo creo que muchas veces uno tiene más esa sensación. Yo me acuerdo, que “chiquillo”, si hago memoria, el primer libro que compré en mi vida fue de genética, porque quería saber a los 10-11 años, cómo era esto de la reproducción y los genes y las características humanas, claro, me resultaba mágico, junto con esto, compraba libros sobre la prehistoria, los dinosaurios, los fósiles, la paleontología. Me interesaba el espacio, como eran los planetas y por supuesto las estrellas. Una mezcla de muchas cosas. Eso es sólo el primer dato. Eso me llevó a muchos otros terrenos, siempre sobre la lectura y combinando lecturas; salieron estas imágenes, que a lo mejor ya estaban ahí, y uno trata de plasmar. Lo que puedo decir es que siempre he sentido una gran curiosidad por todo. Soy un gran preguntón que muchas veces molesta, porque me interesa saber, inquirir sobre las cosas, los acontecimientos, saber quiénes somos.

PalMal.- ¿Y te contestan?

Mata.- La mayoría de la gente no responde, no le gusta responder o responde mal... Estamos hechos para no comprometernos, para no exponer lo que sentimos. Si te das cuenta en eso que te digo, hay una gran negación de uno mismo. Si uno siente tal cosa, debería simplemente decirlo; pero no, se niega. Esta historia de lecturas me ha llevado a muchas cosas, después de esas visiones muy cientificotas que leía, libros de ciencia e historia, donde más he encontrado cosas fue en la novela. Ahí hay tantas investigaciones, tantas experiencias, cosas que me interesan por una u otra razón y que dan pie a la creación de un mundo, a la invención del mar, como dice el poeta francés Serge Pey; de ahí, llegué o me aproximé a lo que podría decir que escribo, que puede ser poesía, puede ser teatro o todo lo demás. Y, ¿por qué tantas cosas?, porque todos tenemos una gran cantidad de inquietudes, de asombros, de misterios que nos obsesionan, de sensaciones que nunca terminamos de explicar...

PalMal.- ¿Tú te podrías catalogar?

Mata.- No sabría qué decir, pues no sé con exactitud que soy o a qué me dedico. No sé si soy más director de teatro, que me parece un título muy grande; o un escritor, que también me parece muy grande. No lo sé. Sólo trato de satisfacer mi curiosidad, mis preguntas, mis dudas y plasmar deseos e imágenes, ya sea leyendo, escribiendo, haciendo teatro o produciendo o investigando hechos, sucesos que expliquen la historia, tanto de mi país, como de Latinoamérica o el mundo. No creo que me pueda catalogar; no creo que alguien lo pueda hacer. Eso también está relacionado con la manera como veo las cosas. Cuando estaba en el colegio, que es una de esas grandes calamidades que todos tenemos que pasar, te definían todo, y uno pensaba, que raro, esta definición nunca encaja con la realidad, con lo que me rodea. Creo que todo es así. ¿Qué es una novela?, ¿qué es un poema?, ¿qué es una obra de teatro? No sé... ¿Qué hay de relación en cada una de esas ramas?, si lo sé. Hay obras que no son obras y hay otras que sí lo son, hay algunas que intentan introducirse en los problemas literarios, teatrales o poéticos y otras que no, son cosas diferentes. No se puede definir que es una novela, pero si te puedo decir que no es una novela o qué no es un cuento, qué no es una obra de teatro. La mayoría de autores que hay en el mercado, de lo que se llama teatro, poesía o narrativa, pues no lo son, simplemente son objetos del mercado y objetos de la propia mediocridad nuestra. Eso hay que tenerlo claro.

PalMal.- En tu labor editorial, Álvaro Mata, ¿cómo decides que texto publicar? Debes tener algún proyecto específico o alguna orientación determinada para textos que se publican.

Mata.- En la editorial, que se llama Aire en el Agua, que viene del título de un libro de Breton, nace como nace cualquier otra cosa, es decir, te planteas qué estás haciendo aquí, qué es lo que está y observas que no te gusta de eso que está; porque uno se da cuenta que hay vacíos editoriales, siempre los hay, es lo natural. No pienso el problema editorial en un sentido del mercado, sino hablo en el sentido de las formas de expresión en un momento determinado. Hablo desde el punto de vista Costa Rica, pero no necesariamente sólo de ahí, porque finalmente, es un vacío que encuentro en México, en Argentina, en muchos lugares. Y ¿cuál es?, que hace falta una revisión crítica de nuestra cultura, de nuestra historia y estar replanteándose, pero no buscando una solución, sino reentendiendo, y lo que tenemos son un montón de repetidores que paralizan la memoria y el conocimiento, un montón de burócratas de la cultura que viven de ella y desprecian a los artistas. Hay gente muy académica que se olvidó de pensar, de imaginar, refugiados en unos papeles que llaman títulos, en un montón de citas que no citan nada ni llevan a nada, en última instancia, estos procederes que señalo, no obedecen a esas preguntas del quienes somos o quién sos, de dónde venís, cómo se forma todo eso o cómo hemos llegado a todo esto. La editorial surge tratando de dar espacio a poetas y pensadores, que uno considera que tienen una voz fuerte, que tienen algo que decir, y también dar espacio a proyectos varios, por ejemplo: Hay un proyecto que tiene que ver con cuatro personajes que se vinieron de Costa Rica a México, uno está vivo y tres ya murieron: Eunice Odio, Yolanda Oreamuno, Ninfa Santos y Chavela Vargas, y ¿qué característica interesante tiene esto? Que en los años 40 más o menos –del siglo pasado-, las cuatro rompen con la cultura de Costa Rica, y me preguntó ¿por qué? Entonces descubrís cosas, una de ellas es que la coyuntura política de los años 40 es similar a la que vive Costa Rica en estos momentos, por muchas circunstancias -políticas, sociales- al igual que en los años cuarenta, los políticos y los analistas se olvidaron de la realidad. Tenemos un presidente autócrata que deja de lado los hechos, y está propiciando, según lo veo, un profundo desgaste en las instituciones, la convivencia social en Costa Rica se ha deteriorado, estamos sumergidos en una profunda crisis que afecta todas nuestras instituciones y que es una situación que se acerca a la ingobernabilidad. Ahora, en un segundo lugar, vale preguntarse, tomando en cuenta estas características que menciono, ¿por qué estas personalidades tan fuertes, tan contundentes, digamos unas más que otras, rompen con esa cultura, la critican, la despedazan, es más, rompen tanto con ella, que se llega incluso al desprecio, así Chavela Vargas se dice mexicana? No la critico, sólo trato de comprender cómo hemos sido formados y las circunstancias que nos rodean e influyen en lo que hacemos, en el cómo somos. En todo caso tampoco creo en eso de las nacionalidades, hablemos más bien de puntos de referencia, vengo a México y me siento mexicano, si estoy en Colombia me siento colombiano, o venezolano... son referencias medias tontas que tenemos, que nos hemos inventado, para decir que ocupamos un lugar en el mundo, cuando no sabemos en que lugar del mundo estamos.

PalMal.- Eso no te importa, la cuestión de las nacionalidades; pero si te importa la cuestión del lenguaje –pues no deja de usar el vos.

Mata.- El lenguaje sí, pero –hace una pausa y continúa con la respuesta a la pregunta anterior, pues no ha terminado-, ves, entonces cuando veo todas esas cosas, me pregunto por qué rompen, por qué se van. Empiezo a investigar sobre ellas y su vida acá –en México-, con gente que las conoció, y me encuentro un panorama que hago contrastar con lo que escriben, lo que dicen de ellas y su vida, y eso ilustra, de cierta forma, una época, como te digo, ilustra una época que pasó y formó particularmente mi país, y al hacerlo, curiosamente también ilustra el presente de la Costa Rica de hoy, sus decadencias y sus vacíos. Ese es un proyecto editorial, son cuatro libros que vamos a publicar, donde de alguna manera estamos analizando períodos que han sido y son importantes en este momento para Costa Rica, son vacíos existentes. A mí, en sentido editorial, no me interesa el mercado como un punto de venta, sino como relación, como conversación entre memoria y tradición, como diálogo con nosotros mismos. Ahora en relación con tu pregunta, el lenguaje nos hace, eso somos, imágenes hechas por los sonidos que se articulan en frases, crecí hablando de cierta forma, renunciar a eso es casi renunciar a mí mismo, no tengo por qué hacerlo y vocear me agrada, más que el tuteo.

PalMal.- ¿Es cómo una memoria?

Mata.- Sí, eso es importante, la palabra memoria. Cuando perdés el ligamen con tu pasado, que es el que te da una perspectiva del ahora, te convertís en un espectro. No sabes ni de dónde venís ni a dónde vas. Si hay algo que nos ha hecho sobrevivir y llegar a donde hemos llegado, es acumular el conocimiento, eso se llama memoria. Cuando esa memoria no existe, tendrás que repetir la historia hasta la saciedad, sin que te des cuenta, porque hay que volver a empezar. Nos olvidamos fácilmente de nuestros traumas y de nuestras relaciones históricas, y creo que no es necesario olvidarse tanto. Olvidamos cuando hay algo que no queremos recordar, habría que preguntarse por qué nosotros no queremos recordar; sin embargo, al saber que vivimos un presente y lo asumimos, que hay conflictos complicados -políticos, sociales, culturales- no estaría mal volver los ojos a otros momentos de la historia, y ver qué ha sucedido. A lo mejor eso nos dé una pequeña luz de lo qué tendríamos que hacer en el ahora.

PalMal.- Tu piensas que los escritores..., y todos aquellos involucrados en las artes actualmente, además de su labor creativa, ¿deben hacer pública su posición frente al mundo y los acontecimientos, manifestar y expresar sus convicciones?

Mata.- Todos deberíamos manifestarnos de alguna manera. A todos nos afecta lo que sucede en el país en el que vivís; las acciones torpes de los políticos, los problemas sociales. Considero que la sociedad, aunque suene romántico, la hacemos todos, por eso creo en las manifestaciones sociales y las expresiones culturales, eso hace que una sociedad viva o se muera. No creo que haya o deba haber una obligación de opinar o no opinar, muchas veces no sabés qué decir, porque igual que todos, quedamos atónitos ante lo que pasa, pero sí creo que si algo tiene algún sentido o debería tenerlo, es entender, comprender que tus acciones afectarán a los demás, siempre, para bien o para mal. Hay que entender que vivimos en un solo mundo y si este mundo se destruye, nos destruimos todos. En ese sentido, no creo que haya un proyecto social que deba integrar sólo a los ricos o sólo a los pobres, todos convivimos y a todos nos afecta lo que hacemos, si no lo entendemos, seguiremos como estamos, viviendo en la indiferencia, explotándonos unos a otros, tratándonos mal y peor. Si eso es lo que queremos, ahí esta el resultado, ahí está lo que tenemos, lo que hemos logrado.

PalMal.- Consideras entonces que en el ámbito de las artes, todos deben manifestarse.

Mata.- No es que deban manifestarse o no deban, tampoco el que seás un escritor o no lo seás te debe obligar a un hacer o no hacer, todos somos parte de la sociedad: un intelectual, un poeta, un actor, un barrendero, un empresario y todos somos responsables de lo que ocurre o no ocurre. Todos construimos la sociedad. Quizá hemos creído que las culturas se construyen por alguien, una entidad, alguien ajeno, pero no, somos todos, cada uno de nosotros es el que las hace. Manifestarse debe entenderse como una posibilidad necesaria para la convivencia. Qué hacés, si por ejemplo, tenés un problema con tu pareja, un amigo, un colega, ¿qué vas a hacer? ¿Huir, salir corriendo?, lo que deberías hacer es enfrentar las cosas y encontrar una solución. La sociedad se construye, la convivencia nace desde la relación con tu pareja, con tu hijo, con tu madre..., cuesta mucho, porque a nadie lo educan para ser un demócrata, nos educan para ser autócratas, a nadie lo educan para convivir con lo plural, lo plural normalmente lo dejamos del lado. Nuestras sociedades las llamamos democracias, pero son bastante autócratas y parciales, puesto que todos creemos que el centro del mundo es él mismo y no pensamos en que somos uno más. Todavía tenemos un pensamiento Ptoloméico. El centro soy yo, la tierra es el centro, todo gira alrededor nuestro y el mundo gira indiferente a nuestras preocupaciones. Curiosamente nos llamamos demócratas sin ser demócratas, porque no ejercemos la democracia, no le damos derecho a nuestros hijos a opinar, no les damos derecho a los estudiantes a que opinen y disientan, no nos damos derecho a nosotros mismos a ser diferentes.

PalMal.- Además de estas, ¿qué otras preocupaciones u obsesiones tiene Álvaro Mata?

Mata.- Obsesión, no sé –toma aire, buscando cuáles. El problema del tiempo, el del acaecer, el de la historia, el de la identidad, el como funciona y está constituido el pensamiento, la neurología, el como respirar y para qué. Hay una basta gama de temas que me interesan y me intrigan, todos relacionados con las preguntas de siempre: quién sos o por qué estás aquí o adónde vas, e implica una reflexión hacia el interior de la cultura, como también hacia todo lo que no es la cultura y está en tu cuerpo. En el teatro por ejemplo, el material principal del actor es su cuerpo, en el cuerpo encontrás represiones y censuras culturales, por las creencias, por lo social y tenés que limpiarlas, dejarlas atrás, desestructurarlas si querés actuar, así ves con claridad esa relación cuerpo cultura. Todas estas cosas se relacionan con esa sensación que llamo de extrañamiento, que te hace ver el mundo algo distante, en su lejanía, en su ambigüedad.

PalMal.- ¿Cuéntanos sobre esta visita a México? Cada vez tienes más actividades por acá.

Mata.- Hay muchas razones para eso –dice sonriente-, México es una de las capitales culturales de Latinoamérica, indudablemente; la otra es Buenos Aires; hay algunas pequeñas: Bogotá, Caracas un poco menos, sobre todo ahora. Para un costarricense, entendiendo que somos parte de lo mismo, porque fuimos mesoamericanos y parte del reino de Nueva España, es importante establecer una relación con un espacio mucho más amplio, rico, que te nutre. No en vano digo que uno debe manifestarse, la manifestación de un ciudadano no es sólo decirlo, es nutrirse, es entender que no está solo y que hay otra serie de perspectivas diferentes a las de él y eso te hace madurar. Así que venir a México implica muchas cosas. Desde un inicio fue una necesidad vital encontrar interlocutores, comunicación, romper ese aislamiento tan enorme que tienen los países y más un país como Costa Rica, que ha sido un país encerrado en sí mismo, con una especie de autosuficiencia, de no necesitar a nadie; pero toda esta autosuficiencia lo que demuestra es miedo, incapacidad de relacionarse con los demás. Para mí ha sido desde hace 20 años en términos culturales e históricos, vital la relación con un espacio como México, intentando descubrir también, cómo es mi país, cómo es uno ahí, inmerso en esa vorágine del mutismo nuestro. Alrededor de ese proceso, y a través del tiempo, finalmente uno viene como una cotidianidad que te hace parte, es así como vengo a dar talleres, a participar en un recital de poesía, a dar charlas, y empezás a ser parte, a ser alguien que está aquí y aporta algo. En esta visita se han juntado varias cosas: Una, venir a participar en un Congreso Internacional sobre Ibsen, en el Claustro de Sor Juana, con una charla que se titula Peer Gynt, la búsqueda de uno mismo; en San Luis Potosí, se organiza un Festival de Poesía llamado “Abbapalabra”, desde hace dos años tengo contacto con el organizador y colaboro con él, nos vimos en Bogotá y luego en costa Rica, tras haber comenzado a hablar sobre una actividad que Baco Teatro Danza, el grupo de teatro que dirijo, organiza en Costa Rica: el Simposio Internacional Libertad y Poesía; él, Mario Alonso López, quería que le transmitiera la experiencia de nuestro grupo, e intentar desarrollarla en San Luis, con Mario Alonso hay muchas coincidencias que nacen de una preocupación por su comunidad y la razón poética de una comunidad, buscando enriquecer culturalmente nuestros medios, mediante el intercambio cultural. Abbapalabra es un Festival de Poesía en el que se visitan colegios, comunidades, se conversa con ellos, se lee, es decir, buscamos una razón poética, una razón para desarrollar nuestras imágenes, finalmente aparte de todo esto, Mario me invitó esta vez también a realizar un taller sobre El Quijote, y en eso andamos.

PalMal.- ¿Sobre qué del Quijote?

Mata.- Cada novela, cada texto, tiene su historia y ejes que la mueven. Para mí, El Quijote tiene un elemento en su inicio, que me describe y vuelve compleja la novela y la realidad: Don Quijote, sale un día furtivamente de su casa. ¿Por qué furtivamente? A todos nos dicen que el Quijote estaba loco -Bueno, si una persona está loca, ¿por qué sale a escondidas, será tan conciente que lo que va a ir a hacer es una aventura, un hecho fundamental de la vida, que para hacerlo, para cumplir lo que sueña tiene que salir a escondidas? Es sobre eso de lo que vamos a hablar.

PalMal.- ¿Buscas desbancar la tesis de muchos?

Mata.- Bueno, esa es una tesis que no es tesis, es una apreciación, nada más.

PalMal.- ¿De gente que no ha leído El Quijote?

Mata.- Sí, exactamente. La idea de este pequeño taller o los talleres que doy, ya sea en teatro, literatura, siempre tienen el norte de intentar conocer los secretos de las obras, entender su vida propia, que nace en la vida y las sensaciones, en las interrogantes, las pulsiones del que lo escribe, que tiene una lógica, una razón de ser, que no son ocurrencias ni fórmulas y así también nos descubrimos a nosotros mismos. Lo que se escribe es parte de nuestra vida y para vivirla, no tiene fórmulas, aunque muchas veces lo prefiramos, ante la incertidumbre de ser. Si intento ilustrar esto que digo, te puedo decir que ¿quién de nosotros cuando era niño no salía a escondidas, a jugar, a encontrarse con alguien, quién tan fácilmente devela sus secretos?... Si te descubrían era una calamidad, pero si no, lo que viviste era tuyo y no existiría jamás para nadie. Por eso uno esconde cosas, porque eso es tu secreto, tu privacidad, tu aventura, es algo personal, que ocurre en todos nosotros y sólo existe para cada uno. El taller se mete en eso, y de ahí llegaremos hasta donde se llegue, eso ya dependerá de los participantes.

PalMal.- ¿Hay algo que detestes del ambiente literario?

Mata.- Uuuuuuu (interminable). Un montón de cosas, de actitudes, de conformismos, de triquiñuelas. Detesto la hipocresía, la cursilería, las poses, esa ambición estúpida por conseguir todos los premios; la frivolidad que hay y que abunda, la imbecilidad de creerse que somos realmente importantes, cuando a nadie le importa lo que uno haga o no haga. Hay miles de cosas que son detestables del ambiente literario y de todos los ambientes. Todo eso lo repelo, te digo, esa cursilería, esa falsa importancia, el cinismo, esa pedantería, ese envanecimiento. Todo eso me choca –parece que le picamos la cresta, porque ya se ve enfadado-, los pleitos ridículos por ser el más o menos importante, por ser el más o menos reconocido, todo eso me parece ridículo. Me parece que son cosas de niños malcriados que no han entendido que el mundo es otra cosa. Todo eso me hace estar lejos de los círculos; aunque tengo muchos amigos, me relaciono con todo el mundo pero particularmente en mi país, no me relaciono o intento no relacionarme con nadie, porque me da una pereza terrible, es un medio aburrido, donde la gente no lee, no estudia.

PalMal.- ¿Qué opinas de los premios?

Mata.- Los premios –tomar aire resulta recurrente antes de contestar-, en la actualidad, creo que le dan dinero a mucha gente, cosa que está bien, pero creo que también nos dan falsas expectativas, nos obnubilan, nos llenan también de tinieblas sobre lo que es un escritor o un poeta, o un actor, o no sé... Un grupo de teatro lo que tiene que hacer es teatro y un escritor escribir, si te dan un premio, pues bienvenido, pero no estás en función de eso o no deberías. El que quiera andar en eso, pues suerte, a mí me tiene sin cuidado.

PalMal.- ¿Ni siquiera concursas?

Mata.- No, para qué..., quién puede evaluar la obra del uno o del otro, eso sólo lo hace el tiempo, será la historia. Es algo que no me llama la atención, no está en mi agenda, sigo pensando que es un juego de niños, de ególatras que se pelean desde ahí un espacio.

PalMal.- ¿Qué clásico te da flojera leer o nunca has leído y/o tal vez nunca vas a leer?

Mata.- No –responde sorprendido-, ninguno. Me parece que si hay algo que hay que leer son los clásicos, todos me parecen una maravilla. Leer los griegos por ejemplo, las tragedias. Leer el Mío Cid o El Quijote, ahora que lo estoy releyendo, por este taller, me sigue gustando y me río mucho con él. La verdad que me dio flojera, como vos decís, fue en la escuela y el colegio cuando me decían “lea”, y entonces, no me daba la gana leer y ya, no me preocupaba, me explico: ¿Por qué tengo que leer cuando me dicen, cuando me mandan y no quiero leer? Yo lo leo cuando yo quiero, cuando me da la gana, cuando yo lo deseo y lo decido. Cuando me enfrento a obras clásicas, lo único que encuentro es que las mismas inquietudes prevalecen y me identifican con una historia y una condición, inquietudes que se tenían hace mil años, dos mil años, hace 50, hace 100, extrañezas que posiblemente se van a tener toda la vida y en todas las épocas. Lo que me da pereza realmente, y no pierdo mi tiempo en ello, es ver esas obras tan cursilonas que se han puesto de moda, eso sí que no lo leo, hay una repulsión ante eso, y ante autores y autoras...

PalMal.- ¿Cómo quienes?

Mata.- No pierdo tiempo en leer a Isabel Allende o Coelho, a Laura Esquivel o Benedetti, si alguien lo desea hacer, que lo haga, pero yo no lo hago. Hay tantos otros autores que se están preguntando cosas, que dudan y se sumergen en sus dudas, que nos reencontramos en ellos. Son autores con otra vitalidad y otra fuerza, esas cosas hay que diferenciarlas, puesto que no nos dan ninguna fórmula para vivir...

PalMal.- ¿Ni para leer, ni para ir al cine, ni para obra de teatro. Nada?

Mata.- No, ¿para qué?, yo no voy a ver teatro casi nunca, a menos que sepa que hay algo que vale la pena. La mayoría de las cosas que hay ahí son como para perder el tiempo, y para perder el tiempo me quedo sentado en el parque viendo un árbol. Desdichadamente todas esas obras, más bien empobrecen las culturas.

PalMal.- ¿Por qué recurrir a la palabra en este tiempo de violencia?

Mata.- Qué es la palabra, eso sería lo primero que hay que preguntarse. La palabra surge como una de las tantas maneras que tenemos de expresar lo que sentimos e imaginamos, pero también para describir y clasificar el entorno y a nosotros mismos. Lo que hay que diferenciar o saber, es si el lenguaje que usamos está desgastado, no sirve para nada, o cuando este lenguaje es parte necesaria de la vitalidad de la vida. La palabra tiene o debería tener una función vital para expresar nuestra cotidianidad, y esa sería su fuerza. Cuando las palabras no tienen esa fuerza, evidentemente, es mejor callarse, es mejor el silencio. Por ahí hay un ensayo que estoy escribiendo, donde menciono que en la contemporaneidad, buscamos conciliación en el bullicio, en el ruido; porque esa es la manera como intentamos estar solos y bien con nosotros en la soledad, la soledad contemporánea se da en el bullicio, pero ¿no sería mejor en el silencio? Cuando todo nos agobia, cuando el lenguaje se cansa, deberíamos guardar silencio, ese es el mejor lenguaje. Si uno tiene algo que decir realmente, algo importante, imprescindible: como un grito, como un gemido, como una protesta, pues que lo haga.

 

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  Comentarios (1)
muy refrescante
Escrito por anónimo, el 16-04-2007 18:02
muy refrescante
 
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