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Da bigining o el inicio de la broma II Imprimir E-Mail
por Antonio Andrade   
11 / 2006

 

CAPITULO II

 

Da bigining o el inicio de la broma (también llamado el preludio)

 

De pronto tuve dos opciones, salir o no salir; si salía, sepa la bola que encontraría allá afuera, pero... ¿y si de pronto no se me daba la gana salir? Así que tomé otra alternativa, saqué la mano para revisar la temperatura, ¡brrrrrrr¡ estaba frío, guardé mi bella y pequeña mano y dejé que me sacaran, así, yo no tuve nada que ver con mi nacimiento, de lo cual me siento muy orgulloso ya que esa era mi primera, y no sólo mi primera sino la mas importante decisión en mi vida, aunque, después de enorgullecerme me lamenté (no de mentada, sino de lamento), y reproché, ¡mi primera decisión y la dejo como si nada en manos de otro, me lleva¡ En fin, ya nací, ni modo de volverlo a intentar ¿no?

Todo el mundo me agobiaba, “bla, bla, bla”, que si el bebé para acá, que si el bebé para allá, que préstamelo, que lo quiero cargar, total que al final del día terminaba yo como chonino de chica callejera, sexoservidora, prosti, ligera, golfa, güila, o como le digas, y ni pensar en quejarme, ya que de mis aún inexpertos labios, sólo emanaban gritos y berridos dignos de un ser tan pequeño como lo era yo en aquél entonces.

Luego de un tiempo, mi sacrosanta fabricante (o sea mi madre), comenzó con mis clases intensivas para aprender a hablar, ¡puta!, cuántas palabras, mi fabricante las repetía sin tregua, y me sonreía cuando yo trataba de repetir alguna, pero de pronto, se me ocurrió una idea maravillosa, realizaría un pequeño experimento, ¿qué pasaría si de buenas a primeras, no se me daba la gana aprender? Hablar era muy padre, te puedes comunicar, todos te escuchan, hasta te graban para que cuando seas mayor te escuches y te pongas rojo de la pena (porque no se por qué madres, siempre de los siempres han tenido el tino de poner dichas grabaciones frente a las personas menos indicadas) y quien quita y más adelante (o sea, pasados los años) te dan ganas de componer canciones de esas que hablan de amor y desamor ¿no? Pero, ¡qué poca de mi fábrica andante¡ No fue capaz de imaginarse que me estaba haciendo pendejo en un acto de “simple retención de conocimientos”.

En este centro especializado conocí a grandes personajes, como a “Brobrerpo”, quien, a los doce años y con un marcadísimo retraso de cinco o seis años, se llevaba el dedo gordo del pié derecho a la boca y lo chupaba hasta sacarle arruguitas, y no a gusto con esto, berreaba durísimo para molestar a las señoritas (que desde luego, tenían un cuerpazo que, yo si les daba) que siempre vestían de blanco, pero desde los pies hasta la cabeza, -a poco no es curioso el uniforme extra blanco de las enfermeras, si hasta las medias las usan blancas, no manches, y que ni se les ocurra ponerse los chones de color oscuro porque entonces sí, la que se armaba en los hospitales, imagínate, los camilleros chocando por los pasillos por aventarse un taquito de chon, con todo y su rajita de canela, ja-, también conocí a “Adlberto” quien pintaba las paredes de la institución todo el día, y cuando se le acababa su crayola, hurtaba del cajón de una de las señoritas un plumonzote que olía gachísimo, y claro, él se la pasaba oliéndolo hasta que los ojos se le desorbitaban y vomitaba. Entre todos estos personajes, hubo uno que en realidad me impactó, él era nada más y nada menos que “Juan”. Tenía una gran pronunciación al hablar, sus movimientos no eran torpes, se veía mayor a los demás, era muy serio y muy bien portado, yo lo veía todo el día sentado en una banca disfrutando de los rayos del sol, luego pasaban semanas enteras sin que se supiera nada de él, luego salía acompañado de una señorita y dos señores vestidos de blanco –pero igual que las muchachonas ¿eh? Todo blanco, lo que se dice todo- a caminar. Recuerdo bien el momento, Juan estaba sentado en su banca arrancando pequeños trozos de pasto como si nada, cuando de pronto su mirada cambió, comenzó a mirar a su alrededor desesperadamente, como con odio, pero no era odio ¿sí?  

Empezó a gritar como loco... ¡no! más bien como todo un niño esquizofrénico bien loco, se puso de pie y corrió velozmente hacia mí o mejor dicho, hacia donde yo me encontraba, estrellando la cabeza justo contra los barrotes de aquel ventanal. Esa era la primera ves que veía yo sangre, muchísima, corría por su frente como riachuelillo. Y más rápido que él corre caminos cuando se hace perseguir por el coyote, los dos señores vestidos de blanco que alguna ves le acompañaron en sus caminatas, ahora lo recogían y se lo llevaban, ¡no mames!, desde ese momento tiré por la borda mi experimento y comencé a utilizar, todos y cada uno de mis conocimientos lingüísticos –de pendejo me quedo yo aquí un día más, me dije para mis adentros- lo cual dio pie a que mi fábrica andante, tomara la for-ever sabia decisión de sacarme de ese lugar que, dicho sea de paso, nunca de los nuncas olvidaré.

Luego de esa casa de locos, mi honrosa y honorabilísima madre tuvo un pequeño, “lapso de iluminación maternal”, imagínense, me había inscrito a la escuela primaria, yo no lo podía creer, mi progenitora, la fabricante de este ser (chiquito pero a fin de cuentas ser), había tomado una decisión que bien ya hubiera yo podido tomar a esa edad, me sentía mal, ya que mi libertad de palabra y opinión había sido pisoteada de la manera más ruin que te puedas imaginar –así como le pasó a los chavos en la plaza de Tlatelolco en Octubre del 68- en fin, ¿que podría tener de malo?, así que sin más ni más, una mañana tomé mi mochila y mi lonchera (en la cual nunca de los nuncas debe faltar la deliciosa agüita de limón que mi madre me prepara a diario, y mi gran emparedado de jamón con mucha mostaza) para luego subirme al auto y dirigirme derecho y sin escalas al gran “recinto del saber y el aprendizaje obligatorios” mejor conocido por el populus vulgaris como escuela. Al detener el auto frente a la monstruosa construcción del conocimiento, una ñáñara ni muy grande ni muy chica, sino todo lo contrario –me choca tener que hacer esto pero es que no me gusta dejar cabos sueltos en mis contaderas de cosas, según una discusión sostenida recientemente con una amiga, ñáñara es un revoloteo en el estómago, así como cuando vas en el asiento trasero de un auto y pasan por una bajadita o mejor dicho, un vado, pero ojo... los veterinarios dicen que ñáñara es la cosquilla que sienten los gatos en el ano, como sea que sea, yo sentí una ñáñara en ese momento, ya tú juzgarás a qué definición se apega más mi sensación- recorrió hasta la más pequeña de mis fibrillas sensibles, y este sentir se hizo aún más fuerte, justo en el momento en que mi artesana me dijo: “tu primer colegio formal hijo mío, qué orgullosa me siento de ti, nos vemos a las dos y media en punto aquí mismo”, ¡¿qué?! ¡no la chifles que es cantada! cinco horas y media en este lugar, o mai god, qué habré hecho para cumplir tal condena, y eso no era lo peor, claro que no, lo peor era que faltaban muchos años para concluir mis estudios, ni modo, qué podía yo opinar al respecto pss ¿a poco no?

Una ves que me encontré adentro, quedé impresionado (por segunda vez en mi corta vida), aquello parecía un show, niños llorando, otros más gritando, algunos solamente sollozaban y uno que otro miraba a su alrededor como diciendo que pedo ¿no?, pobrecillos, no comprendían en donde estaban ni lo que les sucedería más adelante, ni fish, estaba condenado a vivir encerrado en este sitio por cinco horas y media al día, y lo que es peor, rodeado de niños mimados, sin el menor conocimiento de la suerte que nos acechaba en un futuro no muy lejano, estudio, estudio y más del re-mencionado estudio.

De entre la multitud de niñitos torpes, fue surgiendo una manada (por así llamarla, ya que no encontré otro calificativo despectivo que describiera tal brutalidad) de niños en extremo mayores que los ahí presentes. Corrían velozmente entre aquella diminuta muchedumbre -y que conste que digo diminuta, no por el número de sus integrantes, sino por la estatura predominante-, y a su paso dejaban mochilas, loncheras y niños tirados retorciéndose del dolor. Un niño que decía ser de tercero me comunicó que esa seudo manada humana estaba formada por los estudiantes de sexto grado, lo cual solo podía significar una cosa.

¡Dame tu lonchera escuincle!, al oír esto, me llevé la mano a la frente en un significativo ademán de “ya me cargó” y sin oponer la más mínima de las resistencias entregué mi sacrosanto lunch al tremendo mastodonte que tenía frente a mí, ¡maldito hijo de tu pink floyd! fueron las palabras que pronuncié en ese momento (palabras de las cuales, siempre estaré arrepentido), y al término de las mismas, un muy bien propinado empujón me hizo volar por aquél pasillo. Algún día estaré yo en sexto grado, y ese mono me las pagará todas -pensé-.

http://andrade.netfirms.com

 

 

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  Comentarios (3)
Escrito por Martina de nuevo, el 22-08-2007 02:47
La neta mil felicidades por tan chidos escritos, ahora si puedo decir que por fin hay alguien que me inspira y motiva a reir, MIL GRACIAS POR ELLO. :zzz
chidez
Escrito por alicia, el 09-07-2007 20:24
qiero ser tu groupiee!!! 
fabulosO*
CHIDO CHIDO
Escrito por MARILI, el 22-12-2006 16:38
OYE LO QUE ESCRIBES ME PARECE MUY INTERESANTE ME QUEDE CON GANAS DE MAS HACI QUE MAS TE VALE LE CONTINUES QUIERO QUE SEAS TU QUIEN LE QUITE LO ABURRIDO A ESTOS DIAS DE VACACIONES :p
 
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