| Chicas de Tapa |
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| por Emanuel Mordacini | |||||||||
| 11 / 2006 | |||||||||
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Hace unos días, navegando por Internet, de pronto me encontré comprando en una web page comercial un lote de seis revistas Maxim. Sí, Maxim, la famosa revista para hombres. Los motivos fueron claros: en la portada de uno de los ejemplares relucía el cuerpo semidesnudo de la modelo Ingrid Grudke, la rubia, irresistible y argentinísima modelo Ingrid Grudke. Y no lo dudé un solo segundo. Ese lote de seis revistas pasó en un click a formar parte de mi colección personal de Maxim. Sí, Maxim, la famosa revista para hombres. Ahora bien, sólo los ojos más especializados y clínicos pueden captar el verdadero valor erótico de las portadas de las revistas para hombres, la verdadera carga sexual que traen consigo esas mujeres, esas modelos, esas actrices o esas cantantes que nos observan, incitándonos, desde las tapas de las últimas ediciones de Maxim, Hombre, Playboy o cualquiera de estas publicaciones dedicadas al hambriento público masculino, publicaciones que, dicho sea de paso, gozan de un auge inusual en Argentina, donde ocupan más del 50 % del mercado editorial. Y lo mismo parece suceder en otros lugares de Latinoamérica como México, Chile, Brasil y un largo, largísimo etc. Pero no es mi intención hacer un análisis detallado de mercado, sino ocuparme de un tópico más básico. Quiero, en definitiva, ocuparme, en el sentido literal y metafórico, de ellas, las chicas de tapa, las damas exuberantes y malévolas que nos esperan detrás de cada puesto de revistas, en las vitrinas de los quioscos, en las paginas de Internet, en los siempre insufribles programas de televisión, y sobre todo al frente de las adictivas revistas para hombres. El objeto de nuestro deseo esta ahí, al alcance de nuestras manos, como una prostituta que nos exige el dinero correspondiente al precio de tapa para acostarse con nosotros, para entregarse a nuestros innombrables apetitos sexuales. Modelos, actrices o cantantes que posan mostrando sus atributos en forma descarada, sugiriendo un pecho a medias visible, una bombacha a medio quitar, un abultado par de nalgas expuesto con alevosía, con la impertinencia propia de quien se sabe bella e inaccesible. Porque una cosa son estas chicas posando para cualquier revista de moda o variedades, esas revistas a las que todos o casi todos acceden y que no interesan a nadie, y otra cosa muy distinta son estas chicas adornando una tapa de Playboy o Maxim; es allí, en el terreno de las publicaciones para hombres, donde estas damas parecen derrochar su sensualidad más violentamente.
Al igual que sucedía con las pulps en los Estados Unidos a principios de los 40, al igual que la historieta, la pornografía o el cine clase B, al igual que las novelitas románticas o de cowboys, las revistas para hombres (léase Maxim, Playboy y un largo etc.), son una parte de la cultura que no se nombra, que, incluso, se considera “menor”, simples fenómenos populares, y se sabe, lo popular no suele ser bien visto por cierta “intelectualidad” reinante en los ámbitos culturales. Pues bien, señoras y señores, estas revistas son parte de la cultura, ellas, las chicas de tapa, son parte de la cultura. Están ahí, enamoran, generan crónicas como la que usted está leyendo en este preciso momento. Incluso muchas de estas publicaciones se trasformaron en verdaderos objetos de colección ¿Acaso las conejitas de Playboy no son un icono indiscutido del erotismo universal? ¿Acaso no hay hombres que pagarían millones por obtener ese ejemplar en el que Pamela Anderson sale en la portada así, como Dios la trajo al mundo? ¿Acaso la portada de Playboy realizada por Marylin Monroe no es un verdadero clásico? ¿Acaso no nos ufanamos de tener bien guardado bajo cuatro llaves esa Maxim en que cierta modelo aparece vestida tan solo con una bikini roja mientras juguetea con sus senos que nunca terminan de vislumbrarse?
En mi opinión, la actriz de telenovelas Bárbara Borges en la portada de Playboy Brasil o la modelo Ingrid Grudke en la portada de Maxim Argentina constituyen arte, puro y legítimo arte. El erotismo esta en ellas más vivo que nunca, palpita en sus miradas, en sus senos, en sus caderas, en sus cabellos, en sus nalgas. Ellas nos están esperando en el puesto de revistas más cercano, tratémoslas como reinas.
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Desde adolescente sentí una predilección especial por todo aquello relacionado con el sexo. El erotismo siempre movió alguna tuerca inusitada de mi cerebro. Siempre me sentí abstraído ante la poesía visceral de una buena escena de sexo, o ante la magnificencia de un contundente desnudo femenino, o simplemente ante la presencia de alguna muchacha hermosa que pasara frente a mí meneando sus caderas o lanzándome alguna de esas miradas capaces de derretir los mismísimos hielos del ártico, esas miradas asesinas que los hombres conocemos muy bien, y ante las cuales solemos caer rendidos. El erotismo sacude los instintos más básicos del género humano, el erotismo apasiona, conmueve, subyuga.
Y son pocos los hombres que reconocen el arte subyacente en estas fotografías, el verdadero contenido erótico, sensual y sobretodo sexual que predomina en estas imágenes. Allí ellas parecen hablar nuestro mismo idioma, juegan con nuestra líbido despiadadamente para luego dejarnos abandonados, moribundos, con la mente llena de preguntas obscenas y los testículos rebalsados de esperma. Y en eso radica justamente el encanto de las revistas para hombres: en la provocación, en el juego erótico nunca finalizado, en el sugerir y no mostrar. Ellas, las chicas de tapa, están frente a nosotros, mirándonos con picardía desde su trono de papel, como si nos gritaran en la cara si, ven y cómprame, ven y ábreme, esto que ves es sólo un adelanto… y nosotros vamos, compramos la revista y jugamos a desnudarlas, a explorar esas páginas a ver que es lo que tienen para mostrarnos y para decirnos. Nunca una modelo, una actriz o una cantante fueron tan eróticas como en la portada de una revista para hombres. Y no me refiero a la pornografía, algo que por su propio valor estético merece un análisis aparte, sino a la provocación, a la sugestión de un buen arte de tapa, ese erotismo que sólo existe en las portadas de las revistas para hombres.
Hay que decirlo, algunas de estas revistas (no es el caso de Maxim o Playboy) tienen un contenido literario bastante chato, pero ¿a quién le importa? Las compramos por ellas, las coleccionamos por ellas, estas revistas tienen el éxito que tienen y se mantienen en el tiempo por ellas, las únicas e irrepetibles, nuestras aunque sea a través del papel, ellas, las chicas de tapa, aquí, en Mexico, en Brasil o en el último confín del mundo, ellas se mantienen intactas, inalterables, enamorándonos y detonándonos las hormonas a lo largo de las décadas. Ellas estuvieron, están y seguirán estando.

Comentarios (3)
bn esa revista hasta ahora es bn un poco ya q tiene varios temas para leer y mucha otra info .
mala snotisias las modelos tienen mucha ropa y aveses son un poco raras espero tomen en consideracion
es muy cierto lo que dices . ya soy asiduo a aestas revista y si algo se merecen estas chicas es respeto y admiracion ....sin ellas el mundo seria dificil..si estas casado.


