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Los gays son los mejores amigos de las mujeres hasta que se comparte la renta con uno y en pocos días le llenan la casa de travestis que después dejan escuchar gruñidos y golpes en la habitación de al lado. Aún así, yo no quería que se fuera, sólo que dejaran de jadear como animales para que pudiera dormir y evitar soñar en un hombre comiendo culo de hombre. Como si esa pérdida fuera poco, mi amante colombiano dejó todo para irse de mesero a Nueva York. Bien por él. Mal por mi, porque se llevó algunas cosas que no le pertenecían, como el flash de mi cámara y algunos programas y juegos de mi computadora. Mal también por Fernando Vallejo, que cuando le tocaron el tema de la comparación entre México y Colombia, respondió que los primeros exportaban corrupción y los segundos sicarios. Debió mencionar también a los rateros. No había terminado de lamentarme cuando mi boca empezó a sangrar. Una muela del juicio empezó a dar señales de vida o mejor dicho, estaba en la etapa de los estertores, acercándose vertiginosamente a su muerte. Dolores desconocidos hasta entonces taladraron mi cavidad bucal y no me quedó más remedio que visitar al dentista. Creía que eso era todo. El dentista era un sabio vestido de blanco que terminaría con mi sufrimiento ipso facto. Craso error. El tormento apenas empezaba. Yo me sentaba en su sillón, retorciéndome las manos y él solamente exclamaba algunos “¡mmm!…ajá…esto es…” y lo odiaba por lento. Quería que me dejara ir en paz a mi casa a comer porquerías de microondas y a ver el canal Fox. Nada de eso. Lo peor estaba por venir. Esa noche la manifestación de la muela me hizo arrastrar por los suelos. En el mencionado recuento se llegó a la conclusión de que había qué medicarme y luego extraer el punto de sublevación en el interior de mi boca. Empecé a caminar desesperada por la casa semi vacía, ya que el poco leal ex roomate se había ido con su nuevo amor, la mesa y las sillas. Ahí estuve, paseando mi impotencia en la soledad absoluta de mis pensamientos. El tercer molar no era el único punto de sublevación. Como dijo el non sabio de blanco durante el diagnóstico, la muela veintisiete seguía ahí, dolorosa también, pero silenciosa. El tercer molar no tuvo la misma suerte de permanecer, se fue de una maldita vez dejando un boquete húmedo y rosado que pronto se llenaría de carne. Los demás dientes estaban bien alineados y sin problemas graves. Pero la rebeldía se manifiesta donde uno menos lo espera. La veintisiete se comportó bastante más cruel conmigo. Parecía que no pertenecíamos al mismo cuerpo, pues estaba destrozando mi cordura con la singular alegría de un enemigo acérrimo. El dolor me atacó inmisericorde. Sabía que era difícil encontrar algo que hiciera tolerable, ya que no inevitable, su embate. Tuve qué convocar a un ejército anti padecimientos de grageas y comprimidos de colores, azotes anfetamínicos, y sendas caladas a churros de marihuana aunque ninguno de estos placebos lograra hacer duradero su efecto. A esas alturas de padecer, ya me estaba alejando de la realidad. Estaba en una guerra. Los grupos convocados para el combate planearon estrategias: al parecer entre el Paracetamol y el Tabalón, que no es otro sino el Ibuprofeno, hubo un acuerdo y alejaron al enemigo momentáneamente. Esperaba que durara un rato descontrolado por lo menos. Ibuprofeno y Paracetamol. Hermanos queridos, los únicos capaces de ponerle un alto a ese grandísimo molar número veintisiete, hijo de puta. Había lacerado con su presencia a mi quijada. Había endurecido a los huesos del lado izquierdo de mi cráneo y la dosis aumentaba: Una de Ibuprofeno, otro Paracetamol, una de Penicilina y otra para desinflamación, Naproxeno. Marihuana, como toque afirmador. Entonces había suficientes químicos adentro para distraerse. Paracetamol se reía a carcajadas por la ventaja que empezaba a cobrar y yo me asustaba pero me mantenía firme. Penicilina había dado cuenta ya de la estúpida infección que alcanzaba a la garganta. Llegó su último día de combate y regresó al cuartel, ubicado en la parte de atrás del espejo del baño. Nos quedamos al frente Paracetamol, Ibuprofeno, Naproxeno y Dolac, un nuevo fichaje que tiene diferentes nombres en las medicinas genéricas de las farmacias. Mientras la sustancia activa fuera Kerotolaco, no importaba si era Lenaken, Dolac o el carajo. Se quedaba también Mahler a sonar hasta el hartazgo y el placebo tetrahidrocanábico. Tuve que recargar la artillería, porque se terminó el Paracetamol y lo sustituí con Tylenol para la fiebre y el dolor durante la gripe. Tienen la misma sustancia activa pero no quiero confiarme. Debo ir a traer un batallón de Paracetamol de 500 miligramos, tengo suficiente Kerotolaco, en Dolac y en Lenaken. Ibuprofeno abandona la batalla por ineficaz. El enemigo aparecía aproximadamente cada tres horas y media, pero para no destrozar tanto el territorio de la tremenda batalla, soporto un rato de dolor antes de llamar a los soldados a la lucha. El territorio es mi cuerpo que aguanta hasta la cuarta hora y un poco más para solicitar que se introduzcan en él los refuerzos. El doctor está preocupado por la forma en que combato. También extrañado porque el enemigo ya debería estar cediendo. Ayer mientras reposaba el dolor, el maricón de mi ex compañero se robó una cortina y un tanque de gas. No encontré un candado necesario para que el puto dejara de meterse con mis propiedades. Pero me compré unos zapatos cafés que no necesitaba y me sentí mejor. Lo bastante para tomar cartas en el asunto. Esperé a que el descarado viniera a robar algo más. Cuando abrió la puerta, como en las caricaturas de mi infancia, una sartén fue a estrellarse en la cabeza del ingrato y luego en su espalda y luego en sus brazos, hasta que logró abrir la puerta de nuevo y salir corriendo. Me asomé a la ventana y disfruté como nunca poder sonreír con todos mis dientes.
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, el 02-09-2008 17:26
es exelente |
Escrito por Miquel silvestr, el 12-01-2007 21:28 Lo primero que tengo que decir es que por aquí ronda gente que se toma muy en serio las cosas, y lo que es más grave, los textos. Evidentemente, Paola no atribuye a su compañero de piso ningún defecto por ser homosexual, sino que establece un vínculo entre un accidente-ser ratero-y otro-ser gay-, que saben que no tienen relación de causalidad, para, con una de contiguidad, romper de pasada el estereotipo de que todos los gays son interesantes, modernos, confiables y cercanos a las mujeres. Es sólo una broma, y tiene gracia. Es decir, se puede ser homosexual y un hijo de puta. Además, en los últimos párrafos utiliza la palabra \"maricón\" desprovista de contenido sexual y reducida a su acepción peyorativa, que le encaja al más heterosexual. Dicho esto, lo mejor del texto es esa personificación de piezas dentales y fármacos, y el particular combate-fiesta entablado. Estupendo. Literariamente estupendo, y creo que es de lo que se trata. Quizá un pero al magistral texto: el último párrafo se desliga bastante de lo anterior, sobre todo cuando afirma tener todas las piezas y antes leímos que una había sido extirpada. A no ser, claro, que yo esté muy ebrio y no haya entendido que quizá toda sea una fábula sin asidero directo con la realidad más pedestre. Que todo puede ser. De cualquier manera, cojonudo el cuento. |
ahhhhhhhhhhhhhh Escrito por viviana, el 09-01-2007 20:49 deambular por la casa como demente por ese dolor !!!!! Las mismas cosas tomé... pero el ibuprofeno no me abandonaba a mí......... es como las personas, gays o no gays, tienen efectos tan diferentes en los distintos cuerpos. |
Comparto 3 de tus dolores Escrito por Almudena, el 05-01-2007 10:54 Mi muy querida amiga,definitivamente comparto contigo tambien este dolor,ojala yo hubiera tenido un churrin minimo para echar mi mente a volar y olvidar el dolor, con respecto a los gays que se les puede hacer,tienen alma de quimera la cual lucha constantemente contra sus demonios corporales y mentales y son como todos,buenos y malos,algunos locos.... |
sin detalles eh? Escrito por livia, el 29-12-2006 20:05
Me parece que omitiste algunos detalles en la historia, pero se vale, después de todo nadie es perfecto y el hecho de otorgarle a tu roomate todos los estereotipos significa que alguno de ellos podría reflejar tu propia personalidad. Cuida más tu ortografía, como los acentos en los "ques", no siempre llevan acento. Suerte |
Buena narración Escrito por Fox52, el 27-12-2006 20:45 ¡Qué mezcla! Dolor, la pérdida de la muela que Freud solía asociar a la perdida de la virginidad, se topa con la resplandeciente realidad de que acoger un homosexual en casa, colombiano, inestable y ratero, puede ser tan nefasto como un dentista inepto. Felicidades Paola |
Asì las cosas Escrito por ZebraZurda, el 25-12-2006 17:14 Por eso la mejor compañìa es un perro, ya sea de doa o cuatro patas. Uno al que manengas y haga lo que quieras. |
Escrito por Seda, el 20-12-2006 12:12 Paola: Me parece que la vida es un poco así... hay batallas que se ganan y otras... que perdemos continuamente pero la experiencia es la que nos permitirá seguir adelante. Habrá que decirte que, no del todo, me agrada el que tu roomate sea gay y que lo encasilles en un cliché (el oportunismo,la intolerancia, lo abusivos) los oportunistas están en la vida y son una lacra que va mucho más allá de cómo viven su sexualidad... ¡Bueno, la batalla con los fármacos... un acierto literario!... Pensemos ahora en ése hilo que queda en tu texto sobre las formas y expresiones del dolor, encontrarás, creo, harto material. Ahí te lo dejo pa la reflexión. Saludes. |
Sonreir con todos los dientes Escrito por alinapoulain, el 20-12-2006 12:01
Me gustó mucho esta frase "Ahí estuve, paseando mi impotencia en la soledad absoluta de mis pensamientos." Sigue escribiendo Pao, escribes muy bien... Felicidades saludos a todos los individuos de Pal Mal desde el infierno Alina |
Divertido pero real... Escrito por Sr. Anselmo, el 18-12-2006 12:23 Mi querida Paola, en realidad no sólo los gays son así. También algunas(os) amantes y hasta la actual esposa o esposo, pueden ser los mejores amigos hasta que le comienzan a meter dinero a la casa, sea cual sea el pretexto... ¿A cuántos nos habrá pasado lo mismo? | |