| Como un gorrión ante la noche |
|
|
| por Dalí Corona | ||||||
| 12 / 2006 | ||||||
|
EXISTIÓ, recuerdo apenas, en mi casa, una silla de madera tallada a mano en la que solía jugar por las tardes, en la que solía subirme al estilo de los viejos piratas a ver pasar los minutos, a ver pasar el día. Era como un barco en el que por las tardes salía a navegar en busca de ballenas, en busca de mares a cuales aferrarme para no perderme vientre abajo con la noche, porque eso sí, siempre he necesitado de alguna mentira, de algún pequeño resquicio de locura en la mirada para no morir de hambre o simple aburrimiento. Recuerdo apenas esa vida que es ahora tan lejana, tan ilusión de brujo, tan de carpa. Niñez apenas que degüello en el camino, cada que duermo y cada que mido los pasos de existencia de mi casa hasta la tumba. Lo que no puedo recordar por más que intento, es cómo fue que comencé a sufrir tanto dolor estomacal, tanto dolor de muelas. Y mucho menos recuerdo cuándo fue que todo ese dolor se me corrió a alojar en la mirada, en el alma que es como un muro que se me desbarata día con día. No recuerdo si mi condición de amante absurdo me la dio el vino o se fue formando con el paso de mujeres, con el paso de ojos bellos y pestañas largas como inviernos. Y es que nunca he podido robar del todo a una mujer, nunca he podido hacer que amanezcan sin querer salir huyendo, aunque no estoy seguro de que eso se pueda lograr. Siempre, inevitablemente, se van de mi lado sin importar que hasta el servicio meteorológico indique que el mal clima está allá afuera, siempre terminan yéndose, o será que siempre llego tarde, será que nunca he estado a tiempo. El amor es una simple mezcla de dolor en todas sus modalidades, una acepción para derrumbe, para demolición interna. Pero cómo no incluir en el amor tanta malaria, cómo no hacerlo si de eso estamos hechos, de amor que nos va pudriendo todo: las manos, los ojos, incluso los cabellos que son de queratina. Todo lo pudre como si se tratara de una bomba química fabricada por la unión europea para exterminar Kurdos y extremistas del Islam. Por eso bebo. No hay dolor que no se calme, que no se niegue a salir con un poco de ron mirándole de frente. No hay dolor que lo resista. Incluso las bombas son tolerables con un “Flor de Caña” (el Ron Flor de Caña es una bebida nicaragüense que permite dormir tranquilo, que asusta a las tormentas) ¿Pero quién comenzó a hablar de Ron si de lo que hablamos es de amor? Ah, si yo te contara: Que estábamos saliendo del hotel aquella noche cuando dijo por primera vez mi nombre, lo dijo como si nombrara los evangelios, como si recitara uno por uno los pasajes de Jesús yendo al calvario. Va, cómo no incluir dentro del amor sus ojos, que eso ya es pleonasmo, decir amor y pronunciar su nombre, cualquier parte de su cuerpo. Cuando la vi, por mil me fui rompiendo hasta que con sólo mirarme me rehizo. Pero qué va a saber el mundo de ese amor del que hablo, qué vas a saber tú que no te has mirado en otros ojos y has sentido que el aparato nervioso te revienta, qué va a saber Dios que está mirando cómo ella (que son todas) se aleja y no hace nada. Por eso incluir en el amor la porquería, es imposible que se sostenga el uno sin la otra; el amor en perfecta simbiosis con los perros, con las arañas, con las ratas, mis hermanas las ratas que son más decorosas que el hombre, más higiénicas. Por lo menos de ellas te puedes fiar, nunca harán algo que no les esté permitido para subsistir en la cadena alimenticia. Si duermes en un cuarto atiborrado de ratas sabes que te morderán, sabes que roerán tus miembros como si fueran panecillos duros, pero con los hombres es distinto, de ellos no te puedes fiar, pues es justo de su especie, alevosa, ruin, desgraciada. Dan el golpe cuando estás desprevenido, cuando crees que nunca lo harán, igual que Dios. Por eso esta forma insufrible de contar el tiempo, de arrimarse a los árboles esperando que de entre la tormenta caiga un rayo y parta a este mundo en dos, en cuatro, en mil, que lo parta de una vez y para siempre. Pero no. Dios da muestra fiel de su crueldad dejando que mi vida siga sin ella al lado, Dios se vuelve a poner en mi contra. ¿Acaso no le basta con joder a todo el mundo? También lo hace conmigo, me da la espalda y se burla de mi condición de mortal, de simple humano perecedero. ¿No se ha dado cuenta que caduco, que no tiene caso seguir golpeando algo que ya de por sí está roto? ¡Maldito seas! Esta burla que me haces se la hiciste al bueno de judas, que sabiendo de tu crueldad a largo plazo, de tu inmisericorde existencia, buscó que llevarán a tu hijo preso y ahora él es el malo de la historia. Maldito seas tú que ahora me haces tan cobarde para saltar desde este puente, desde este filo de piedra que labró la lluvia, maldito tú que no me dejas tomar rumbo de mi vida y terminar conmigo. ¿Pero de qué hablo? Hablo de mí, de mi forma de mirar al amor. Hablo de mí porque es la única manera que conozco para decir que si: en verdad te amo, en verdad estoy herido y desarmado como un gorrión ante la noche.
Marcar como favorito (13) | Cite este artículo en su sitio | Views: 704
|
||||||
| < Anterior | Siguiente > |
|---|





Sea el primero en comentar el artículo


