| Just Like a Woman |
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| por Dalí Corona | |||||||||||
| 12 / 2006 | |||||||||||
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Nadie siente dolor alguno mientras estoy parado bajo la lluvia. Ella sigue su rumbo; camina por lugares desolados y no le importa morir de frío o de tristeza, porque sabe que puedo esperarla, sabe bien que así queme sus naves o ponga tierra de por medio, estaré ahí para limpiarle la miseria de los ojos y amarla como siempre. Y todos saben que mi chica ha conseguido vestidos nuevos, pero más tarde veo que sus cintas y cordeles han caído de sus rizos. Yo recojo los centímetros de rayos que ataban su cabello, los guardo para cuando ella vuelva y me de más tiempo; guardaré todo lo suyo: su ropa, su maquillaje olvidado en un cajón de la recámara, sus discos de Lou Reed y los carteles William Burroughs, donde ella colocaba notas de amor para que yo no la olvidara al salir de casa.
Ella lo toma como una mujer. Ella hace el amor como una mujer, y sufre como una mujer. Pero se pone a llorar como una niña pequeña.
La reina Maria es mi amiga, la única que no me deja solo cuando más necesito algo, cuando después de lo transcurrido me hace falta tranquilidad y algo de aliento. Creo que la visitaré de nuevo, preguntaré si puede ayudarme, si tiene algo de tiempo y me dejaré caer en sus brazos. Permitiré que una vez más haga de mi un cordero, que me mire desde el infierno en el que habita y me haga olvidar por un minuto lo que ninguna ha podido. Nadie tiene que ocultar que mi chica no puede estar contenta. Siempre finge que es la domadora de caballos, la camarera ardiente que puede sacar billetes de las bolsas de soldados; ella siempre finge, hasta que al fin se da cuenta que es como las demás, con su neblina, sus anfetaminas y sus perlas.
Ella lo toma como una mujer. Ella hace el amor como una mujer, y sufre como una mujer. Pero se pone a llorar como una niña pequeña.
Estaba lloviendo desde el principio y no podía hacer más frío. Calle abajo sonaba una vieja casetera y el viento, montado en mi cabello, intentaba piruetas mientras yo tiritaba sin parar. Calle abajo estaba la lluvia y yo estaba allí muriéndome de frío. Así que entré aquí, a este bar que devora la noche igual que un perro devora su último bocado, entré y vi rostros conocidos, miles de gentes conocidas que alguna vez quisieron algo mío, entré, y era navidad, y tu antigua maldición duele, hiere en lo profundo. //No hay dolor que intente pasar la noche acurrucado con un su racimo de lluvia ardiéndole los huesos// Y lo que es peor, es este dolor aquí, esto que traigo debajo de la piel como una llaga abierta en surco. No puedo quedarme aquí. ¿No está claro que no encajo? Si, creo que es tiempo de abandonarnos. Que terminemos con esto que ya no da más, que hace tanta podredumbre dentro y me deja siempre en el asfalto mendigando algo de amor. Cuando nos encontremos de nuevo, presentados como amigos y ya no haya forma de esquivarnos, por favor no dejes saber que me conocías cuando yo estaba hambriento y era tu mundo. Por favor, ahora te lo pido como amigos, esta vez, finge.
Ah, engañas como una mujer, sí, lo haces. Haces el amor como una mujer, sí lo haces, sufres como una mujer, pero te pones a llorar como una pequeña niña.
(Nota: Este texto esta basado en la canción “ Just Like a Woman” de Bob Dylan).
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