| El Gran Truco |
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| por Gabriela Pérez | ||||||||
| 01 / 2007 | ||||||||
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Año: 2006. País de origen: Estados Unidos/Reino Unido. Duración 128 min. Dirección: Christopher Nolan. Intérpretes: Hugh Jackman (Robert Angier), Christian Bale (Alfred Borden), Michael Caine (John Cutter), Rebecca Hall (Sarah), Scarlett Johansson (Olivia Wenscombe), Piper Perabo (Julia McCullough), David Bowie (Nikola Tesla). Guión: Chistian Priest. Dicen los que saben que todo buen truco de magia debe tener tres momentos: El mago muestra a su público un objeto común. El talentoso director inglés de 36 años Christopher Nolan (Batman, Insomnia) nos ha dado muestras de su trabajo con historias contadas de una forma heterodoxa como memento, adaptación de la novela homónima de Chistian Priest, en la que nos dosifica la información en series bien armadas de flash-back; y nos transmite la angustia de un hombre incapaz de conservar su memoria reciente. Un propuesta después emulada, aunque no con tan buenos resultados, en Irreversible. En su último trabajo, Nolan recurre nuevamente a la inspiración de Chistian Priest adaptando una más de sus novelas para un título homónimo “The prestige”. Con temas comunes como la magia, el amor, las rivalidades y la revancha. El cambio (The turn) El mago toma el objeto común y lo transforma. Tras bambalinas, en un espectáculo de magia en el Londres de finales del siglo XIX. Ahí nos encontramos a pocos minutos de haber comenzado “El gran truco”. La primer llamada de atención viene con la revelación de los secretos de los trucos de magia. La supuesta participación del público, nudos especiales y múltiple s artefactos desfilan uno tras otro entre los magos. El ingenio y la tecnología cobran un sentido distinto, convirtiendo a la magia en un espectáculo que depende de ellos. La ilusión es entonces un acto de complicidad entre el mago –que presenta el truco–, y el público –que consiente en dejarse llevar por la ilusión. No basta con la transformación, se tiene que regresar al objeto inicial… El eje central es la larga rivalidad entre dos ilusionistas. Robert Angier (Hugh Jackman) y Alfred Borden (Christian Bale) comienzan como cómplices y asistentes de un mago de mediana categoría, pero un accidente pone a los incipientes magos en conflicto, que a lo largo de los años se incrementa conforme cada uno de ellos busca mejorar la actuación de los otros. La afinidad de Nolan, por el suspenso y las historias no lineales lo hacen ideal para esta trama que, gracias a su deliberado y metódico desarrollo, emula un complejo truco de magia. Más allá de una gran creatividad para los diálogos, vueltas de tuercas y la propuesta visual; en el gran truco hay también inteligentes reflexiones sobre los dudosos límites entre realidad y ficción, y un sofisticado juego de espejos a la hora de plantear las enfermizas relaciones que cobran vida en la película. Indudablemente, una buena opción.
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(The Prestige)

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