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Diario de un gigante Imprimir E-Mail
por Miquel Silvestre   
01 / 2007

Lunes: La cúspide es muy aburrida. Una vez aquí, ya no hay nada más. Hoy es un día baldío, absurdo: tengo reunión del consejo. Lo único que vale la pena de las reuniones de los lunes es que terminan de una vez con el domingo. Llevo una corbata roja. De seda. Muy aburrida. Nudo Windsor. La viva imagen del éxito. Contemplo las calles desde los ventanales de mi despacho. La gente se ve muy pequeña. ¿Cómo se vivirá allá abajo? ¿Se aburrirán? Me aparto de la luz. Yo brillo más. Se hace tarde. Entro en la sala contigua. Ya están todos. Un aburrido bosque de corbatas. Se ponen de pie. Soy el que manda. Es inevitable. Saludan, sonríen, temen. Me creen superior. Tienen razón.

Martes: La reunión de ayer fue inútil. Odiosa. Aburrida. Gráficos y diapositivas, cifras y ratios, previsiones vulgares y modelos trillados. Una reunión rutinaria. Ineficiente. Abominable. Les he vuelto a citar para hoy. Estaremos reunidos hasta que entiendan algo. Soy un genio. Ellos unos ineptos atados a una lógica sin brillo. No puedo permitirme la paciencia. No soporto su atonía. Son fungibles. Reemplazables. La corbata es azul. De seda. El nudo inglés. Me la quito antes de entrar en la sala. Cuando me ven sin ella se sienten incómodos, estúpidos, obsoletos. Tienen miedo. También motivos. Sus corbatas lo dicen todo.

Miércoles: la corbata es verde. De seda. El nudo doble. Perfectamente ajustada. Soy el amo del mundo. El dinero fluye. Seré más rico dentro de una hora. La economía es geometría. Soy el gran geómetra. Veo la luz. Pero yo brillo aun más. Entro en la sala con energía. Ya están todos. Pobres. Los cuellos de sus camisas abiertas semejan velas de navío a la deriva. No soporto el descuido en el vestir. Esto no es un bar. Esto es un templo. Mis pensamientos valen dinero. Son dinero. Y ellos, ¿qué me ofrecen? De nuevo más gráficos, más cifras, menos sentido. Qué estéril pantomima. Son unos inútiles. ¿Cómo puede ser que todavía les pague por su trabajo?

Jueves: Estoy a años luz. Ganar dinero es un símbolo, una señal, el destino. No me interesa el dinero. Es algo que surge, fluye, circula. Es aire, agua, tierra y fuego. No tiene mérito. Sólo permite comprar cosas. Yo quiero todavía más, no me basta con comprarlo todo. Ya lo tengo. Lo quiero comprar otra vez. Soy un gigante. El ventanal es enorme. Asomado, las calles están cada vez más lejos; la gente ni se ve. Pensándolo bien, ¿la he visto alguna vez? Hoy llevo pajarita. Morada. De seda. No es una elección casual. Quiero enseñarles algo. Entro en la sala. Algunos no llevan corbata, otros la llevan azul, y otros verde. Que atroz panorama. ¿Por qué pierdo el tiempo? No entienden nada. Nada. Me marcho sin dirigirles la palabra.

Viernes: Unos llevan corbata; otros, pajarita; otros nada. De repente, tengo una idea, una visión. Lo veo todo claro. Es como una llamarada de lucidez, como un fogonazo, como la idea misma de la divinidad. Me quito la corbata lentamente, desabrochando con cuidado el nudo nicky; todos me miran. Es de seda. Siguen mirando. Es amarilla. No me quitan ojo. Le hago un nudo que abraza el vacío. Están como hipnotizados. Me quedo en silencio. Espero una respuesta. Todos callan. Dudan. Me levanto con la corbata en la mano, se la muestro ostensiblemente y les pregunto qué han entendido. Silencio. Minutos de silencio. Carraspeos. Más dudas. Un vicepresidente levanta la mano con timidez, sugiere que tal vez nuestra estrategia en la fusión no está bien planteada. Demasiado primario. Le destituyo. No entienden nada. No ven lo que yo veo. Nadie lo ve. Son muy pequeños. La cúspide es muy aburrida.

Sábado: me aburro. El chalet se me cae encima. Me gustaría ahogar a toda mi familia en la piscina. Mientras comemos en silencio pienso que debería hacerlo. Son tan imperfectos. Está decidido, voy a hacerlo. Pero hace frío. Cambio de idea. Les doy dinero. Así me dejarán en paz. Todos se van. Me aburro. Llamo a mi secretaria, siempre está disponible, para eso le pago. Le dicto cartas incomprensibles. Nadie las recibirá, pero es todo tan aburrido. La miro y me doy cuenta de que tiene un buen escote. ¿La contrataría por eso? A juzgar por su nefasta taquigrafía pienso que esa debió ser la razón. ¿Me autoriza eso a tocárselo? No es seguro, pero lo hago de todas formas. Soy el amo del universo. Tiene los pechos firmes y suaves, me resultan familiares. La poseo dentro del mercedes; creo que no es la primera vez, parece sentirse cómoda sobre la tapicería de cuero beige. Termino. Se va con las cartas. No son para nadie. Qué aburrimiento.

Domingo: ojalá no existiera. Estoy cansado de jugar al golf. ¿Quién diablos es toda esta gente?

Lunes: La cúspide es muy aburrida. Una vez aquí, ya no hay nada más. Hoy es un día baldío, absurdo: tengo reunión del consejo. Lo único que vale la pena de las reuniones de los lunes es que terminan de una vez con el domingo. Llevo una corbata amarilla, de seda, el nudo medio Windsor. En la sala está el presidente sentado en mi sitio. No lo esperaba. Nadie lo esperaba. Le tenemos miedo. Mejor dicho: pavor. Lleva una corbata igual a la mía. Es una mala señal. Es un ser superior. Un gigante. Debería haberme puesto la roja. Dice algo de la fusión. Por lo visto el precio de las acciones se ha derrumbado en todos los mercados. De Nueva York a Tokio. Ha sido un desastre. Miro por la ventana. El suelo se ve un poco más cerca.

Martes: recojo mis cosas mientras hablo con mi mujer. Mis cosa caben todas en una caja de cartón. Una caja pequeña. Muy pequeña. Tan pequeña como mi cuenta corriente después del divorcio. La corbata roja cuelga a un lado como la lengua muerta de una vaca muerta. El gran ventanal queda a mi espalda. Los cristales son blindados. No se puede abrir. No puedo saltar. Nadie nunca ha podido. Está todo muy bien pensado. Mis cosas son pequeñas y caben todas en una caja. Apenas unas corbatas de seda y las fotos de una familia que no reconozco. Me despido de mi secretaria. No me dirige la palabra. Tiene buenas tetas. ¿La contrataría por eso? Salgo a la calle. Hace frío. La grúa se está llevando un mercedes de tapicería beige. Regalo mis corbatas a los viandantes. Tiro la caja a un contenedor. Me siento en el suelo y miró hacía la cúspide. ¿Cómo se vivirá allí arriba? Debe ser apasionante. El fracaso es muy aburrido.

 

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  Comentarios (6)
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Escrito por Eder, el 26-03-2008 20:03
NEFASTO, que nefasto he leido con buena imaginacion pero poca proyeccion, ideales que estan de pie cuando tu vida esta de cabeza tienes serios problemas amigo escritor problemas que te llevan ala cima pero sin despegarte del suelo SUEÑA que volar no puedes. DE LA POESIA ESTA GENIAL NO TE MOLESTES QUERIDO MIQUEL TU POESIA ESTA FENOMENAL SOLO ESCRIBIA POR ESCRIBIR NO ME HAGAS CASO SON SOLO PROYECCIONES DE NADA. FELICIDADES DE CORAZON.
Escrito por policínico, el 19-09-2007 21:35
Muy buen relato. Quizá redondo en demasía. Sin las últimas frases me gustaría más. Yo acabaría en el contenedor.
??????????????
Escrito por david, el 15-01-2007 22:56
podrias enviarme mas de tus historias.
que intersante...
Escrito por einsamkeit, el 08-01-2007 03:45
Capta por completo la psicología humana, la inconformidad inexpresada que se da en todos los estratos sociales… es genial… haha. 
Más te podría decir, pero estoy segura de que ya lo has escuchado todo miles de veces… ahaha así que nos leemos luego.
Escrito por Maribé, el 05-01-2007 06:22
Qué buenos recuerdos, releer tu diario del gigante.
Escrito por kurtliv, el 04-01-2007 18:01
:)
 
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