| Inner Smile |
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| por Placid Ydil | ||||||||||||
| 01 / 2007 | ||||||||||||
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La incertidumbre se convirtió más que en su descripción, en su nombre. Mirarse al espejo y encontrar en cada poro un defecto, debió colapsarlo. Saberse un amargado, una criatura enamorada y azorada que pendía del hilo delgado de su querida, debió doblegarlo. …Otra pelea. Se miró los ojos enrojecidos una vez más… pensó que nada pasaría (al menos nada bueno), que el cielo con su noche podría apaciguarlo tan solo un momento, que las nubes lo cubrirían como una especie de cobija celestial y que, si Dios en aquél momento no se encontraba muy ocupado, podría depositar en su frente un poco de paz… (O en su boca un poco de alcohol). …Dormiría temblando de frío. Llorar no es la mejor lluvia que ha traído la temporada, tampoco es el mar dotado de hermosura en el cual ahogarse y morir; pero sí es una vía para sanar, es el lavado de los ojos, de los sentimientos, del espíritu, y él quiso hacerlo. Se desvaneció en lágrimas. Pañuelo tras pañuelo cayendo al bote de la basura, juntándose, siendo el rompecabezas estropeado y escabroso de una emoción lánguida; apesadumbrado debió tomarse un café con desesperación, y el sabor le recordó mil peleas, mis instantes fantásticos de besos y caricias… era una hecatombe (Hey amor, no llores así que te vas a volver un charco; Hey mi amor, tú sabes que nada es eterno, déjala partir; Hey amor, no quieras tenerla presa a tu lado; Hey amor, déjala volar) pensó que detrás de su cabeza algunos ángeles le cantaban el adiós ¡ah! había todo un espectáculo deplorable, cientos de doncellas danzando y moviendo las manos diciéndole hasta luego, y él en el centro con un patético cartel de: Give me your love baby. …Deja de autocompadecerte, haz algo. El corazón pudo detenerse y cerró los ojos, se odió como todos los que se odian después de una pérdida, reconoció su imperfección frente al espejo, (Hey amigo ¿por qué nunca mientes? ¿De qué lado estás? ¡Es momento de que me animes! ¿Por qué insistes en hacerme saber lo que soy? Hey amigo de vidrio ten compasión de mí), se enteró de que la pulcritud no sólo se lleva en la ropa, ni en el cuerpo bañado a diario por las mañanas, que la boca y sus palabras son peligrosos dardos que hay que convertir en buenas flechas de comprensión y afecto, ¿por qué tenía la estúpida necedad de buscar un adhesivo que pudiera parchar cada capítulo resquebrajado de su historia? El corazón nada dice, tan solo es un órgano que cumple una función… …Todo lo demás es utopía.
…Espera a que el día se ponga. Piensa. De ningún modo había estado tan enamorado, jamás habría pensado que se sintiera tan bien un beso, o que el sólo hecho de pensar en alguien podría hacerlo reír o llorar. La ama, la adora, la piensa, la desea…toda la belleza del mundo conjugada con su parte mala, la tiene el amor. Todas las virtudes soñadas, todo el bienestar del mundo, toda la tragedia que un personaje de la vida necesita, lo otorga el amor. ¿Por qué habríamos de despreciarlo? No huirá, tal vez ésta noche no sea la última en la que se sienta devastado, es probable que en algún punto de su vida dude de sus sentimientos, o que piense que nada tiene sentido ya, pero al final le bastará mirar el rostro de su amada para saber que siempre vale la pena intentarlo una vez más. ...Hasta que el amor se extinga.
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Hay corazones que aman eternamente, hay corazones que aman por momentos, hay corazones que aman por necesidad, porque requieren desfogar su sentimiento, hay corazones que aman porque se sienten solos y hay corazones que aman porque saben lo que es el amor. Hay mil corazones latiendo, pero no todos por la misma razón.
La noche, la fluctuación, la distancia, el estar estancado en un sitio sin poder salir, sin poder llamar, presa de nuestro propio cuerpo, de la música, de los objetos, de todo el universo que se ha convertido en su nombre, en su piel, en sus ojos, en su voz… ¡y los demonios se invitan a la fiesta de pérdida! ¡Condenados que degustan del festín amargo de nuestro dolor! es preciso que hablen… pero responde la noche con su necedad: 

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