| Ultraje |
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| por Majloc Demon | |||||||||
| 01 / 2007 | |||||||||
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Majloc Demon es su pseudónimo. Es de nacimiento mexicano, de la provincia de la "Verdadera Cruz". Un divagador perenne. En veces escriba, en veces estudiante de Ingeniería, en veces ser vivo, en veces ni siquiera un asomo de ser. Su cuerpo ha sido testigo del paso de XXI inviernos, y comparte recién sus letras, que desde hace tiempo han besado al papel. Nos deja Ultraje, “un pedazo de alma”, que se acerca a la intimidad del diario, como género, y nos habla de la animalidad humana. Nos pide que por favor lo procuremos mucho en PalabrasMalditas, porque “es uno de mis hijos y apenas lo he dejado conocer la luz en la comunicación masiva”. ¿Sabes? Hay días que son buenos; sin embargo, hay otros que no deberían siquiera mencionarse, ya que con el simple recuerdo lastiman.
La vida es así. La vida es correr en busca de un olor; es cansarse hasta sentir rendidas las fuerzas del cuerpo, no poder cerrar el hocico zangoloteando la lengua para encontrar un poco de frescor, jadeando; es escuchar, ver a todo el mundo, correr, estar, mientras se descansa a la sombra o en algún concreto caliente o en alguna tierra fresca, no hablemos de algún lugar que no cubre las aguas diluvianas, ni aquel que no deja la fría intemperie. Eso es la vida, eso es el andar.
Sabes, es asombroso las cosas que se pueden llegar a conocer. Es tan… enriquecedor ese paseo, esa libertad. Hay cosas tan extrañas en las que se involucra el pensamiento de los humanos. Pero si se pone uno a analizar, cualquiera de los comportamientos tiene algo de complejidad.
Bueno, pero yo no me he decidido a verte para decirte este tipo de cosas, no, yo sólo esperaba que me dieras agua, tengo una maldita sed añejada, y un dolor muy grande en mi pata. No espero que hagas nada respecto a ella. Pero en realidad necesito agua, tengo que caminar… tengo que seguir mi camino. Creo que lo comprendes, tú también lo haces, sigues tu camino, te esfuerzas por crear un rumbo o perderlo. Todos somos unos caminantes, por así decirlo. Yo tengo mucha sed, un maldito dolor, sin embargo tengo que seguir, así que te agradecería mucho que me dieses un poco de agua, en vez de quedarte ahí paradote, mirando como idiota. ¿Crees que quiero tu mirada de lástima? ¡En nada me sirve! ¿Crees que quiero, o me ayuda en algo esa voz chiqueona con que me llamas? ¡No! Y estoy a muy buena distancia ¿Acaso puedes imaginarte tú, ignorante, que me acerco a las personas con toda confianza, sobre todo después de que en más de siete ocasiones de ir a recoger un poco de afecto, de ese que en veces se siente que falta, y luego de acercarme, una patada o el intento de ella no me castiga?
¿Cómo puedes creer que confiaré en alguno de ustedes? Sí, temo, y es mejor el temor, que el dolor. ¿Qué? … El hambre, si el hambre es HAMBRE. Ella nos seduce, más bien la necesidad de saciarla. En veces, en el trato para con ustedes soborna, se apuesta uno a ello, muchas veces hay victorias pero otras no. He sabido de muchos que así han desaparecido y no es que hayan perdido la libertad en la callejería, sino que su cuerpo, su espacio en esta vida.
Bien, no tengo todo el tiempo, si descanso, luego me duele la pata demasiado cuando me echo a andar nuevamente. ¿Me vas a dar agua? Hey, ¿adónde vas, vuelves? … Bueno, que se le va a hacer, a seguirle… ¡Ah! Has vuelto, ¿qué es eso? Huele a pollo, pollo cocido, no sin un sabor acidito, pero pollo; ya no quiero mucha agua, está bien con el pollo.
Rico, muy rico, ¡no me digas que no te gruña al quererme acariciar! Estoy comiendo, estoy comiendo pollo… ¿Qué si estoy contento? ¡Sí! ¿No ves como parece mi cola con vida propia?
Sí, rasca, rasca atrás de la oreja. ¿A tu casa, a tu casa para qué? Bien, creo que eres un buen chico…
¡Ah! Con que ésta es tu escuela ¿eh? ¿Por qué todos de blanco? Que simpáticas humanas esas que me acariciaron. ¿Qué quiso decir la chica de lentes, que dijo que ella no podía soportarlo?
¿Baño? ¡No, baño no! Bueno, hace tiempo que me hacían falta las caricias, y de tantas manos está bien. Es muy agradable el tono con que todas las humanas me tratan…
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me cortan el pelo? ¡Tengo frío, tengo frío! Con un diantre, ¿no pueden entender un gemido, un auxilio? Por favor, me incomoda, me espanta no tener pelo, me siento vulnerable ¿no se ve el miedo en mis ojos?...
Hola chico, mira como me tienen ya: pelón, sin pulgas, sin pelo. Te extrañé, sácame de aquí.
—Tranquilo amigo ya casi termina, vamos a dormir un poco ahora ¿sí? Ven aquí conmigo — Voy, voy, no sabes que regocijo el verte de nuevo, perdón por el chillidito, pero estoy contento de verte, mira: mi cola nuevamente vive, ¿qué traes ahí? … ¡Apesta, no, no, aléjame eso, no!…
¿Qué haces?, ¿por qué no puedo moverme? ¿Qué hacen chicas? ¡No! No lo hagan, me duele, siento como me desgarran, ¡me duele! ¿Por qué? ¿qué no ven que estoy vivo aún?
Hoy el chico me trata, me habla, ya no lo oigo, ya no siento, no quiero sentir; cuanto siento es dolor, dolor puro y asfixia el no poder siquiera chillar, ¿estoy muerto? … ¿Por qué no muero? ¿Qué clase de juego perverso es éste? ¿Qué no ven que siento, qué no entienden que duele? Vivir para ser escarmentado de esta forma, es peor que mil muertes… es el ultraje más vil que le pueden hacer a una vida… ¿qué no viven? ¿Por qué no entienden?
Descanso por fin… es muerte. No, muerte, no puedes espantar a quién ha vivido la ciencia del hombre ¡Oh, muerte! ¿Por qué tardaste tanto?...
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