| El revolucionario V |
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| por Antonio Andrade | |||||||||
| 02 / 2007 | |||||||||
CAPITULO VEl revolucionarioUna hermosa mañana en el “recinto de la educación obligatoria”, en la clase de civismo para ser más preciso, descubrí que estaba siendo explotado al máximo, y que me estaban exprimiendo hasta la última gota de mí entonces delicado, amado y pequeño cuerpecito, descubrí que esos tres meses de trabajos forzados, perfectamente bien disfrazados por la diversión y la armonía al trabajar, eran simplemente eso, explotación a la máxima potencia (pocas prestaciones, poco tiempo de descanso, largas jornadas de trabajo diario, y lo que es peor, ¡poca comida¡) y una descarada falta de escrúpulos por parte del patrón para con sus empleados, y en base a esto y a la dedicación de varias horas de sesuda reflexión fue que tomé otra importantísima decisión en mi cortísima vida, haría otro experimento, este si que no podía fallar. Consistía nada más y nada menos –te has fijado como a la gente le encanta usar esta frase?, es así como si los escuchas ya supieran lo que seguiría en la conversación- en mostrar a mis compañeros de trabajo, la brutal e inconsciente explotación a la que estábamos siendo sometidos, y así, sin más ni menos, me di a la rigurosa tarea de realizar un listado de peticiones, mejor conocido dentro de los círculos intelectuales como, pliego petitorio, cuyos puntos expongo a continuación: 1.- Aumentar los tiempos de descanso. 2.- Aumentar la ración alimenticia. 3.- Aumentar los salarios. 4.- Reembolsar a los empleados el pago de comidas, transporte, seguro e impuestos. 5.- Disminuir de ocho a seis horas la jornada laboral. 6.- Erradicar por completo los traslados del área de parrilla a las cámaras de refrigeración para así, evitar la artritis prematura. 7.- Nombrar gerentes más jóvenes para así, conseguir una plena identificación entre jefes y empleados. 8.- Entregar constancias de horas extra a los empleados para justificar los retrasos en los deberes escolares. 9.- Permitir a los empleados fumar y beber refresco en horas de trabajo para que el ambiente laboral fuese un poco menos estresante. 10.- Hacer opcional el uso de corbata. Comencé a repartir copias a todos los compañeros para despertar en ellos el espíritu revolucionario, o sea que me entró el espíritu Marcos, nomás me faltaba el pasa montañas y el rifle de palo ja, pero, como era de esperarse, no podía faltar el clásico(a) rajón(a), chismoso(a), hocicón(ona), lengua larga o como ustedes adjetiven a esos(as) personas que sienten un tremendo cosquilleo por comunicarse con sus semejantes, del cual desconozco a la fecha, el sexo y el nombre, quien le entrego el pliego petitorio al supervisor, quien –como era de esperarse- de inmediato e inmediatamente me mando llamar, y con un tono medio molestón me dijo: “así que estas son tus peticiones eh?”, a lo cual yo respondí agilisimamente, “claro que sí, y diga que son pocas porque pude haber utilizado hasta tres cuartillas”. Todo iba a pedir de boca, me encontraba frente al máximo representante del dueño de esta empresa, imponiéndole mis exigencias (convertidas ahora en vox populi) me sentí como todo un Che guevara, un Zapata, un Beatle, casi casi como una madre Teresa de Calcuta, recuerdo bien sus palabras, “pues bien jovencito, me temo mucho informarle que su hojita me es completamente inservible, y por consiguiente, su trabajo aquí también”, y de una carpeta amarilla extrajo un legajo por demás gordo e imponente, el cual, con gran astucia abrió y empezó a leer: “contrato de trabajo”, ¡puta!, al escuchar esas tres palabras sentí que se me hacia chiquita (la razón eh, no sean mal pensados, ps a poco no?), estaba más que claro que yo conocía el contenido de ese papel, y estaba mas claro aún que lo había firmado al calce y margen, y así, aceptado todas y cada una de las cláusulas en el estipuladas, estaba al borde del desastre, del ataque de nervios, de la histeria total, perdería mi empleo por un estúpido pliego, en el cual, solo contradecía lo que había aceptado tiempo atrás, ahora si que la había hecho, “así que, ya que está usted en desacuerdo con lo establecido en Mac-cuarros, incluso aún después de haber firmado de conformidad, el siguiente papel que le queda por firmar es su hoja de renuncia, y su cheque de finiquito, el cual no creo que sea muy jugoso”, no pude resistir por más tiempo tal humillación, tomé la pluma, firmé, y salí despavorido de aquel lugar, como un criminal que trata de evitar ser captado por las cámaras de televisión. Una vez que me encontré fuera de ese lugar y lejos, muy lejos, me senté en un parquecillo para meditar acerca de mi turbia vida, era casi increíble, tres grandiosos experimentos para mostrarme a mí mismo que, a los seres humanos les es prácticamente imposible separarse del rebaño con el que caminan y seguir su propio camino, trazarse sus propias metas, abrir su propia vereda y lo único que había logrado demostrarme es que tan solo soy uno mas de los muchos seres vivientes fracasados sobre la tierra. Mas... no era yo un fracasado, nelson mandela, nanai, niguas, nel barnel, ya que aún tenía el cariño de mí siempre bella y esbelta musa del olimpo, me levanté y dirigí mis pasos hacia el hogar de mi amada.
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