| Tunick en México |
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| por Ángel Pérez Sánchez | |||||||||||||
| 05 / 2007 | |||||||||||||
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En PalabrasMalditas, cada quien hace lo que se le pega la gana y lo aceptamos, independientemente de que nos parezca heroico, abominable, lúdico, tonto, fatuo, desaseado, original, represivo, liberador o… He aquí uno de esos 18 mil personajes que se quitaron el calzado y posaron sus piecitos sobre la plancha del Zócalo, que hace cinco siglos fuera parte de la Gran Tenochtitlan.
Mis inhibiciones y mis prejuicios -los pocos que tenía-, quedaron fuera. El haber asistido me dejó sumamente complacido y satisfecho. Sé que te hubiera gustado estar en ese lugar, platicando, escuchando las bromas, las palabras en doble sentido, las porras a la UNAM, los gritos de ¡Viva México!.... Vivimos momentos de gran cordialidad, de amistad, de compañerismo, pero sobre todo, de gran respeto. Deja te platico desde el inicio. A las cuatro y media de la madrugada llegué al Zócalo. Un madral de gente ya estaba en fila para entrar por la calle Madero. Un retén de policías custodiaba y se cercioraba de que quien iba a entrar al Zócalo, llevara en mano la fórmula autorizada por el comité organizador. Quienes llegaron a las cuatro y media y no tenían la forma, fueron enviados a otra calle para llenarla. Cumplido el requisito, ingresaron sin bronca. Cuando llegamos al Zócalo, nos colocaron, sentados, a las orillas de la plancha del Zócalo, en el arroyo vehicular, pues… Mientras llegaba el momento de quitarse la ropa, conocimos y platicamos con nuestros vecinos. Me tocó charlar con un matrimonio joven proveniente de San Diego, California, el cual a última hora del sábado decidió venir a tomarse la foto, abordaron el avión en la noche del sábado y llegaron a México el domingo a la una de la mañana, esperaron dos horas en el aeropuerto de la Ciudad de México y a las cuatro de la mañana ya estaban en el Zócalo. También estuvieron con nosotros, cuatro jóvenes universitarios quienes en todo momento hicieron bromas y chacotearon entre sí. Mientras llegaba el momento de quitarnos la ropa, (los organizadores dijeron que en cuanto apareciera el sol), la gente echaba porras, primero a la UNAM con el clásico cachún-cachún…, luego a México. El clásico “Viva México”, no faltó. En algún momento se cantó el “México lindo y querido”. En fin, el ambiente era de alegría y camaradería, tal vez para relajarnos. No sé. Como estábamos frente a un hotel Majestic, hombres y mujeres ahí hospedados salieron al balcón para vernos, tomar videos y fotos. Los que estábamos abajo, la mayoría jóvenes, gritábamos “que se encueren”, “que se encueren” y las chicas solamente coqueteaban, una simuló quitarse sus prendas, pero creo que le dio miedo. Los minutos corrían y no dejaba de llegar gente. Los que ingresaron al lugar después de las seis de la mañana, fueron recibidos con gritos de “güevooones”, güevoooones”. Después, como a las seis de la mañana, los organizadores comenzaron a dar las instrucciones mientras, en la parte alta del hotel, aparecía una manta con la figura de una persona desnuda y una letra A; cuando la vimos, exclamamos sarcásticamente ¡aahh!. Los organizadores explicaron que habría tres posiciones A, B y C, y una cuarta posición sorpresa. A las seis y media, con altavoces, Spencer Tunick nos dio la instrucción de quitarnos la ropa…. Y así, sin pensarlo más, todos al mismo tiempo, nos despojamos no sólo de la ropa, sino, diría yo, de nuestros temores. Ya desnudos acordamos formar una pila de ropa y maletas para identificar el lugar donde quedarían. De inmediato fuimos al centro de la plancha del Zócalo, algunos corrieron, otros caminamos. La instrucción fue pararnos en cada uno de los cuadros de la plancha del Zócalo. No hubo un lugar determinado, cada quien se colocó donde mejor le pareció. A mi me tocó frente a la Catedral, en donde muchos de los encuerados gritaron “Norberto, mándanos tu bendición”, obviamente todos rieron con la broma. En ese lugar, nos dijeron que deberíamos permanecer parados -era la primera posición. Nuestros cuerpos temblaban, pero no de nervios, de frío. Aunque había 20 grados de temperatura, el suelo y un ligero aire frío, nos hacía temblar. De nuevo el altavoz. Los organizadores dijeron que deberíamos estar parados sin movernos y en posición de firmes (es una palabra que usan los militares para colocar la mano en el pecho y saludar a la bandera mexicana), pero todo mundo rió de nuevo porque alguien gritó: “no puedo estar firme, con este frío”, obviamente lo estaba diciendo en doble sentido… Albur, albur nacional. Después pasamos a la posición B, acostados con la vista al cielo. Luego la posición C, fetal, que fue la más difícil, porque nuestras rodillas y pies soportaban todo el peso del cuerpo y ya sabrás ese piso tan duro y arcilloso lastimaba nuestra piel. Luego, nos pidieron que camináramos hacia la avenida 20 de noviembre. Cuando lo hicimos, a alguien se le ocurrió gritar “voto por voto, casilla por casilla” y todos divertidos, riendo de la ocurrencia, coreamos la frase, con el puño en alto. En los balcones de los edificios hubo algunas personas viendo el espectáculo por los ventanales, a quienes les gritamos “pervertidos, pervertidos. Que se encueeeeren, que se encueeeeeren”. Un tipo nos tomó la palabra, con rapidez se despojó de su camisa, pantalón y calzones, pero se metió corriendo como niño que hizo una travesura. Estuvimos unos minutos, tal vez 20, levantando primero un brazo, luego el otro. Cuando Spencer dijo levanten un dedo, algunos gritaron “el de en medio, no” y de nuevo las risas. Mientras sucedía eso, algunos comentamos del frío que se sentía en el lugar, porque estábamos a la sombra de los viejos edificios del Centro Histórico. Alguna reportera de televisión dijo que: “había un clima agradable de 20 grados; tal vez la gente temblaba de nervios”. Me hubiera gustado que estuviera ahí, para sentir. Para finalizar, los hombres nos vestimos mientras que a las mujeres les hicieron otra toma fotográfica. Cuando ellas terminaron, llegaron a sus lugares por sus prendas de vestir; algunas no las encontraron, pero fue momentáneo, lo que sucedió es que no ubicaron el lugar donde las habían dejado. Cuando nos despedimos de nuestros conocidos, nos aplaudimos, nos dimos un abrazo y nos felicitamos por haber participado. Fue una excelente experiencia y realmente me hubiera gustado que mucha gente estuviera en ese sitio, sintiéndose libre, sin prejuicios, sabedora que el cuerpo humano no es más que eso. Que en ese momento, las mujeres y hombres que estuvimos desnudos jamás nos preocupamos por nuestra condición, ni por tener bonito o feo cuerpo. Siempre hubo respeto total, nunca existió morbo de la gente. Charlamos desnudos como cualquier amigo que encuentras en una cafetería, en el cine o en el metro. Si bien nuestras charlas fueron intrascendentes, nunca estuvieron relacionadas con la cuestión sexual o con hacer alguna crítica de alguien por su cuerpo. Lo que me queda perfectamente claro es que el cuerpo perfecto no existe. Esos monumentales y bien formados cuerpos que vemos en las revistas o en la televisión, sin duda son operados. En el Zócalo no vi alguno de esas, a pesar de que éramos unas 20 mil personas. Cuando nos íbamos, uno de los chavos universitarios comentó “el haber participado me deja en claro que hay otros más jodidos que yo”, reímos y cada quien agarró su rumbo.
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