| La Vida de los Otros |
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| por Javier Moro | ||||||
| 05 / 2007 | ||||||
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por Javier Moro. El primer filme del cineasta y escritor alemán Florian Henckel von Donnersmarck. Película ganadora, del Oscar como mejor película extranjera del presente año...
La vida de los Otros, es el primer filme del cineasta y escritor alemán Florian Henckel von Donnersmarck. Película ganadora, del Oscar como mejor película extranjera del presente año. Es 1984 en Alemania Oriental; No hay visos aún de que el poderoso sistema de partido único caiga: Aún se tortura y se encarcela a todo aquel que osé siquiera a cuestionar las estructuras de poder del partido Comunista; Al capitán Gerd Wiesler, miembro de la Stasi, se le encarga vigilar a la pareja de artistas formados por el dramaturgo Georg Dreyman y su pareja sentimental, la actriz Christa- Marie Sieland. Sin embargo la vida del prestigiado dramaturgo parece encajar perfectamente en la política del partido; se dedica a su trabajo y parece disfrutar de los privilegios que goza al ser uno de los intelectuales más cercanos a algunos miembros poderosos del partido. Pero esto no parece contener la curiosidad del Capitán Wiesler, que redobla sus esfuerzos para encontrar cualquier prueba de actividad subversiva por parte del escritor. Hay algo que lo obsesiona. Hay algo en esta historia que conmueve. ¿Pero qué es exactamente? ¿Será tal vez la derrota del sistema comunista? Me preguntó. La derrota encarnada en la caída en desgracia del capitán Wiesler. La belleza de este filme reside precisamente en que confía plenamente en la inteligencia del espectador para percatarse de estos cambios, mínimos y sutiles, en las motivaciones de los personajes. Cambios sutiles que sin embargo entrañan profundas transformaciones internas. Un ejemplo de esto lo encontramos en la escena en la que el capitán Wiesler regresa a su departamento después de un agotador día de trabajo: Entra al elevador, no es más que un hombre de mirada vacía, que ha envejecido en los últimos días. Antes de que las puertas se cierren, un balón de fútbol entra y choca contra las paredes. Atrás de él viene su dueño, un niño. El silencio espeso se forma entre los dos, hasta que el niño lo rompe, preguntándole al hombre de mirada vacía: Es cierto que trabajas en la Stasi. El hombre sin responder le pregunta que quién le ha dicho eso. Mi padre, responde el niño, agregando que su padre también le ha contado que los hombres de la Stasi son malos. El capitán Wiesler pregunta de inmediato, de una manera brutal, ¿Cómo se llama…..? Pero no logra terminar su pregunta; ¿Cómo se llama quién? Pregunta el niño. Tu balón, responde el hombre. “Que tonto eres, los balones no tienen nombre”. Responde el niño Ante nosotros se muestra la desmesura del poder único, la frialdad del sistema comunista, que terminó por deshumanizar y por considerar a todos los ciudadanos como meros súbditos, como posibles sospechosos. Su representante, el capitán Wiesler se convertirá más adelante en el actor elegido por el destino para ocultar las evidencias que terminarían por incriminar al dramaturgo en un crimen en contra del Estado. Tenemos aquí entonces la visión del choque entre los deseos insatisfechos de un ser como lo es el Capitán Wiesler, contra los anhelos y las dudas del otro, del autor Dreyman, quién se vera forzado a tomar partido y a ejercer su función de intelectual, para algo más que escribir obras que los jerarcas aplaudan: el suicidio de su amigo lo llevará al choque ineludible ante la visión totalitaria del poder. La Vida de los Otros nos narra a fin de cuentas la traición de todos los ideales que los personajes han guardado y han alimentado. El personaje de Gerd Wiesler es la personificación del soldado que ha prometido ser la espada y el escudo del partido: Y sin embargo sufre la culpa de ser lo que ha sido: Un torturador, un espía, alguien que ha vivido siempre a través de los otros, vigilando a los otros, culpando a los otros. Él no tiene nada, nadie lo espera en su amplio departamento, nadie habla con él, la gente le teme, lo odia. En cambio el hombre al que vigila lo tiene todo, o aparenta tenerlo todo; Es famoso, respetado, querido. Y tiene a su lado a una hermosa mujer talentosa. Y sin embargo tampoco ha tenido el valor suficiente para enfrentarse al sistema que lo protege, que lo mima. El hecho de un que un hombre, en esencia convencido de los ideales de una revolución materializada en un estado, que él ha jurado respetar y hacer respetar, observa el fracaso de sus acciones, el desmoronamiento del mundo que el ha defendido a sangre y fuego. Este triste capitán que un buen día le roba a su perseguido, al hombre que vigila día y noche, un libro de Brecht para poder entender a ciencia cierta lo que es la revolución, lo que es el comunismo, para lograr entenderse al mismo tiempo, lograr entender, justo a tiempo lo que es en realidad el amor, la vida, la esperanza. El capitán Wiesler es en esencia la figura de ese sistema deshumanizado, ese sistema que ha crecido como un monstruo de mil cabezas que todo lo controla, todo lo vigila. Pero el capitán también logrará ser ese hombre que alcanza escapar de toda las mentiras que lo rodean: el hombre que pierde la fe en la ideología, en el sistema por el cual ha vivido, ha trabajado, ha torturado, ha matado, pero que recupera, en contraparte, su humanidad, su bondad. Que logra ser el protagonista de la Sonata para un Hombre Bueno. Wiesler es el hombre que sale derrotado, que será mandado a los sótanos del sistema a leer cartas ajenas, pero que al ser derrotado ha triunfado sobre la deshumanización, ha recobrado algo más importante que el poder, los privilegios o la ideología; Su vida. Estamos frente a un filme serio, sobrio, con una mirada justa, esclarecedora sobre los hechos. Que cuenta la historia sin sobresaltos, sin dramatismos. En fin, una gran película.
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