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El difícil arte de aceptar los fracasos Imprimir E-Mail
por Emanuel Mordacini   
06 / 2007

Corría el mes de noviembre del año 2006 cuando leí en cierta revista sobre la convocatoria a un certamen literario. El 1er. Premio era de $10000 y había otros 4 premios equivalentes a $2500 y $1500 respectivamente. El relato debía estar relacionado con las comidas, el arte culinario, los sabores, el proceso de cocción, etc., etc., etc. Entonces, como para tentar a la suerte, se me ocurrió escribir algo, un relato gastronómico que al menos me acercara ínfimamente al gran mundillo literario. Agarré una lapicera (mi PC no funciona desde hace tiempo) y puse manos a la obra (nunca esta expresión estuvo mejor usada).El relato se llamó “Los sabores de Ariadna”. Lo pasé a formato digital desde un cyber café y, al otro día, lo envíe al certamen previo paso por PALABRAS MALDITAS. Confieso que íntimamente pensaba que merecía alguno de los premios, yo venía de una buena experiencia con otro relato mío llamado “La musa”, que se publicó hace algunos meses en la sección CUENTO de PALMAL y que tuvo buena aceptación entre los lectores. Anteriormente también había enviado “La musa” a un certamen y salí finalista, por lo que pensé que con “Los sabores de Ariadna” las cosas me resultarían fáciles, o relativamente fáciles. Al publicarlo en mi espacio de la sección INFIERNO (SIN LIMITES) los lectores opinaron igual; “Los sabores de Ariadna” gustó, y así me lo hicieron saber a través de los buenos comentarios que tuvo el cuento. Entonces, pensé yo, lo demás es pan comido. Me equivoqué. El jurado de notable eligió los 5 relatos ganadores, entre lo cuales “Los sabores de Ariadna” no figuraba. Mi primera reacción fue de bronca, de un enojo desbordante. Sentí deseos de agarrar todos mis textos, enrollarlos prolijamente y metérmelos en el culo, en el fondo de mi sucio y podrido culo. Después llegó la etapa de resignación: “Y bueno… ya pasó… peor es morirse bajo las ruedas de una camión” pensaba mientras buceaba en litros y litros de cerveza negra. Luego, pasada la borrachera y en medio de los hipos de la resaca, llegó tal vez la peor parte del proceso: la reflexión.  ¿Por qué perdí? ¿Soy mal escritor? ¿Debería dejarme de joder con escribir y que los escritores buenos, los que ganan certámenes literarios, prosigan su merecido camino a la gloria? ¿Qué es lo que hice mal? ¿En que fallé? Y descubrí entonces el costado más cruel y desesperante de lo certámenes literarios: la incertidumbre, la duda de no saber porque tu relato no fue elegido. “Si ganaste felicitaciones, y si no retuércete el cerebro tratando de adivinar porque perdiste”. En mi caso particular podría atribuir el fracaso al tono levemente erótico del cuento, donde incluso hay un fogoso encuentro sexual entre los protagonistas sobre el final de la historia. Podría decir que el cuento no fue tenido en consideración por su imprompta popular, más cercana quizás a la literatura pulp que a la autodenominada y siempre elitista “gran literatura”. O podría decir, simplemente, que el cuento es malo. Terriblemente mal. En cualquier competencia si uno pierde puede autoevaluarse e intentar dilucidar los motivos del fracaso, pero en una competencia literaria no hay autoevaluación que valga; “perdiste, y que tu cerebro se ocupe del resto, hasta nunca” o la otra cara de la moneda: “ganaste, estás entre los mejores, tienes futuro en la literatura, eres un gran escritor”. Eso son los certámenes literarios: una gran ruleta rusa; los sobrevivientes son los cinco ganadores, el resto se muere de un disparo en la cabeza sin que nadie les explique los motivos.

Alguna vez alguien leyó un relato mío  y me dijo que era bueno, muy bueno, recién entonces comencé a tomarme relativamente en serio este asunto de la literatura. De esto hace tres años, y, si bien siempre tuve la afición de escribir historias, fue ese hecho fortuito lo que me impulsó a pensar que, con suerte y un toque de talento, podía dedicarme a eso, a dar vida a situaciones y personajes y darlos a conocer al mundo. El fracaso estrepitoso de “Los sabores de Ariadna” hizo tambalear ese incipiente castillo de naipes, ese deseo apenas presentido, y mi futuro como escritor novel se vio de pronto amenazado.

¿Cuántos de los hoy grandes escritores habrán visto en su momento perdidos sus anhelos gracias al fracaso en un certamen literario? Alguien que pierde uno de estos concursos ¿está destinado al anonimato eterno? ¿Fracasar en un certamen literario es la prueba irrefutable de que uno es un escritor de mierda? ¿O todo depende de la percepción de los jurados de turno?

Pasado el impacto inicial, y después de los lamentos, los insultos, la borrachera y los vómitos de bilis, solo queda asimilar el  fracaso con dignidad y hacer lo que dicta el corazón y la mente. Una cosa es segura: la chispa que arde dentro de nosotros no se apagará fracasando en un certamen literario. Somos chiflados, y estamos endemoniados por nuestras propias historias. Por mi parte pienso seguir escribiendo, pienso seguir transitando ese oscuro laberinto de las letras aunque eso me valga morir en la miseria. No me doy por vencido ni aun vencido. Miles de relatos se retuercen en mi cerebro como pequeños lagartos  dentro de su cascarón, y necesito sacarlos a la superficie de alguna manera.

Aclaración aparte, todos los relatos a los que hice referencia pueden leerse aquí, en PALABRAS MALDITAS, saquen ustedes sus propias conclusiones. 

 

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  Comentarios (6)
ANIMO
Escrito por María, el 26-06-2007 11:16
Hace ya cuatro años,cierto amigo me dijo: escribes con elegancia. Antes de eso, en el colegio, mi familia, mis amigos...me habían hecho una observación: escribes bien, muy bien, deberías publicar un libro.  
 
Hablé con correctores literarios e incluso con gente que trabaja en una editorial. 
 
Y todos coincidieron en que mis cuentos son preciosos.  
 
- Seguro que te lo pubicarán- me decían unos- 
 
- Es publicable-otros-  
 
Pero a día de hoy, no he conseguido publicar nada ni tampoco ganar concurso alguno. 
Al parecer soy muy buena...pero no les interesa.  
 
Así que te digo... 
 
Estoy contigo cuando dices, que la llama que llevamos dentro nunca se apagará. 
Que por mucho que fracasemos en un certamen literario, vamos a seguir escribiendo.  
 
Porque la escritura se lleva dentro, forma parte de uno mismo y es imposible darle la espalda.  
 
¡Qué más no da lo que diga el jurado de turno! 
 
¿No estás deacuerdo? 
 
¡Ánimo!Sigue luchando.
Concurso!! Ppfffff!!
Escrito por Emilia, el 20-06-2007 21:29
"Todas mis carencias interiores 
se sublevaron 
y fui hacia ella 
y la tumbé en el sofá 
y le levanté el vestido hasta el cuello 
 
y me importó un pito 
si era una violación o el fin del mundo. 
volver a estar 
ahí 
en un sitio  
real 
 
sí 
sus bragas estaba en el suelo. 
y mi polla entró, mi polla entró 
oh Dios, mi polla entró 
 
yo era Charles 
Alguien." 
 
Alguien, de Charles Bukowsky. 
Espero que entiendas las sutilezas. 
Desde el texto a la elección del autor.
Escrito por Placid Ydil, el 15-06-2007 07:28
Ánimo! generalmente los certámenes son solo para divertirte, no te lo tomes tan enserio... 
la mejor opinión es la propia, y ya sabrás que uno nunca queda completamente satisfecho con lo que hace. 
El verdadero escritor escribe poco y borra mucho.
Mi carnalito
Escrito por Anselmo, el 05-06-2007 15:27
Es una lástima que las decisiones de otros no nos permitan dormir bien pero hay que pensar en que las letras hay que darlas a conocer de cualquier forma y no estar esperanzado al criterio de pendejillos que tienen gustos muy arraigados y que a veces no se parecen a los de nosotros... además, creo que los premios literarios siempre están arreglados.
gracias.
Escrito por emanuel, el 05-06-2007 09:53
una gustazo vittor... gracias por tus palabras. Hemos de seguir sin dudas. nunca pensé dejar de hacerlo.. un abrazo.
ÁNIMO
Escrito por Vittor Samzen, el 04-06-2007 21:22
Compañero: Soy lector y como tú, tengo esos animalillos revolcàndose en mi mente buscando que les de forma y los eurpte abruptamente en una noche de insomnio. Muchas veces temo que mis relatos sean rechazados por las situaciones sensuales que de alguna forma salen solitos del cascarón. Algo puedo decirte con certeza. Tienes coherencia, estilos y buen manejo de las letras, lo que no puedo decir de todos los escritos que reviso en estas páginas cibernéticas. Será cuestión de práctica, esfuerzo, sangre y lágrimas.  
A seguir escribiendo y por aquí nos leemos. Afectuosamente 
Vittor
 
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