| Como veo doy |
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| por Dalí Corona | ||||||||
| 06 / 2007 | ||||||||
Consejos de bellezaHace poco tiempo, mientras ojeaba una famosa publicación de consultorio (léase “de consultorio” como: vanidades, cosmopólitan o cualquier revista que colocan en las recepciones para que uno se mantenga entretenido, mientras espera consulta en el dentista o turno para cortarse el cabello), leí algunos “tips” para poder limpiar imperfecciones en el cutis. De entre los que me llamaron la atención y que apunté rápidamente en una servilleta doblada y con impresiones de mole y pan molido, se encontraba la siguiente: Para limpiar marcas de la cara ocasionadas por la expulsión violenta de grasa, o sea, las que te quedan por exprimirte los barros, sólo basta comprar un cuarto de café de grano molido y ponerlo a hervir en un poco de agua, como si uno se estuviera haciendo un café, sólo que sin canela y azúcar. Cuando el café ya está hecho, o mejor dicho, lo que pudo haber sido un café, se retiran los restos del grano con un colador y se procede a dar un ligero masaje en el rostro, (aquí uno debe de ser muy cuidadoso porque podría quemarse, o bien, dejarse la cara como la carretera del sol. Para evitarlo, puede esperar a que se enfríen y posteriormente dar el masaje; ya antes dicho, suave). Una vez realizada la limpieza facial con los mentados granos, se enjuaga la cara y se procede a colocar una pasta, previamente hecha, con aguacate del día y pepinos frescos (en la receta no decía si se molían juntos o cómo poder distinguir a un aguacate del día, de uno de hace dos). Bueno, la mascarilla (una vez que descubrió cuales son los aguacates del “día” y si se muele o no el aguacate y el pepino) se deja en el rostro alrededor de hora y media y se retira con agua tibia. Inmediatamente podrá usted constatar que su piel (si es que hizo las cosas adecuadamente) quedará más suave y las marcas comenzarán a desaparecer. Realice esta operación tres veces por semana. Si usted, como yo, lo hace de forma errónea, podrá sentir su piel tiesa, pastosa y con un olor a guacamole, digno de cualquier lonchería del metro Tacuba o Pino Suárez, además de haberse pintado la barba y las patillas de color verde y haber terminado con los ojos como ensalada. Repita esta operación tres veces por semana, si se atreve.
Como veo doyPara salvar el mundo.
Para Yunuel, porque un día Jennifer López nos haga besar al paso de los créditos. De las cosas que suelo hacer cuando tengo algo de tiempo libre, ver películas es una de las que más reditúa, en especial si estoy solo; esto, no porque el tipo de cine que vea sea altamente artístico e incomprensible para otras personas (como suele suceder con la mayoría del cine de arte) o porque sea censurable a los castos ojos de mi familia, sino porque regularmente veo películas que en cualquier otro momento y acompañado, me daría, francamente, pena. Para realizar esta labor, profundamente instructiva, llevo a cabo un ritual, no menos instructivo, que comienza con una visita al cineclub comunitario. Lo primero que hago al entrar al cineclub, es fijarme muy bien que no haya ninguna persona conocida que pueda fisgonear entre mis títulos; una vez verificado esto, paso por la sección del llamado “cine de arte” sin mirar y detenerme y me traslado directamente al estante en el que se encuentra Rocky III, Arma Mortal o cualquier película donde Bruce Willis o Mel Gibson salven al mundo (desde Nueva York o Los Ángeles) de un ataque ruso o norcoreano, ahora tan de moda. Una vez que elegí la película (esto toma por lo regular una hora) giro hacia la tienda de abarrotes más cercana y compro una bolsa de papas fritas, un paquete de palomitas de maíz y un refresco grande de dos litros. Voy a mi casa y quitándome los tenis y el pantalón, me acuesto en la cama y doy play al DVD. Si al iniciar la película, intuyo que, como decía al reverso de la caja, ésta se trata de un ex policía que debido a su brutalidad para tratar a la delincuencia (regularmente gente afroamericana o mexicanos vestidos de cholos) es expulsado de la corporación y mientras está cesado de su cargo descubre que un narcotraficante (que seguramente se llama Pablo Escobar y es colombiano, nunca gringo o inglés, ni ruso. No, a esos les toca siempre ser mafiosos o regenteadores de prostitutas o sicarios) quiere introducir al país una cantidad inimaginable de coca o heroína y mientras intenta atraparlo, ellos, los narcos, secuestran a su morra, esto se vuelve un desmadre de proporciones épicas y por ende una gran película. En fin, si intuyo que la película se trata de eso, la dejo, si no, saco la última película de Jennifer López que, a manera de “por si las moscas”, también renté y me asegura ciento veinte minutos de inanición mental y buena tarde. Nota: En la primera película de narcos de la que hablé, éstos, siempre son millonarios y con un gusto exquisito para vivir y para con sus mujeres, nunca rancheros sombrerudos con cadenas de oro y anillos del tamaño de una pelota de básquet. Eso sólo pasa en una de los Almada.
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Comentarios (2)
Y LA VDD ES K POCOS NOMBRES SE PARECEN AL MIO, RESPECTO A TU COMENTARIO, LA VDD A MI SI ME GUSTAN LAS PELIS DE ACCIÓN, SIEMPRE CUANDO MUESTRES RELAIDADES Y LA DE JL PUES LA NETA LA MAYORIA SON ROSAS QUE AUNQUE NO SON TAN REALES TE HACEN PASAR UN RATO SIN NERVIOS 


