| El Presidente se divierte |
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| por José Juan de Ávila | |||||||
| 06 / 2007 | |||||||
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Parece que sí. Deja-vu, dos días después Bellas Artes volvió a ser sitiado “masivamente con toda la fuerza del Estado” para que Calderón conociera a Frida Kahlo Calderón y ensalzara la “conciencia cultural de los pueblos” de esta fan de Stalin, mientras Fernández Noroña disputaba “la libertad de tránsito” al Estado Mayor Presidencial brincando cercas, y sus huestes gritaban a la distancia al mandatario de AN que la homenajeada era ¡comunista! Tanta cultura en medio de cientos de policías, granaderos y militares resulta sospechosa. ¿Todo por un concierto y la pintora favorita de Madonna o por la persistencia de un duelo? La sola idea estremece por lo grotesca, pero como alguna vez el padre Brown reveló a Chesterton, la verdad siempre es espantosa. ¿Qué tal si Felipe Calderón llegó a Los Pinos sólo para batirse una vez más con Fernández Noroña en una saga atemporal e infinita? ¿Qué tal si Fernández Noroña sólo apoyó la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador con la premonición de una derrota, para denunciar fraude y revivir un pleito viejo? Quizás en otras vidas fueron guerreros. Gladiators. Quizá por eso Mr. Incredible visitó el Coliseo hace dos semanas, para aspirar el polvo de un ancestral combate cuerpo a cuerpo. No hizo falta difundir que Felipe Calderón, después de viajar a Europa, quería divertirse a su regreso. El despliegue militar y policiaco fue la invitación al contrincante en este juego. Desde temprano, lunes y jueves el Estado Mayor Presidencial, la Policía Federal Preventiva y los granaderos habían sitiado el campo de batalla. Poco importó que fuera centro cultural. Con tanto uniformado aun los indigentes del Paseo Alameda lo sabían: el Presidente quería divertirse y tal vez escuchar y ver en su país esas “expresiones folclóricas” que lo callaron en el Palacio Mezzanotte de Milán, durante el foro de negocios México-Italia el 5 de junio. O tal vez, como en Rayuela, él y Fernández Noroña se buscan para no encontrarse.
Pero el lunes el Presidente de la República perfeccionó un antiguo truco, aquel con el que logró colarse a otro palacio, el de San Lázaro, el 1 de diciembre. Entró a hurtadillas, por la puerta trasera, por la espalda de Bellas Artes burló a su contrincante. Así también se fue. Aunque medio teatro estaba lleno de funcionarios públicos y empresarios, hubo abucheos. Fernández Noroña mantuvo el cerco al cerco policiaco-militar las dos horas y media que Yo-Yo Ma, Kathryn Stott y Carlos Prieto conjuraron la barbarie. Juego de cercos. ¿Quién tenía cercado a quién? ¿Se podía hablar de tablas o de un empate técnico? Calderón aplaudía vigoroso desde el balcón presidencial, ese que quizá nunca visitó Vicente Fox. ¿Se aplaudía a sí mismo? Alrededor de las 11 de la noche, media hora después del último encore, Fernández Noroña informó a su tribu que el michoacano había partido. Otra vez por atrás. “Lo perseguimos, pero se escapó. Pasen la voz: el próximo miércoles regresa a Bellas Artes para la exposición de Frida Kahlo, tenemos que juntar más gente”. Y al despedirse como un guerrero, un Aníbal, un bárbaro Atila, Azote de Dios y de Presidentes, con su veintena de espartanos desnutridos y vestidos de tianguis entonó a manera de victoria el marcial Himno Nacional en una esquina de la Alameda. ¡Que Calderón no regrese a Bellas Artes, por favor! Y que el duelo siga con canicas.
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