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Cuando la mujer puede… Imprimir E-Mail
por Celia Gómez Ramos   
06 / 2007

Mientras en la mitología griega un dios procreaba con diosas y con ninfas, las diosas (salvo el caso de Afrodita, esposa de Efesto ‘el cojo’ y amante de dioses y mortales, entre estos últimos, de Adonis), jamás se mezclaron. Ellas se mantuvieron silentes ante la infidelidad o asesinaron a sus vástagos y/o marido. Los celos siempre cosecharon crueldades atroces, desencadenaron tragedias. Las diosas no toleraron fallas desde un principio, se vieron superiores y no fue por carencia de sentimientos y sensaciones, fue para marcar territorios.

Las diosas griegas representan en su tipología, quizá hasta la actualidad, la reproducción de costumbres femeninas en las sociedades; aunque los últimos 40 años las cuerdas se están tornando hilos (espero que no sean de nylon). Las características femeninas debían ser como las de las virginales diosas: Fuertes como Atenea o Artemisa, maternales como Deméter, dependientes como Perséfone, femeninas o espirituales como Hestia, esposas perfectas como Hera. El caso de Afrodita revoluciona, porque otra de las cualidades de la diosa-mujer es la hermosura y claro, a ella no le era suficiente, porque todo el tiempo sintió celos de la mortal Psique. El Olimpo quedó en la mitología, pero las historias las vivimos a diario con una fuerte división de la personalidad femenina, ante estructuras rígidas de poder y etiquetas afortunadamente cada vez menos inamovibles.

*****

Caminando en el tiempo, desde que murió la esposa del gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, he pensado en lo fundamental de escribir algo sobre cuidar a las compañeras de los grandes hombres, en el ámbito político, empresarial y de los famosos, y bromeando con amigos he dicho múltiples ocasiones: Cuidemos a nuestras primeras damas, consigámosles un amante... Y es que me he cuestionado terriblemente en torno a esa renuncia que es en sí misma una tragedia en el ámbito familiar y en el ámbito público. Son ya varias las mujeres que no acompañan a su pareja poderosa en este México, y no por un divorcio. Ni siquiera tengo que hacerles un recuento. Ante ello, me gustó rescatar la idea de “tener una memoria”: la ancestral (nuestra filogenesis), la del imaginario colectivo y la reciente (la de nuestro entorno, vivencias, referencias), nuestra propia historia.

Algo está ocurriendo con esas mujeres talentosas que no están buscando los reflectores, y que no acaban por decidir, quedarse sin ser ellas mismas… Sujetas a una pareja poderosa.

Rememoro la película “Sólo contra sí mismo”, ese rostro de un joven nórdico de 16 años, Erick, con mirada perdida, que piensa en voz alta gracias a la magia del cine:

 “Sé como respirar y como no hacerlo... Y como pensar en dejar de volverme loco o desmayarme. Ha sido así desde que puedo recordarlo”.

…Uno sabe ya que algo terrible ocurre, y no transcurren ni dos minutos, cuando uno ya conoce de la violencia de la que se está hablando. Una voz de mujer lo nombra, él se encuentra en el extremo de la mesa y los que parecen ser sus padres, uno de cada lado. Van a comer. El varón mayor le sonríe a la mujer, cuando el chico vuelve de sus pensamientos con rostro de circunspección. Erick torpemente tira el tenedor con el que va a comer y al levantarlo, el hombre mayor lo observa con dureza y le asesta una cachetada. Eso no es todo, le dice que terminando de cenar tienen una cita. La mujer tuerce la mirada y el rostro, no emite sonido. Erick y el varón mayor entran a otra habitación, el último cierra la puerta. La mujer permanece del otro lado, con el rostro desencajado, pálido, se comienzan a escuchar azotes, y ella, abre la tapa del piano y empieza a tocar. Frente a ella, hay un cuadro con una mujer de espaldas en un espacio abierto, parece su sombra.

Ese silencio es al que muchas ocasiones la mujer se somete por distintos motivos: por un miedo aterrador que le impide luchar, porque no sabe que puede luchar o porque no se atreve a que lo establecido cambie. Esta película sueca de 2003, ganadora de muchos premios, muestra a un joven violento en la escuela, producto de la violencia extrema de su padrastro, que es tolerado por la madre con la idea de mantener el orden y el respeto. Claro, no podríamos extrañarnos, cuando apenas en 1999, Reino Unido abolió los azotes de las escuelas. La mujer pareciera impasible y sin vida ante la brutalidad o el sometimiento en una situación semejante, sin embargo, en otros muchos casos, más civilizados, la mujer evita escándalos, deja que las cosas reposen, para luego con calma, tacto y ‘buena letra’, tomar decisiones o hacer recapacitar a los otros. Ante la impulsividad del hombre, la mujer ofrece reflexión y agudeza. La mujer orienta y dirige. La mujer consolida sus resistencias, muchas veces disimuladas como simple subordinación. La vida es una carrera larga de inteligencias, y no, no hemos podido remontar a Darwin.

La mujer toma el poder que por naturaleza le corresponde como miembro de la sociedad, y si no ha podido desde antaño usar el poder público, si ha logrado lo que ha querido con el privado, que se traduce en dominar por las maneras, los modos, los encantos. Se coloca en situación de riesgo siempre, como el hombre también lo hace. Ambos van en pos del poder y la conquista. Las formas de enfrentar la vida han sido, buenas o malas, diferentes a cada uno, y con las alternativas de cada sexo, muchas mujeres han logrado resistir mejor que un hombre, por su agudo sentido de supervivencia.

La toma de conciencia, sobre cual ha sido la sabiduría transmitida de una generación a otra, para que la mujer eche mano de distintas herramientas, como lo son: El silencio implacable, que hoy en el varón genera angustia y desesperanza; el desdén para lograr la conquista; la ternura para tranquilizar tempestades; la inteligencia para trazar un plan y lograrlo; la determinación inquebrantable para conservar la prioridad, aunque los dolores y sufrimientos alrededor sean profundos; la claridad de que el sexo es una forma de controlar en el ámbito privado y que por lo general, puede trascender a los ámbitos públicos; la nulificación personal para someterse a atrocidades, en un extremo; así como la anulación inmediata para evitar males mayores y en tanto, pensar como resolver o salir de esa situación, también ha generado sus excesos, para con la mujer misma, como para con los otros.

Cuando la mujer no se enfrenta, puede ser porque es una batalla que no necesita ganar o porque está pensando cómo lograr vencerla. Los hombres saben que los instrumentos de dominación también han generado desigualdades, tanto, que en la literatura, la belleza siempre se ha relacionado con la crueldad, con la infidelidad, con la manipulación y cualquiera considerado exceso y búsqueda de dominio o todavía peor, todos estos atributos de los que hablamos no han aparecido en ese hermoso ser femenino, ha nacido descerebrado. La mujer bella o siempre ha destrozado todo lo que toca o es simple y silvestre, burda. Triste es cuando somos muchas las mujeres que lo tenemos tan adentro, que lo pensamos al ver en algún lugar a una beldad y al instante, ya le estamos buscando los defectos. No concebimos que todo puede ser armónico. No creemos que podemos tenerlo todo.

ImageEl poder como posibilidad de hacer. Aun mantenemos vigente el mito del aparente desinterés de las mujeres por el poder público, no obstante América Latina haya contado ya con ocho mujeres distinguidas como presidentas de sus naciones, desde 1974 a la fecha (de la primera a la última): María Estela Martínez de Argentina, Lidia Gueiler Tejada de Bolivia, Violeta Barrios de Chamorro de Nicaragua, Sila María Calderón de Puerto Rico, Mireya Elisa Moscoso de Panamá, Ertha Pascal Troullot de Haití, Rosalía Arteaga de Ecuador (que sólo duró cinco días) y hoy día, Michelle Bachellet de Chile. Es claro que la mujer ya no se resigna al poder oculto, a ese ejercido entre bambalinas, como heroínas anónimas. Algunas de las mencionadas fueron compañeras de presidentes o de lucha con sus parejas, luego se quedaron en el poder.

Poder económico, político y empresarial. Bastan unos nombres femeninos también, porque cuando una actividad se hace pública, adquiere valor a ojos de los otros. Según la Revista Forbes, las famosas más ricas del mundo en 2006 son: 1) Oprah Winfrey, conductora de TV (1,500 millones de dólares); 2) J.K. Rowling, autora de Harry Potter (1000 millones); 3) Marta Stewart, celebridad norteamericana (638 millones); 4) Madonna (325 millones); 5) Celine Dión, cantante canadiense (250 millones). Y si de mujeres poderosas se trata, sólo mencionemos a Angela Merkel y a Condoleeza Rice. En los negocios: Indra Nooyi en PepsiCo y Anne Mulcahy en Xerox.

Queda claro hoy, que el espacio público es el de los sujetos del contrato social y los iguales, mientras que el espacio privado es el de lo oscuro o al menos confuso, y que la mujer sigue a la conquista, porque batalla a diario por no perder el privado e ir ganando el público. Digo a los hombres que se pongan a trabajar, en el privado señores, en el privado. Y así, esperemos que aún siendo un longseller, esté equivocado Giuseppe Tomasi de Lampedusa en “El Gatopardo”, con eso de: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

 

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  Comentarios (1)
cuando las mujeres pueden
Escrito por angi, el 01-04-2008 23:02
Me llama mucho la atención una visión que encuentro en su texto, el hecho de que no confiere mayor importancia a la mujer dentro del poder público, y siento que de cierta manera en algunos de los atributos que menciona de la mujer, ésta queda como chantajista. Sin embargo, no estoy en contra de esa posición, creo que en gran parte nos agrada saber que tenemos ese poder en lo \"privado\", y que quizá de alguna manera lo tenemos en lo \"público\" tan sólo con exteriorizarlo, pero no hay que olvidar que antes de eso muchas mujeres tuvieron que empujar filas y transformar mentalidades para que hoy tuviéramos las opciones que tenemos.
 
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