PalMal132.jpg
FORWARD (Fwd.) Imprimir E-Mail
por Emilia Rojas   
08 / 2007

Plena Alameda. La cadena de mi bicicleta se sale. Con 28 grados de calor, imposible tomarlo con calma.

Con cara de fila de banco cuando estás atrasada, me bajé para ver si podía arreglarla. Veinte minutos a pleno sol.

Después  de empapar mi polera blanca con olor a suavizante, desistí de la idea de solucionar el problema. Tenía que recurrir a un buen samaritano, alguien con espíritu solidario.

¿Sombra? Ni pregunten por ella.

De pronto apareció una chica, delgada, linda, con aspecto de gimnasio, un poco familiar para mí. Me preguntó si necesitaba ayuda, y yo estuve a punto de responder una pesadez, era obvio que necesitaba una manita, pero caí en cuenta de que el calor había surtido sus efectos, así que me limité a responder que sí.

Ahí empezó lo bueno.

Entre risitas y comentarios superficiales, la deportiva chica realizó maniobras seguras, casi como un mecánico experimentado. Y justo ahí, en un descuido, un pequeño hombre pelirrojo se acercó casi imperceptiblemente y tiró de la cadena que colgaba del cuello de mi voluntariosa mecánica.

Mi reflejo fue ultra tardío, después de 15 segundos corrí tras el pelirrojo… y me caí.

¿Qué clase de heroína se cae sobre el cemento caliente en medio de una persecución? Indudablemente la mujer maravilla no. Ella tenía avión. Encima era invisible, como el pelirrojo imperceptible.

Estaba choqueada. Además de rasmillada claro está. Me levanté rápidamente y caminé hacia mi mecánica experimentada. Le pedí disculpas por no alcanzar a pescar al delincuente, y dejé en claro mi vergüenza.

La chica me dijo que no importaba, pero que el robo la había puesto nerviosa y que finalmente no podía arreglar mi bicicleta. Yo me malhumoré, después de haberla sobreestimado, y ahora no podía arreglar mi bicicleta… pero, nuevamente recapacité pensando en el maldito calor y le pregunté si la cadena era de mucho valor.

Y aquí la cosa se pone rara…

Ella me dijo que sí, o sea, que materialmente no era de mucho costo, pero que  tenía un valor emocional. Resulta que la cadena se la había regalado un muchacho en el colegio, hace muchos años atrás, lo más cercano a su primer amor. Pero eso no es todo.

En ese momento, ya mirándola detenidamente, empecé a recordar… ¡Claro, había sido la novia de mi hermano en la educación básica!  Por eso me parecía familiar.

Siguió ella contando su  historia de amor, mientras yo la miraba y recordaba el pasado, creo que yo misma le había ayudado a mi hermano a escoger esa cadena; hasta que el cuento dio un giro inesperado y mi estómago se revolvió.

Sucedió que el primer amor no había sido el chico de la cadena, no, esa cadena era lo más cercano a su primer amor porque la había escogido la hermana de su novio y ella estaba enamorada de la cuñada

Así que “Toto”, ése era su apodo en aquel tiempo, es y había sido siempre lesbiana. Y ahora mecánica lesbiana.

Yo me quedé absorta en la vorágine de pensamientos y recuerdos que me trajo la confesión de la chica y ella se despidió diciendo que no quería aburrirme más con sus historias y que tuviera suerte con mi bicicleta.

Había sido su primer amor y ya ni se acordaba de mí. Bueno, habían pasado muchísimos años desde entonces, pero para mí no fue tan difícil recordarla. Que cosa más extraña.

Me miró con cara de lástima (quien podría no tener lástima de mí en ese momento, con los pantalones rasgados en la rodilla, el mentón medio sangrando y la polera sucia, ya no con olor a suavizante precisamente, y la bicicleta aún estropeada en medio de la principal avenida de Santiago y con un calor de la puta madre) y se fue…

Ahí me quedé parada, afirmando la bicicleta con una mano y con la otra secándome el sudor, pensando en mi casi cuñada lesbiana y en cómo volvería ahora.

Y pensar que todo pasó por una cadena, y después otra…

En ese momento se acercó un escolar y me entregó un papel, sin decir nada, y se fue. Como pude, aun atónita por todo lo extraño de las situaciones aquel día, abrí la hoja… Y, ¿adivinan lo que fue? Una cadena que debía mandar a 50 personas antes de 48 horas o la maldición de la “Difunta Correa” caería sobre mí…

Increíble.

Pero cierto.


Escribir Comentario
Nombre:
E-mail
Título:
Comentario:



Código:* Code
Enviarme un email cuando haya nuevos comentarios en este artículo


Marcar como favorito (18) | Cite este artículo en su sitio | Views: 650

  Sea el primero en comentar el artículo
 
< Anterior   Siguiente >
Este sitio es apoyado por: