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Feliz cumpleaños a mi Imprimir E-Mail
por Javier Moreno   
09 / 2007

(No mido 1.98; no soy rubio; no soy bien formado; no soy guapo; y lo más importante, no soy millonario ni super pitón).

Mi nombre es Javier Moreno. Tengo 25 años. Nací y vivo en Querétaro, aunque viví un par de años en el cochino Mexicali, por motivos escolares. Gusto de ingerir bebidas alcohólicas de manera regular. Me gusta drogarme (de manera experimental) de vez en cuando. Soy un fiel creyente de la tristeza. Trato de reincorporarme a la Universidad Autónoma de Querétaro para seguir cursando la licenciatura en lenguas modernas - inglés con la especialidad en traducción. Soy un vil webon (si el Webón Master no hace bien su trabajo, piensen en mí). Soy nocturno y muy mal lector, y peor escritor (de a mentis).

Javier Moreno nos hizo llegar su cuento Feliz cumpleaños a mi, con la inquietud de verlo publicado en PalabrasMalditas y por inaudito, aquí está. Además, nos pareció grato que no sea millonario y que diga que no es súper pitón.


Feliz cumpleaños a mi

 

Era invierno y el agua se estaba enfriando con cada minuto que pasaba, pero no podía hacer nada al respecto: toda una maldita vida y nunca acondicionaron el baño; la llave del agua me quedaba demasiado alta, no podía alcanzarla, yo seguía siendo tan inútil a los veintisiete, como lo había sido de chico.

Era mi cumpleaños, y le dije a mi mamá que ese día no quería ducharme simplemente, sino que quería estar un buen rato en el agua. Y vaya que ya llevaba un buen rato ahí dentro, pensando. Mi madre me había dejado en la bañera porque nos avisaron que la tía Teresa se había caído en la frutería al pisar una cáscara de plátano, que se había golpeado en la cabeza y que estaba inconsciente. De seguro era mentira; de seguro se había puesto a coquetear con alguno de los clientes del lugar; de seguro se pusieron a cachondear en el rincón, en el espacio que quedaba entre el muro y los huacales que se iban apilando y que hacían la función de estrecho pasillo que llevaba al sanitario del lugar; de seguro, conociendo a mi tía, se había puesto tan caliente que le pidió al tipo que le metiera por el culo todas y cada una de las calabacitas que había escogido y que traía en una bolsita de plástico; de seguro se excitó tanto que perdió el conocimiento y quedó ahí tirada, babeando como sólo ella sabía hacerlo, como una vaca.

Sí, ese era el concepto que tenía yo de la tía Teresa, porque cada vez que a ella le había tocado bañarme cuando era niño, cuando mi mamá no podía hacerlo porque tenía que trabajar, me hablaba de cómo le gustaba tener sexo con todo aquél que se dejara engatusar por su mirada lasciva y sus caricias vulgares. Arte de la seducción le llamaba ella con un aire impregnado de apestoso orgullo mientras se le perdía la mirada. Y siempre, mientras me contaba sus historias, se divertía frotándome el pene con el mayor morbo posible; sabía que no sentía absolutamente nada y decía, como si lo hiciera por buena voluntad, que tenía la esperanza de que tal vez así, algún día, me compusiera. Yo nunca le comenté nada a mi mamá porque no quería que se pelearan por culpa mía: la tía Teresa era la única persona que tenía mi mamá para platicarle sus cosas, era su única amiga: mi papá murió cuando yo tenía tres años, cuando un auto nos chocó camino al primer partido de fútbol de mi vida, y a raíz del cual yo quedé paralítico.

El agua se seguía enfriando, y a mí no me interesaba la tía Teresa en realidad, sólo me preocupaba que llegara mi mamá para sacarme de ahí. Era mi cumpleaños y se estaba haciendo tarde, yo quería que ese día fuera especial. Ya daban las once y ella siempre iba a la plaza los sábados al medio día para pasear a su perro.

Pasaron otros cinco minutos y por fin, medio adormilado y aun así soñando despierto, escuché que abrían la puerta del baño y vi a mi madre que entraba. Me ayudó a salir, y cuando me hube puesto los calzones me ayudó también a vestirme. Durante el almuerzo exprés que tomaba, escuché a mi mamá que me comentaba lo que le había pasado a la tía; en realidad no le puse atención y no le entendí nada, pero cada vez que ella hacía una pausa y levantaba la mirada para ver si la estaba escuchando, yo sólo emitía un ¡ajá! Le había pedido que preparara unos hot cakes y que tuviera listo un poco de jugo de naranja, ese era mi desayuno favorito.

Sólo alcancé a devorar uno de los panes y casi me ahogaba con el jugo porque ella ya debía estar llegando a la placita de la colonia, en donde la había observado todos los sábados durante casi un año. Me enamoré de ella desde la primera vez que la vi; se notaba que era feliz: la alegría se le derramaba por su sonrisa perfecta, y sus ojos claros reflejaban su alma, pura y cristalina; se movía con mucha gracia mientras jugaba con su perro; tenía una figura muy bella y de seguro también era muy inteligente, nadie que fuera tan hermosa podía ser tonta; también tenía la voz más linda e hipnótica de todas, la había escuchado muchas veces cuando llamaba a su mascota. Nunca me había animado a dirigirle la palabra pues me paralizaba, aun más, cuando la veía de cerca, me sudaban las manos, me daba taquicardia y perdía el aliento.

Pero era mi cumpleaños y todo eso se acababa ese día, lo tenía bien planeado. Salí de la casa asegurándome de no olvidar el paquete. No me había costado mucho, conocía a alguien que quería deshacerse de ella y me la había vendido muy barata, una verdadera ganga. La había tenido bien escondida y ese día la había metido en la bolsa en donde llevaba siempre una botella de agua y alguna cosa para comer cada que salía. Cuando se anda en silla de ruedas y se es pobre no se puede dar uno el lujo de no tomar esas precauciones.

Recorrí las dos cuadras que me separaban de mi destino, lo hice con una falsa calma pues en realidad estaba tan nervioso como emocionado. Cuando llegué al lugar la vi sentada plácidamente en una banquita; esta vez no llevaba a su perro, de seguro que en esta ocasión sólo estaba ahí esperando a alguien o disfrutando un poco del sol en ese día tan frío. Me sentí aliviado, pensé que la ausencia del perro me facilitaba las cosas un poco, no quería que el animal entorpeciera la maniobra con sus molestos ladridos. Me detuve unos cinco metros antes de llegar a donde estaba ella y cerré los ojos por un momento; me imaginé que me levantaba y caminaba hacia ella, la saludaba y la tomaba de la mano.

Entonces abrí los ojos y me dirigí hacia ella, deteniéndome sólo antes de que mis piernas tocaran las de ella. Nada podía salir mal, era el plan perfecto, el final perfecto para el día perfecto.

Ella me miraba con sus ojos llenos de vida, brillantes. Se notaba que en toda su vida no había pasado un sólo trago amargo siquiera; por un instante sentí que no iba a poder hacerlo, una gota de sudor frío me bajó por la frente y me llegó hasta la punta de la nariz. Tragué saliva, me armé de valor y puse la nota sobre mis piernas. Mientras su mirada escudriñaba la mía tratando de averiguar lo que sucedía, el esbozo de una sonrisa nerviosa se dibujó en el perfecto diseño de sus labios. Yo metí la mano en la bolsa y fue entonces que la saqué. Ella la volteó a ver, sus pupilas se contrajeron súbitamente, era una gran sorpresa. Me llevé el extremo a la boca, sosteniéndola firmemente tanto con ambas manos como con los dientes y accioné el mecanismo. Mi cuerpo se precipitó hacia delante y mi cabeza quedó recostada en una de sus piernas mientras se vaciaba su contenido a través del enorme hoyo, resbalando, bajando cálidamente, haciendo un sonido de viscosas burbujas de vez en cuando. Ella se quedó ahí, inmóvil, en completo shock, con la mirada apagada.

 

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  Comentarios (6)
cambio radical
Escrito por mariel, el 13-06-2008 16:21
el ritmo del cuento daba la impresión de un final totalmente distinto, qué bueno que no fue así, sino sorprendente... de cierta manera me pregunto porque hizo lo que hizo el personaje, pero creo que la respuesta está aquí mismo: la vida de hastío que llevaba..., un final para pensarse
muy bueno,...
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 06-06-2008 16:15
Muy bueno tu cuento, me gusto mucho, mas que nada la narracion que has hecho,y el final super impactante. Suerte ;)
CHIDO TU CUENTO
Escrito por CARLOS, el 28-05-2008 14:32
me gustó mucho el final, apropiado para un día de cumpleaños. felicidades espero el siguiente.
muy buen cuento
Escrito por Rubi, el 27-09-2007 13:26
:) sigue escribiendo!
Es mi cumpleaños
Escrito por arlett, el 23-09-2007 10:46
Hoy 23 de Sep es mi cumple y leí tu cuento por el título,la verdad me gustó sobre todo el final. Lo bueno del asunto es que no estoy paralítica ni nada por el estilo. jajajaja 
Gracias
Escrito por ceciliapb, el 15-09-2007 18:07
oh me agradó el cuento. 
precisamente hoy es mi cumpleaños y vivo en el Cochino Mexicali.. jaja. 
saludos a javier moreno.
 
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