| Eugenesia (Buena Estirpe) Nacional. |
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| por Celia Gómez Ramos | |||||||||
| 09 / 2007 | |||||||||
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Hoy hablamos de democracia, y no sé si ello signifique que los que tienen menos posibilidades y menos cualidades físicas, tendrán las mismas garantías o serán pensados como parte de un todo. Eso no es lo que están considerando nuestros políticos cuando hablan de democracia, porque para ellos sólo es votar, elegir un candidato y/o una opción, ley, propuesta, y no significa más que eso. Los marginados, como su nombre lo dice, se quedaron marginados, ni siquiera se pueden expresar. No existen con voz propia. Somos ¿o no?, buscadores de cualquier diferencia para ver al otro como inferior o superior. La diferencia en este país no enriquece, sólo divide. Cada quién camina por su lado, no se buscan acuerdos. Somos racistas, nos damos miedo unos de otros, desconfiamos de todos. Si alguien no tiene una pierna o ve bizco y nos mira, no podemos observarlo, nada diferente nos parece aceptable, somos intolerantes y por ello, el síndrome de la eugenesia nos rodea y nos acompaña a todos lados. ***** Buena estirpe o linaje, remite como término a una época pasada y olvidada. ¿Ajena a México? Pensar en ello nos hace recordar los trabajos de Gobineau, Charles Darwin y Sir Francis Galton. Sin discusión alguna, vienen a nuestra mente las guerras mundiales y los odios entre razas. Los mexicanos podemos quejarnos, en los distintos momentos de nuestra historia, de la discriminación -como en toda Nación-, la veremos hacia fuera. Sin embargo, la llamada eugenesia y racismo durante mucho tiempo han vivido con nosotros, transformándose con el tiempo, sostenida por las políticas públicas. De la doctrina eugenésica al genoma humano se ha transitado más de un siglo y ¿podrá este último (el genoma humano) ser una nueva expresión de la eugenesia? La herencia biológica nos determina a los mexicanos, sólo en parte (la otra es la herencia cultural), y pensamos que en nuestro país no discriminamos, pero resulta que: sí segregamos, sí somos sectarios, sí descalificamos y sí minimizamos a la gente o enaltecemos, según su poder adquisitivo, inteligencia o ideales de belleza. El término eugenesia fue utilizado por Sir Francis Galton, en 1883, para referirse a las cuestiones relacionadas con lo que se llama en griego eugenes, buena estirpe o linaje, los dotados hereditariamente de nobles cualidades... Mejoramiento del linaje. En 2007, pensaríamos que todo esto está muy rebasado y que es un lenguaje añejo o que por lo menos tiene 60 años de lejanía –pensando en el término de la Segunda Guerra Mundial-, pero podríamos recordar que las políticas públicas se pusieron al servicio de la mejora de la raza en México hace tiempo, que en 1931 se propuso el Servicio de Biología Criminal, para detectar los rasgos característicos de los portadores del estado de peligrosidad social y los delincuentes por naturaleza y que también existió la Sociedad Eugénica Mexicana para el Mejoramiento de la Raza (desaparecida hasta agosto de 1954, y de la que fungirían como socios honorarios Félix F. Palavicini, Rafael Carrillo y Fernando Ocaranza, entre otros), la cual consideraba que para el progreso social, se debía frenar el proceso de degeneración de la raza mexicana por medio del emblanquecimiento y desindianización de la población. Dolorosas han sido las innumerables muertes que por contar con defectos físicos o ser considerados inferiores han sucedido a diario, aún sin que nosotros tengamos conocimiento. Por hambre, por pobreza, por ser distintos físicamente a otros incluso en el color, por no tener una nacionalidad determinada, por tener alguna enfermedad... Todo ello motivo de segregación y por la idea de tener una herencia inferior, también llamado en este caso: ignorancia. Hoy las ideas de Charles Darwin se mantienen vigentes. La sociedad no ha alcanzado a hacer conciencia de cómo a través de políticas públicas se han acotado derechos individuales. Cómo la ley impedía que existiera un matrimonio si alguno de los cónyuges era alcohólico y/o tenía alguna enfermedad hereditaria, lo que hubiera podido generar taras en las siguientes generaciones. El derecho a decidir, conociendo las consecuencias, nunca estuvo al alcance de las leyes y de los ciudadanos. Ahora el condón y la píldora del día después son autorizados por el gobierno y existen formas de prevenir embarazos, pero aún sin contar con toda la información, la ciencia continúa avanzando y el genoma humano puede ocupar nuevamente la posición que con los años había ido perdiendo la ciencia en las políticas sociales y reproductivas. El desarrollo de la ciencia nunca habrá de detenerse, sin embargo, el camino que se tome con los descubrimientos podrá ser siempre mal utilizado, dependiendo de cuales sean los deseos o necesidades de la gente que detenta el poder. “Una ideología científica tiene una ambición explícita de ser ciencia y un objetivo concreto: adecuar las explicaciones sobre la naturaleza a las necesidades de los discursos políticos, morales, religiosos y metafísicos de acuerdo al interés de un grupo social”, cita la doctora en biología, Laura Suárez y López Guazo en Eugenesia y racismo en México, libro editado por la UNAM en 2005, y que elabora un estudio profundo sobre la eugenesia durante todo el siglo XX en esta Nación. A última fechas la Editorial Tusquets ha publicado el libro Historias secretas del racismo en México (1920-1950), de Beatriz Urías Horcasitas, pero yo me quedo con el de la UNAM, que no obstante no haber sido publicitado, no sólo abarca esa época, que no fue secreta, sino llega hasta nuestros días y hace hincapié en que falta por estudiar cómo ha influido el discurso del eugenismo en la literatura mexicana, en el terreno educativo, y también, como las concepciones eugenistas se filtran en el campo de la investigación de la salud mental y en las técnicas que auxilian al derecho penal. Qué tanto de ese discurso llevamos en la piel hoy día. ***** La herencia biológica y de entorno es la que nos determina, no importa lo que pudiéramos llegar a hacer, eso está cancelado si no contamos con determinadas cualidades para no vernos distintos. Blanquear la raza era una idea para mejorar la humanidad y mucho se ha pisoteado en aras de ella. Unos a nivel físico, otros a nivel moral. Buscando tener gente sana hemos cancelado que hombres o mujeres lleguen a tener una familia y procreen, y así lo sustentaron algunas leyes. La doctrina eugenésica representó un elemento ideal para apoyar las tesis deterministas que sirvieron como marco científico para legitimar el racismo, las diferencias de clase y el colonialismo (incluso se convirtió en el sustento teórico del nazismo). La raza blanca se consideraba la portadora de los valores deseados. Cuando el movimiento eugenésico en México, consideraban que la población mexicana se encontraba en un franco proceso de deterioro, que vinculaban con la tesis de la degeneración, tanto desde el punto de vista de sus cualidades físicas, como psicológicas y morales... Así se utilizó la ciencia y el conocimiento biológico, como plataforma para la instrumentación de las políticas sociales. Ahora, con la genética molecular, podemos empezar a discriminar nuevamente, cuando no hemos dejado de hacerlo, pero ahora a todos los que existimos actualmente, porque se podrán quizá dentro de poco, hacer mejores dobles de cada uno de nosotros. Cambiar la herencia genética de los seres humanos puede contribuir a limpiar una raza, pero ¿no sería la herencia cultural lo que deberíamos intentar de mejorar todos? El genoma humano puede ser una nueva expresión de la eugenesia si llega a formar parte de las políticas públicas como mecanismo de poder y de control de los seres humanos; si la búsqueda es acotar la individualidad de cada ser humano para tratar de manipular el desarrollo natural. Claro, también puede evitar enfermedades y sufrimientos. Con el acelerado desarrollo del conocimiento de la genética, especialmente el genoma humano que habrá de incidir en la calidad de vida de las futuras generaciones, los estudios de historia de la ciencia en nuestro país cobran una nueva dimensión –en particular de una doctrina científica de la trascendencia sociopolítica que tuvo la teoría eugenésica a lo largo del siglo XX. En la actualidad, muchos historiadores y filósofos de la biología examinan las implicaciones derivadas de la biología y de la genética molecular, que pudieran contribuir a revivir los negros escenarios referidos de la eugenesia europea y americana. Se deja de lado la cuestión de la eugenesia o siempre se le ve con desconfianza, pero con el avance de la biología en sus aspectos micro –genes y moléculas- se ha instrumentado uno de los programas de investigación más ambiciosos de la humanidad, el Proyecto Genoma, cuyos usos podrán ser benéficos y/o perjudiciales para el grueso de la población, la cual lamentablemente poco puede incidir en las orientaciones de las aplicaciones que realice la comunidad científica, pues dependerá de las decisiones de quienes detenten el poder y definan las políticas de salud pública que se implementen en el futuro. Reproduzco aquí una frase que copié en Universum: “La herencia biológica/ es de orden genético,/ la herencia cultural no;/ Sócrates, Marie Curie,/ Einstein, Alfonso Reyes,/ Sor Juana, etc.,/ dejaron a la humanidad/ herencias culturales./ Todos podemos hacerlo”. Y los dejo con palabras de Horacio Ortiz en La Eternidad de la Condena: “Estas arrugas que cargo con orgullo son, de alguna extraña y deliciosa forma, los lugares de encuentro de los muertos de mi vida... La dignidad del hombre se mide por sus arrugas y recuerdos, ya en superficies corrugadas, lisas, llanas o encarnadas”. ¿Ustedes qué opinan?
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