| Fetichismo en la novela |
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| por Carlos de León | ||||||
| 12 / 2007 | ||||||
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“Carlo sabe que las botas de hule de Paolo encierran un éxtasis exclusivo, hecho únicamente para él. Lo atrapan, lo enervan, lo transgreden como él a ellas. También sabe que su fetichismo es de por sí un riesgo, y que lo es más en el pueblo lleno de establos donde ambos viven”. Toda esa gran verdad Autodefinido como una persona “cuya subjetividad y esencia han encontrado el camino de la escritura como vía de expresión y objetivo primordial”, Eduardo Montagner, (Puebla, 1975) documenta en esta entrevista la creación de su primera novela Toda esa gran verdad, editada por Alfaguara, la cual podría ser llevada a la pantalla por el cineasta Jaime Humberto Hermosillo. Es autor del volumen de relatos En la postura de mi muerte (1998), forma parte de la Antología de narradores en PueblaVeneti nel mondo (2005). Obtuvo el tercer lugar en la novena edición del Concorso Letterario Internazionale in Lingua Veneta “Mario Donadoni”, Sezione Estero (Bovolone, Verona, 2005). Es coordinador de la antología de relatos Parlar par véneto, víver a Mésico (2005) y autor de la novela Al prim (2006). (2003) y en el libro
PalMal.- ¿A qué panorama editorial se enfrenta el narrador joven en México? Montagner.- Creo que a un panorama bastante complicado, un panorama que está influido desde el mero hecho de que la gente no lee mucho, hasta políticas comerciales, cuestiones que muchas veces nada tienen que ver con lo que a solas has estado escribiendo. También te enfrentas a situaciones tales como la permanencia de tu libro en los lugares de venta, y a veces hasta a hechos como que Saramago o Carlos Fuentes publiquen o hagan algo justo cuando sale tu ópera prima, cualquier cosa, con lo cual tu novela se verá desplazada. En Alfaguara me han dicho que no entienden: la gente se queja de que nunca publican a jóvenes y, cuando lo hacen, los medios no suelen interesarse.
PalMal.- ¿Por qué escribir una novela como Toda esa gran verdad? Montagner.- La idea me rondaba desde mucho tiempo atrás, pero el detonador fue la música de Michel Nyman en las películas de Peter Greenaway, y específicamente los temas «Memorial» de El cocinero, el ladrón, su esposa y sus amante y «Time lapse» de Una zeta y dos ceros. Esa música y las películas me llevaron a una situación de querer decir algo escatológico y sublime a la vez —que eran, en pocas palabras, las sensaciones que me producía tal música—, y encontré el recurso del fetichismo para tal fin, además de que siempre me han interesado las sexualidades extrañas como expresión humana, las parafilias, el enigma, el secreto, todo ello lo veo como una fuente inagotable para rozar el filón de la llamada condición humana. Quería una novela como minimalista, donde un mismo asunto estuviera machacando hasta bordear y penetrar todos sus intersticios, y espero haberlo logrado con los pocos personajes de esta novela y con el leitmotiv de las botas de hule. La música que más directamente me llega, la que instintivamente me acoge, es la minimalista del tipo Glass o Nyman. De alguna forma respondí a eso escribiendo una novela que de principio a fin es lo mismo aunque diferente, donde lo importante es ver las cosas desde mil obsesivos ángulos.
PalMal.- El fetichismo es una parafilia común en las personas, ¿por qué utilizar un joven homosexual (Carlo) como personaje central en tu novela? Montagner.- Bueno, no comparto la idea de que el fetichismo sea una parafilia tan común, y menos en grados ya fuertes como el de mi personaje (aunque no es un fetichismo puro, el de Carlo, según descubrí después con más lecturas y con mi acercamiento a fetichistas totales). Quise dar algunos giros al asunto en mi novela: en lo que leí sobre fetichismo supe que se trata de una parafilia más común entre los varones que entre las mujeres, entonces me gustó el giro de que el fetichista de mi novela fuera hombre, pero enamorado de otro varón, y las botas negras son también frecuentes en el fetichismo, pero no las de hule, entonces aproveché mi cercanía con este tipo de botas para dar el segundo giro y para ambientar la novela en establos. El joven homosexual me daba todo lo necesario para llegar a lo que deseaba expresar en la novela, con el tono deseado, con la cuota de secreto en riesgo presente en toda la historia. Tan importante como el joven homosexual es el joven heterosexual porque así se materializa la imposibilidad del amor y del sexo que termina creando la erupción del fetichismo. Si Paolo hubiera encontrado, no a Carlo, sino a una joven mujer lamiendo a escondidas sus botas de trabajo puede que se hubiera sentido desconcertado, pero es casi seguro que al final el sexo hubiese sido posible entre ellos, quizás el amor. Con Carlo, en cambio, las cosas no se planteaban igual de fáciles y entonces surgía el enfrentamiento de condición humana que me interesaba reflejar: la amistad en juego, la traición del amigo gay hacia al amigo heterosexual por causa de los sentimientos que el segundo provoca en el primero, la suave y gradual aceptación que Paolo tiene que ir permitiendo en su interior hasta volver a hablar frente a frente con el amigo que lamía sus botas escondido en el establo, la prima y novia en medio de todo eso, la madre adusta que lo sabe todo aunque lo dice sólo en un rapto hasta el final, y, además, el posible descubrimiento de Carlo en el sentido de dudar de su propia homosexualidad cual etiqueta autoimpuesta como defensa a las presiones sociales de su medio y ver su fetichismo como mero pretexto para enfrentar sus verdades.
PalMal.- ¿De qué manera contribuyen los talleres en la creación literaria? Montagner.- Creo que mucho, al menos en mi caso sí influyeron. Yo me acerqué a ellos (tomé con Laszlo Moussong, Ricardo Chávez Castañeda, Víctor Hugo Rascón Banda, Luis Mario Moncada y Daniel Sada) porque ansiaba pistas, saber de qué se trataba el asunto, ver si mis ideas incipientes iban por buen camino o no, pero luego vas descubriendo infinidad de cosas, desde aspectos técnicos, criterios, hasta estilos de vida que te van formando. Y creo también que los talleres cumplen una función primordial: hacer que te vuelvas receptivo a las críticas sin matarte por eso, y provocar que te atrevas a hacer las cosas. Sin embargo, y como dice el propio Daniel Sada, el que va a ser escritor lo será con talleres o sin ellos.
PalMal.- Sé que tu novela fue trabajada junto a Daniel Sada, ¿cuáles fueron las principales recomendaciones que te dio? Montagner.- Daniel fue acotando cosas de ritmo, por ejemplo, aunque siempre se mostró receptivo, respetuoso y abierto con mi propósito, hizo un esfuerzo por entender lo que buscaba expresar —tuvo que pasar cierto tiempo para que comprendiera que no debía cristalizarse ningún tipo de amor ni de sexo entre Paolo y Carlo, por decir algo—, y fue opinando en cada capítulo que llevé; cuando estuvo terminada se la di, la leyó y me fue anotando cosas tales como descubrir el verdadero inicio de la novela, dimensionar tal o cual personaje, etc. Y, pues, incluso el título fue una sugerencia suya.
PalMal.- Toda esa gran verdad es tu primera novela, y fue publicada por Alfaguara, ¿te consideras privilegiado? Montagner.- Me considero apreciado en mis búsquedas. Cuando me enteré de que sería publicada, lo primero que pensé fue que ese hecho me avalaba como escritor en lengua étnica, cosa que es muy importante para mí; luego vino una especie de toma de conciencia del hecho de haber escrito una novela que sería publicada en esa editorial.
PalMal.- ¿Cómo fue el proceso de publicación? Montagner.- Daniel Sada, desde la primera sesión del taller, nos dijo que venía a Puebla buscando escritores, y que quienes terminaran su novela contarían con su apoyo para ofrecerla en las editoriales comerciales. Esto al principio nos inquietó, pero luego nos planteó la situación de aventurarnos de lleno en la empresa de escribir. Daniel lo que hace con sus alumnos es abrir una vía muy importante para avalar la lectura de tu obra. A las editoriales comerciales llega cada semana la novela de alguien que habla maravillas de ella, gente que va desde personas muy ilusas hasta posibles talentos verdaderos, pasando por los que desean que las editoriales les tallereen sus trabajos, así que no es nada sencillo para los directivos o editores enfrentar esta situación. Pero, como me dijo Marisol Schulz, la directora de Alfaguara, ella no puede dudar del aval de escritores de la talla de Daniel Sada cuando recomiendan leer algo de un joven. Entonces lo que ocurre es que, sencillamente, leen tu novela. Con Daniel pasa algo muy curioso: mucha gente piensa que él impone a los escritores que serán publicados, pero lo que no sabe la gente es que varias veces las editoriales le han rechazado sus propuestas, porque al final, con Daniel Sada o sin él, tu novela tiene que defenderse sola. Otras novelas ya publicadas que han llegado a las editoriales en esta forma son Adicción, en Planeta, de Isaí Moreno, La vida a tientas, de Raúl Manríquez, en Plaza y Janés, y Nada que ver, de Jorge Dorantes, en Era. Ahora Toda esa gran verdad ha entrado en una nueva etapa: el director Jaime Humberto Hermosillo se ha interesado en mi novela para llevar la historia de Carlo y Paolo a imágenes. El proyecto está apenas iniciando, pero tendré que participar leyendo el primer tratamiento del guión —que Jaime Humberto acabó de escribir recientemente— y dando mis sugerencias.
PalMal.- ¿Cómo observas la literatura juvenil actual en México? Montagner.- Algo limitada. He leído novelas y cuentos de escritores jóvenes como Alberto Chimal, David Miklos, Heriberto Yépez, Jorge Dorantes y Tryno Maldonado, y veo que sus búsquedas van muy fuerte. Algunos de ellos, como Tryno, son casi eruditos pese a su juventud, cosa que me impresiona. Además, viene pronto la primera novela de Jaime Mesa, quien es mi amigo y publicará, como yo, en Alfaguara. Como dije antes, creo que lo que nos une es una búsqueda literaria, pero cada quien anda en lo que más se ajusta a tal búsqueda.
PalMal.- ¿Qué persigues al escribir? Montagner.- Una especie de declaratoria de poética. Ha sido muy difícil confrontarme con mis propias inconciencias, con las motivaciones profundas que me llevaron a ser un bicho raro en donde nací, pero podríamos decir que persigo sacar de mí, cosificar y sublimar, cosas que me rondan e inquietan, que me maravillan o destrozan. Tengo ciertas obsesiones muy definidas en cuanto a lo que quiero escribir y confío también en que, sobre la marcha y con el transcurso del tiempo, pueda ir creando una obra con esas obsesiones y dirigiendo mi búsqueda hacia otros ámbitos. Nací en una comunidad cuya cultura ha perdido mucho por no haber escrito y digo «ya basta». Me desasosiega la pérdida de la memoria individual tanto como la colectiva. Cuando escribo algo como deseo hacerlo o al menos casi así, me invade la adrenalina literaria y ya no puedo dormir porque al fin veo aquello fuera de mí, a lo mejor tras años de intentar convertirlo en grafías.
PalMal.- ¿Cuáles son ahora tus proyectos de escritura? Montagner.- He estado escribiendo unos cuentos que parece saldrán en breve en una antología y también he estado dedicado con intermitencias, desde septiembre de 2005, a escribir un texto que no sé que sea, de nombre Mo. Citaré una frase de Mopersigo convertir los fonemas de la oralidad perdediza en grafemas dramáticos pertenecientes a un sistema de signos superior; en ese texto también manejo la idea de inmolarse a través de la escritura como salvación o búsqueda de sentidos. para expresarme mejor: Tengo planeado también recurrir pronto a un relato largo, escrito en véneto, para traducirlo en lo que deseo que sea una especie de novela en español donde, por intereses lingüísticos, ese texto deba ser leído por un nativo de esa lengua, lo cual me permitirá entreverarlo en la trama e ir ensayando un estilo que busco desde hace tiempo. Últimamente, por fortuna, gracias a reflexiones sobre música y a cierta obsesión catalogadora o enumeradora que me dejó el estudio de la escritura japonesa, busco la forma.
PalMal.- ¿Cómo se autodefine Eduardo Montagner? Montagner.- Como una persona cuya subjetividad y esencia han encontrado el camino de la escritura como vía de expresión y objetivo primordial, y como un narrador que va de su lengua minoritaria a la lengua nacional, en constante y aún incipiente búsqueda, para plasmar lo que le interesa. La novela extensa me invade, la siento como una tormenta que se avecina, pero creo que antes debo sacar estos otros intentos que menciono. Durante muchos años necesité apoderarme de la prosa en una manera muy personal y, luego de muchos tropiezos, espero estar lográndolo. *J. Carlos de León. (Ciudad de México, 1981) Estudió en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”. Escribe cuento y crónica. Ha entrevistado a los escritores Mario Bellatin, Álvaro Pombo, Amir Valle, la poeta Dolores Castro, entre otros.
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