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De mis sensualidades, adrenalina y otros mitos Imprimir E-Mail
por Jorge Carmi   
12 / 2007

Jorge Carmi dice de Palabras Malditas, al presentar su proyecto para participar: “Puerta mágica en el ciberespacio, rememora la mítica gruta de Alí Baba. Tesoros inimaginables escondidos en espera del afortunado,  pertinaz o imaginativo. Sus palabras, en danza erótica, nos guían a placeres refinados. Cantan en el oído, cosas deliciosas y prohibidas. Su ambigüedad, en perversidad subliminal, nos remece las tripas, escandalizándonos en goce. Y esta caverna laberíntica situada en ninguna parte, recibe -bajo el manto de colaboraciones-  confidencias del internauta; sus banalidades, torturas íntimas, sueños, palabras. Y le ofrece su brazo ardiente para que se cobije. No le garantiza que otro frío-caliente internauta, raudo e irónico lo escoja para aplicar su morbo. Lo que no deja de ser un placer rebuscado para el escogido. Al adentrarnos en PALMAL, somos otro Simbad en aventuras espeluznantes,  o escuchadores de Sherezade, personificada en los otros internautas. No puedo más que desear ansioso participar en este entorno de libertad,  sensualidad, divagación creativa. Y con un leve toque magistral de perversidad erótica. En que las únicas reglas [Palabreja odiosa] son ironía, imaginación y humor negro. Y enseña riendo, a reírse de uno mismo”.  

Aunque ya hay publicado dos textos anteriormente, ahora ha decidido abandonarse a las letras y participar con una columna mensual: Di-vagando.


El sorbo de Napoleón…

Luego de un día especialmente agresivo y trabajoso. En mi reducto; en mí tina, una copa de cristal labrado y un napoleón somnoliento que danza en la panzuda al vaivén de mi lasitud, un libro que acaricia mi imaginación, el agua espumosa y a temperatura enervante, luz difusa, escucho el silencio. La copa aprisiona el preciado líquido ambarino, en el nido tibio de mis manos. En una mesita me miran los libros que reposan a mí alcance. Y cómplice con los autores que sin cesar discuten en susurro creativo, les digo que he cerrado un día de labor. Alzo la copa y en sorbos lentos experimento en mi cuerpo un calor intenso que baja hasta mi zona abdominal; la enciende, se aquieta allí; me comunica secretos extraños. Y dice inquietándome “Olvida prejuicios” Me ha sugerido cosas sutiles que al retornar a mi lucidez trato de descifrar pero ya no hay nada allí, para mí.

 

He terminado una labor

Que se veía inextinguible en un trabajoso devenir y la creatividad era ausente, y solo a mi lado un desánimo agobiador en su peso obsesivo sobre mi alma; de pronto algo se concatena con algo y en temblor expresivo e imparable la creatividad abre sus brazos y se entrega a mi ardor. Intuyo que será la última del día. Es un chispazo violento, aprehendo una idea, la grafico, y el abrazo se enfría y siento que se aleja la fantasía y la chispa; Me esfuerzo por extraer una última gota, recorro todo mi trabajo y ya nada se abre ni entrega para mí; entiendo entonces que el círculo está cerrado, que todo ha terminado, que no habrá nuevos orgasmos trepidantes, que la paz será conmigo y que mi trabajo se ha completado. Salgo entonces de mi computador, termino mi té ya frío lo que no me afecta, camino los pasos hacia mi sauna me envuelvo en su vapor; contemplo de soslayo, aunque ya la había sentido, una erección cómplice con mi contento y la desecho sin alterarme, me ducho con agua caliente y extingo mi ardor con agua fría que escurre por mi piel alzada y sensible. La toalla áspera en su amor rudo desplaza el agua castigadora y ya la piel renovada pero insatisfecha es recluida en la camisa y pantalón y raudo buscamos el auto poderoso y en pocas zancadas estamos en medio de la carretera; hendemos el aire de tal modo que el acelerador se torna tímido pero nuestro pie viola su cobardía y lo oprime hasta estrujarlo, es entonces cuando suelta su escondida virginidad; la velocidad desenfrenada y nosotros desechando el lujo inocuo del aire acondicionado abrimos las ventanillas y el aire atronador y libre se hace uno con nosotros: mi piel, mi ansia de respirar y absorber toda novedad y mis poros abiertos a lo que sea y venga, las imágenes se suceden veloces e intangibles unificándose con el interior de lo que sucede en el auto y la vorágine es una sola. Recién cuando el escenario está dispuesto y pronto, es que abro mis sentidos y me entrego al aire, a la velocidad y a mis pensamientos alzados que buscan reencontrarse e integrarse al mundo externo y conmigo mismo. Agradezco a la vida, a mi pertinacia, a mi creatividad, a mi entorno lo que sucede, no termino de esbozar ese sentir cuando ya es pasado y voy en busca de sensaciones nuevas, inéditas que deberán, tendrán que enseñarme, dolerme y ser absorbidas e integrar mi bagaje de recuerdos. Lanzados en velocidad aulladora el auto y yo nos comprendemos, cualquier error, la menor duda, una leve hesitación nos precipitará hermanos en una muerte súbita, orgía de carne y hierros ardientes en un todo indisoluble, tal como hemos vivido, sería nuestro último orgasmo conjunto y tórrido. Esa imagen tortuosa me hace sonreír en voluptuosidad y la erección se apodera de mi ariete que no tiene a su frente puerta que derribar y debe de contenerse hasta ser liberada su carga en estertor o caer en muerte ignominiosa. Me apiado y con mi pensamiento lo mantengo en vida y lo integro a mi conversa con el paisaje lujurioso. Busco el camino de retorno y deshacemos lo andado, lo pensado, deseado y diseñado; reaparece la ciudad con sus calles civilizadas, la gente que discurre tranquila por sus veredas con sus ansias domesticadas, ya pertenecemos al rebaño familiar, no queda atisbo de ímpetu indómito en nosotros, nos hemos integrado a la carpeta social y es como si siempre así hubiese sido. Se ha hartado nuestra escapada a la liberación animal, hemos superado la estremecedora sensación que la ciudad nos imprimió al someternos a rodar prisioneros de sus lúgubres muros y calles que nos obligan a circular por donde ellas dictan. Alborozados de haber probado la libertad indómita, sabemos en lo recóndito que el escape estará a nuestro lado y podremos por siempre romper las reglas que no creamos ni diseñamos, pero a las que por cobardía, sometimiento o por convivencia con las personas, nos habíamos tratado de adaptar.

 

Desperté por la mañana

La piel satinada y nunca ahíta; acosada por yemas y boca nocturnas plenas de osadía y lubricidad de la mujer con la que recorrimos el laberinto y encrucijadas del kamasutra, las mil y una noches del erotismo; escribí, en su piel, grutas y recovecos, con mi piel y aliento, un libro inédito en que vertí mis fantasías más estrambóticas e íntimas. Que hasta hoy juguetearon tímidas y culpables solo en mí imaginación desbocada a ratos y casi siempre reprimida con mano cobarde. Pero la noche ya ida, me entregó una cómplice que abatió la culpa con un delicioso toque de perversidad, el imprescindible acompañante de la libidinosidad; caí voluntario al abismo del olvido y el goce del cuerpo.

Ahora estoy despierto y relajado; mi compañera está aún sumida en sueño. El descanso aportará cargamentos de sensualidad a nuestras fibras agobiadas; que se alzarán ágiles a otra batalla. Dejo la mente errar libre en el desierto candente, en espera a que los cuerpos exhaustos se desmadejen en el cansancio deleitoso.

Cerrados los ojos. Quieto, recorro la noche reciente, La contemplo; la medito En un ángulo nuevo descubro que situaciones, actitudes, miradas, caricias, que recibí y di; horas atrás, estuvieron restringidas por la sombra del ansia; percibo, ahora, lo que ella quiso susurrarme anoche, pero en su placer mordiente sus gemidos gozadores ahogaron su palabra caliente y una y otra vez así fue y durmió la magia íntima del erotismo, gutural en su garganta. Abre sus ojos, no la veo, solo que lo sé; Siento su yema, sus labios y aletear de pestañas aventurarse como anoche aspirando mi piel; su mirada diciéndome que será mi Sherezade, mi geisha y sus palabras me harán el amor aunándome con mis fantasías.

La sensualidad que se derrama sobre mí es inimaginable, no abro los ojos y me dejo invadir.


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  Comentarios (1)
Escrito por DPA, el 25-02-2008 19:15
Bueno como conversación de sobremesa, pero la verdad no le veo ninguna finalidad. Se parece más a una página arrancada de un diario que a un escrito sobre una idea o un sentimiento. :?
 
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