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Calor Irreverente Imprimir E-Mail
por Celia Gómez Ramos   
01 / 2008

No es que quiera echar a perder tu día, ni el tuyo…, ni el de usted tampoco, pero no hay mayor revelación que la realidad misma, y esa es que como seres humanos, no tenemos otra opción que el nomadismo, y por supuesto, la finitud.

Los equilibrios de la naturaleza son indiscutibles y en las diferentes eras, nada, absolutamente nada se ha podido hacer. Ni hoy día que el hombre existe, a pesar de toda la inteligencia que como ser humano prodiga.

Lamento, que consideres esta una intromisión en tu vida y una posición radicalmente distinta a la que profesan todos aquellos que mueven el mundo (más bien, posición que emiten, porque no necesariamente creen), pero por lo menos, conversemos juntos de este tema, y analiza otro punto de vista.

Sé que no podría hacerle la competencia a Al Gore (menos ahora que ha ganado el Nobel), y que tampoco recibiré una paga considerable por ir y brindar una conferencia con mis argumentos, es más, ni siquiera llevo más de dos años pensando en el asunto, pero… Cuando se habla de cambio climático, del aborto, de la eutanasia, de la deshumanización; hay algo que hace falta recalcar y repensar: el hombre, a lo largo de su evolución, ha adaptado el medio ambiente a su conveniencia. ¿Es difícil de comprender? Vamos y siempre hemos ido, contra la naturaleza misma, y a eso es a lo que se le ha dado en llamar “desarrollo”.

Escucho y leo un día y otro también que el medio ambiente necesita de nosotros, que hay que cuidarlo –y no estoy en contra de la higiene. Hace 20 años, cuando apenas se comenzó a pensar en el cambio climático, la perspectiva de vida parecía cada vez más estacionaria. Uno había de establecerse en algún lugar y permanecer en él el mayor tiempo posible, adquiriendo un terreno, una casa o departamento, automóvil, bienes materiales, una membresía en un centro deportivo para ejercitarse o socializar, tener alrededor restaurantes y tiendas departamentales, es decir, procurar tener cerca, todo lo necesario para no aventurarse a andar de un lado para otro. El trabajo, fue y sigue siendo uno de los factores determinantes de este tipo de vida. No hemos sabido hacerla de otra manera, y ante ello, lo que ahora se nos ocurre, es que debemos desalentar el cambio climático, cuando lo único que se podrá hacer es retrasar un poco lo que ocurrirá, y tal vez ni eso.

Desde la primaria, nos explicaron nuestros maestros, que la historia de la Tierra llevaba 4 mil 567 millones de años, y que desde entonces a ahora se han sufrido innumerables cambios, como lo fue la aparición y desaparición de animales y plantas, de tierra firme y océanos. Esos grandes cambios, que se denominaron eras geológicas o etapas, para explicar las características especiales que tuvieron cada una de ellas (tanto biológicas como geológicas), fueron determinados por los cambios ambientales que ocurrieron en el planeta, como las glaciaciones, que provocaron la desaparición de diversas especies y el surgimiento de otras tantas.

También nos dijeron en la misma primaria, que a partir del estudio de esas eras geológicas se podían distinguir los cambios que ha vivido la Tierra y cómo los seres que la habitaron tuvieron que adaptarse y modificarse, para poder sobrevivir en ella.

Actualmente vivimos en la era Cenozoica, del período Cuaternario. Ya transitaron nuestros ancestros la época del Pleistoceno y hoy vivimos el Holoceno. Aunque nos suene a viejo en medio de la modernidad y la globalización en que nos amparamos para sobrevivir.

Esta era en que existimos, la Cenozoica o vida reciente, es la última de cuatro, las anteriores fueron: La azoica o Precámbrico, en que no había vida; la paleozoica o vida antigua y la mesozoica o vida media.

Nos dicen que durante los próximos 100 ó 150 años, padeceremos de: Un calentamiento global promedio, de entre 1.5 y 4.5 °C, siendo la mejor estimación 2.5 grados Celsius; que la estratosfera se enfriará significativamente; que el entibiamiento superficial será mayor en las altas latitudes en invierno, pero menores durante el verano; que la precipitación global aumentará entre 3 y 15 por ciento y habrá un aumento en todo el año de las precipitaciones en las altas latitudes, mientras que algunas áreas tropicales, experimentarán pequeñas disminuciones.

El panorama que nos pintan es fatal, y nos alientan a sentir que nuestro mundo tiene solución biológica y geológica, cuando no lo tiene. Buscan que a partir de políticas públicas, nos sintamos reconfortados y seguros.

La naturaleza siempre ha encontrado equilibrios, y los seres humanos siempre hemos querido creer que la hemos domesticado, cuando incluso hemos sido su propio instrumento o herramienta. Desde hace cuantos siglos existieron las pestes, las guerras y hasta el odio para acabar con las sobrepoblaciones, conocido como genocidio; terremotos, tsunamis, plagas, hambrunas, epidemias…

*****

El mercado del cambio climático.

Pero que nos sintamos reconfortados y seguros no es solamente bondad de los políticos, atañe a la importancia de la economía global, que parece haber dejado abandonada la Cumbre del Milenio realizada en el 2000, y en la que uno de sus puntos centrales era que los países con mayor desarrollo y poderío económico ya se habían dado cuenta de que resultaría mejor que los países ricos invirtieran para combatir la pobreza, pues de no hacerlo, esa pobreza se podía revertir, generando un mundo inhóspito fundamentalmente para los que más tenían.

Desviados de la atención, observo que no se busca atender la problemática real, sino tapar nuestras limitaciones como seres humanos, esas de no poder pensar en que podamos tener otra forma de vida en todo el globo terráqueo. El silencio es lo mejor, ante esa verdad que ni genera votos y en cambio, sí genera una terrible incertidumbre en la humanidad entera, al igual que traerá costos económicos altísimos.

Revisando los periódicos, encontré con fecha 3 de septiembre de 2007 en el periódico La Jornada, una nota firmada desde la ciudad austriaca de Viena, por la reportera Angélica Enciso, que dice así: “Se lucrará con transferencia de tecnologías y financiamiento a los países en desarrollo. Negocios millonarios incuban el interés por atacar cambio climático. Naciones pobres requerirán en 2030 unos 200 mil millones de dólares, señala órgano de la ONU. Especialistas apremian a gobiernos a adoptar medidas para frenar los efectos del calentamiento global”.

Y es que, señalaba: “Ante los daños ambientales que provoca el cambio climático, el interés de los países desarrollados por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) surge de la oportunidad de realizar inversiones, que se dará con la transferencia de tecnologías, el financiamiento para la mitigación de los efectos del problema y la expansión de los llamados mercados de carbono”.

“Evaluaciones preliminares señalan que en 2030 las necesidades financieras serán de unos 200 mil millones de dólares, sobre todo en las naciones en desarrollo, se dio a conocer en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático”. (Por si es de su interés leer la nota completa, la dirección es http://www.jornada.unam.mx/2007/09/03/index.php?section=sociedad&article=040n1soc).

Parece un verdadero negocio, ¿no es cierto? y es que los representantes de 175 países (mismos que firmaron en 2005 el Protocolo de Kyoto, para reducir contaminantes) se limitaron al compromiso de disminuir entre un 25 y 40 por ciento las emisiones contaminantes, durante la última Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático, concluida el 30 de agosto de 2007.

Y nos dicen que el cambio climático global es un hecho, que es por ello que los Gobiernos a nivel mundial están reaccionando ante la amenaza cada vez mayor, de alteraciones climáticas graves que podrán colocar sus economías en peligro. Además, sostienen que este cambio climático global, ha dejado muy clara la globalización de los problemas ambientales y que para una solución deberán estar involucradas todas las naciones. Otra vez tenemos ante nosotros el problema entre los pobres y los ricos, porque los pobres no podrán disminuir la emisión de contaminantes como se espera, sin embargo, los países que primero sufrirán los efectos del “cambio climático”, serán los ricos… Vaya ironías.

*****

No cabe duda que no tener memoria remota, nos hace embaucarnos en la vorágine de acontecimientos y decisiones tomadas por intereses económicos, pero que de alguna manera buscan cerrar el paso a la más cruenta realidad, que se acerca una quinta era geológica, donde otra vez se presentarán cambios drásticos y donde probablemente los seres humanos, si queremos sobrevivir, habremos de habitar este globo terráqueo de una forma muy distinta a como ahora lo hacemos. Esto se lee totalmente antipopular. Pongo en primer lugar, alejarnos de las costas, obligatoriamente y ya. Dejar nuestro sedentarismo y tal vez comenzar a cambiar nuestra idea de considerar que lo único que nos pertenece es la propiedad privada, porque quizá lo único propio dentro de algunas generaciones todavía, será la vida.

Será acaso que como lo señaló Forbes- Wislow, alienista y criminólogo victoriano: ¿“El mundo entero está irremediablemente destinado a volverse loco, si no se produce una mutación radical de nuestra vida actual”?

 

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  Comentarios (1)
Bien Celia
Escrito por Anselmo, el 11-01-2008 14:37
Muy ciertas tus palabras, Celia. Pero mientras tú escribías el texto (y también mientras el que esto escribe, y otros, lo leíamos), en muchos puntos del planeta, muy cerca de nosotros o tan lejos como no lo imaginamos, desarrolladores inmobiliarios cortan árboles con decenas de años de vida a cuestas con el fin de lograr la entrada a un nuevo fraccionamiento habitacional; otros tantos, matan animales para vestir sus pieles o por simple “deporte”; algunos más, lavan las aceras a “manguerazo limpio”, y otros, por ordenes de un jefe de gobierno o alcalde municipal, echan cantidades indiscriminadas de cemento a las pocas áreas verdes que sobran, para terminar las “añoradas” ciclopistas por las que los ciudadanos nos volvemos locos; todo lo anterior en nombre del desarrollo. 
¡No es posible que los políticos, los empresarios y en general, la gente, sigan creyendo que el desarrollo es más palpable mientras más cemento se riegue! ¡No es posible, además, que quienes le ponen en la madre al planeta apoyando el uso de armas o las pruebas nucleares, ahora quieran erigirse como los nuevos Mesías de la ecología, eso sí, siempre y cuando haya cantidades de dinero de por medio que apoyen sus discursos. ¿Y loa hechos? 
Muy bien, Celia… se agradece la reflexión.
 
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