| También a los Bichir se le escapan las chamacas |
|
|
| por Dalí Corona | ||||||||
| 01 / 2008 | ||||||||
|
Para Yunuel, mi negra luz Apresuro la vista por temor a que descubras que te miro. Se ha desocupado un asiento muy cerca de la puerta de salida y yo hago un hueco entre el tubo y mi persona para que te sientes. La señora con bolsas del mandado ha dirigido hacia mi pecho su paraguas. Yo, con toda tranquilidad me pego un poco más hacia tu mano. Pareces algo cansada, mientras abanicas lentamente con la tv notas tu cuello sudoroso. En Balderas sube un grupo de jóvenes a los que no se les entiende mucho; entre chales y culeros es difícil identificar la charla. Una de ellas, la más joven, se da cuenta que mi mano pasea frente a tus pechos, no da mucha importancia y voltea a besar al tipo de lentes negros y camisa rosa. En el siguiente transborde sólo damas. Algún gracioso jala la palanca de emergencia y yo me recargo en el tubo cerca de la puerta. Tú te inclinas sofocada por el olor de un tipo al que abandonó rexona. Haces cara de pocos amigos y alejas la mano de mi pantalón; crees que intento tocarte cuando descubres que miro dentro de tu blusa, yo, a manera de, "he visto mejores", indago en el extractor que hay en el techo. El calor es cada vez más insoportable y de nada sirve abrir un poco las ventilas. La señora del paraguas no olvida que no la dejé sentar y recarga con fuerza sus bolsas en mi espalda. Seguramente, en toda la línea tres del metro no hay un par de pechos tan hermosos como los que asoman por tu blusa, pienso, mientras veo tus pezones dibujados en el azul ligero del brasier. Los jóvenes se bajan en Guerrero y uno de ellos jala nuevamente la palanca, la señora de las bolsas me golpea otra vez y por fin encuentra asiento. Descansa, pero no olvida que yo soy el culpable de su terrible dolor de pies, seguramente planea asesinarme o ya de menos, pasarme la cuenta del ortopedista. A lo lejos, un asiento frente a ti se desocupa, yo lanzo certeramente La Jornada para apartarlo, y una señora con su niño en brazos se muestra muy violenta, grita algo que parece ser una mentada, pero ya estoy sentado junto a ti y nada importa. Evito los gestos de la madre de familia mientras te miro los tobillos y, de vez en cuando, volteo a echar un vistazo a la nueva gillette con hojas más sensibles que anuncia David Beckham. Tú, ni por error volteas a mirar a quién insultan (pero sí a David Beckham); ya no duermes y ahora lees bastante sorprendida a la Restrepo, -algún defecto debías de tener. En Tlatelolco acomodas tu bolsa y volteas a ver por dónde vamos; a más de uno se nos detiene el corazón de sólo pensar que dejaremos de mirarte, pero fue salida en falso. Te acomodas en tu asiento y sigues con la Novia Oscura. Te ríes un poco y pienso que llegaste a la parte en la que la niña se vuelve prostituta. - también yo leí la Novia Oscura y tampoco soy perfecto. Ya pasan de las diez y no creo que alcance las gorditas de chicharrón en Indios Verdes, tendré que comprar unas papas o unos plátanos con crema cerca de la letra ache. Parece que a ti también te dió un poco de hambre; sacas de tu bolsa una barra nutri gray de pasas con canela y la envidia me hace voltear hacia Insurgentes. Ya en La Raza, el vagón se siente solo, sólo queda dentro tu risa, la señora con el niño, la mujer con el paraguas, unos cuantos pelados que no dejan de mirarte y yo. Apenas se cierran las puertas y alguien estrella su bastón en mis rodillas, canta algo parecido a Pedro Infante. Le doy una moneda esperando no me pegue una vez más y alguien asiento adelante, le llama como si estuviéramos en la loma arreando vacas; yo no separo la vista de tus poros. El tren se detiene bruscamente cerca de Potrero, una voz lejana indica que debido a la lluvia el tren avanzará más lento. Tu libro cae y yo me apresuro a levantarlo. Es la primera vez que me miras y yo no puedo articular palabra alguna, me resultas, viéndote de frente, algo familiar, como salida de una novela policíaca de tv azteca Dices gracias, y sintiéndome el más galán de los Bichir, contesto con mi sonrisa número catorce, mostrando apenas el diente que me despostilló Luis mientras jugábamos a las carreras. Mi sonrisa te invita a hacer algo de plática, pero al final, ni monosílabo; también al Damián se le escapan las chamacas. La mujer de las bolsas ya hace alianza con la que trae cargando al niño y dudo que alguna no se haya referido a mí antecediendo un "pendejo o barbaján". Eso no importa demasiado, luces como una niña vicky form ante mis ojos, como un anuncio espectacular sobre Insurgentes. Momentos antes de llegar a Potrero, me armo de valor y te pregunto si te gusta leer a la Restrepo mientras te preparas el café. No contestas, y me miras algo sorprendida; no sabes por dónde atajar mi pregunta y es probable que te genere desconfianza. Volteas a mirar el vagón como buscando a alguien y yo repito la pregunta. Sabes que eres tú, que a ti te hablo. Cierras el libro, sonríes, te acomodas la bolsa.. Jove. joven. Ya llegamos a Indios Verdes. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
Marcar como favorito (13) | Cite este artículo en su sitio | Views: 471
|
||||||||
| < Anterior | Siguiente > |
|---|





Comentarios (2)


