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Virutilla y La Secta del Cesante Imprimir E-Mail
por Emilia Rojas   
01 / 2008

Virutilla.

Descubro que la virutilla gruesa es mejor que la fina. Por lo menos para el piso de mi departamento.

Descubro que estaba en lo cierto cuando pensé que “Muse” era mi banda del año, y en un momento de soledad interior comprendo que el amor es disposición, limpia entrega y disposición.

Recuerdo mis tiempos más solitarios y desadaptados, cuando todo me parecía doloroso y triste, cuando escuchaba canciones escritas por drogadictos malditos perdidos en la masa social. Amo ese tiempo que pasé. Lo atesoro en mi interior como un tiempo fértil, lleno de palabras desgarradoras que explotaban dentro de mi adolescencia sufrida.

Aún siento que soy adolescente. Me niego a ser completamente adulta y adaptada. La rebeldía puja en mí como un acto poderoso de comunicación y dadivosidad, despertando a los sentidos externos, que no comprenden el poder. El verdadero manejo de sí mismo y la responsabilidad de ver y respetar.

Todo es nuevo cada día, y las guitarras y baterías revientan en mis tímpanos como pulsaciones que bombean el despertar de un nuevo oficio, un nuevo trabajo de expresión y sobrevivencia. Escribir.

 

La secta del cesante.

Hace algunos días atrás me propuse encontrar un trabajo de medio tiempo, que me permitiera ganar un dinero base para los “gastos comunes” y me dejara días libres para escribir e investigar.

En mi búsqueda llegué a un lugar ubicado cerca del metro Los Leones, una pequeña calle, sin salida, que termina en una especie de plaza interior. Mardoqueo Fernández.

Una enorme fila de jóvenes seres (algunos producidos con la importancia de la búsqueda, y otros, como yo, completamente casuales) se extendía a lo largo de una escalera que descendía hasta una oficina de recepción. El aviso que nos tenía a todos ahí era el siguiente: “Jóvenes, part-time, $50000- $100000 semanales”.

Al marcar el número de celular que aparecía junto al aviso imaginé una de estas empresas que reclutan “damas de compañía” para diversos efectos. Un joven bastante claro me atendió, reprodujo la dirección y me indicó que debía decir su nombre a la secretaria cuando llegara al edificio.

Imaginé una entrevista “exclusiva”, cuando me encuentro con la tropa de “seres”.

Rápidamente avanzamos a un pequeño salón, lleno de sillas apuntando hacia una sola dirección: Un proyector.

Después de llenar las sillas y presentarnos a la persona que nos había citado (habían varios de ellos, vestidos de terno y con distintivos en las solapas de su chaqueta), una mujer de cabello crespo y anteojos, también bien vestida, comenzó a hacer una serie de preguntas extrañas con el tono que le permitía el micrófono, que cada cinco minutos dejaba de amplificar. Las preguntas eran formuladas con un pensamiento subestimativo, como si todos los que allí estábamos fuéramos una manga de pendejos o peor aún, cesantes. Por un minuto creí que estaba en un tipo de iglesia, que había entrado a una especie de secta. Mientras ella seguía preguntando estupideces a las cuales nadie respondía, por supuesto, comenzaba a subir en el ambiente una sensación de inquietud y pérdida de tiempo. A las poco inteligentes preguntas se les sumaba una cantidad de fotografías mostradas a través del proyector, en las cuales aparecía esta mujer en una suerte de Antes y Después de su llegada a la compañía. A lo que se agrega la más estúpida aún pregunta, que todos debimos escuchar por parte de cada persona que se paraba delante con el micrófono descompuesto: “Creen Ustedes que necesitaba un cambio? ¿Quién de ustedes cree que necesitaba un cambio?”

Nadie levantaba la mano, la verdad es que sí, todos los bien vestidos con distintivos respondían a las preguntas de sus compañeros apoyando la “performance” que intentaban hacer frente a nosotros. Después de que cuatro personas repitieran el mismo discurso sobre cómo la compañía les había cambiado la vida, incluyendo fotografía y boleta de honorarios, nos repartieron un “brebaje revitalizador”, el cual bebí completamente sin ningún escrúpulo. La compañía en cuestión se dedicaba a fabricar y vender productos que ayudan al control de peso, es una marca bastante conocida y reconocida por la sociedad y el mercado, que distribuye una  amplia gama de “nutrición celular”. 

Ya pasadas un par de horas comencé a inquietarme realmente, mi hombre me esperaba en casa para ir de compras al supermercado y yo estaba atascada escuchando un grupo de devotos de “Herbalife” que nos trataban de convencer de vender sus productos.

Mediante videos y más fotografías y preguntas estúpidas con tono de evangélico poseído, nos adentrábamos cada vez más en el tema del dinero. Era lo único que me importaba saber. Qué tengo que hacer y cuánto ganaré. Finalmente la honestidad y realismo se hicieron presentes, y claramente el trabajo era de vendedor por comisión, el cual para realizar, debías comprar una licencia de $55000 que además viene con tu nutrición celular, para que tú seas la vitrina de tu propio producto. ¡Genial! No tenía ni un peso y debía comprar una licencia para trabajar de vendedora por comisión.

La chica junto a mí me hacía preguntas personales mientras yo me restregaba los ojos y ojeaba mi libro acompañante “Mujeres” de Charles Bukowsky. Pensaba en cómo ideaban toda esta presentación y ciertamente nos quedábamos a oírlos. Había un manejo psicológico en todo esto. Evidentemente. Yo después de tres horas aún estaba ahí y cuestionando la idea.

Terminé poniéndome de pie como respuesta a la pregunta de tono luminoso y esperanzador: ¿Quién vio una oportunidad hoy? Levántense, díganme, sin miedo, ¿quién vio una oportunidad hoy?  Y alistándome para comprar el “kit” de “distribuidora”.

Llegué a casa pensando en transformarme en millonaria vendiendo la “comida del futuro” y encontré a mi amor esperándome hace mucho rato, quien con dos frases me mostró mi realidad.

Decidir por el oficio de escribir no es tarea fácil, pero sin duda alguna mucho mejor, para mí, que pertenecer a la secta de “HerbaLife”.

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  Comentarios (1)
La Reproducción
Escrito por Emilia, el 15-01-2008 13:18
Bueno... pueden reproducirlo total o parcialmente , PERO siempre mencionando el verdadero nombre del autor.  
Aquí en internet cuesta poner los limítes, así que mejor difundan en vez de reproducir... 
 
Con su permiso...voy a investigar unas técnicas más divertidas de reproducción :grin
 
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