PalMal404.jpg
Desnuda la Infancia Imprimir E-Mail
por Julio César Toledo   
01 / 2008
 Julio César Toledo, nació en Chicontepec, Veracruz, pero es más regiomontano que huasteco. Estudio Teatro en el INBA, y Ciencias de la Cultura en el Claustro de Sor Juana. Tiene Publicados el poemario "Del silencio" y la obra de teatro "Hombre, Mujer y Perro". Es egresado de la Escuela Dinámica de Escritores.

En “Desnuda la Infancia”, Julio César hilvana cinco historias que tienen gestos en común, por lo que él las consideró parte de un todo. Existe algo cautivante y aterrador en ellas. ¿Qué opinan ustedes?

 

 

 

Anita

Anita lava la tina, su mamá se lo pidió. Anita suele quedarse sentada en el jardín viendo hacia la colina que hay detrás de su casa, callada, sin hacer ningún gesto durante horas. Qué buena niña es Ana que siempre pone la mesa cuando su papá está por llegar a comer y acomoda sus pantuflas después del trabajo y, cuando se lo pide, se viste con la bata de su mamá y se pinta los labios de rojo para complacerlo. Anita lava la tina del baño y su papá entra sigiloso y la toma por la cintura y le da un gran beso mientras le dice que es una niña muy buena y que no tiene por qué lavar la tina si es una princesa, y Ana, que lava muy bien, le dice que lo hace porque mamá se lo pidió, porque ella no puede hacerlo ahora. El papá de Anita se enoja y le repite, que ya le ha dicho, que mamá está muerta, que los muertos no hablan; que no existen los fantasmas y que si existen, no quieren la tina limpia sino descansar en paz.

 

Orejas Grandes

Tuve un amigo que tenía las orejas muy grandes, se llamaba Alejandro, pero todos le decíamos “Chore”. Una vez jugamos con globos llenos de agua y terminamos empapados, y como su mamá (que era enfermera) trabajaba casi siempre, vino a mi casa a secarse y lo vi desnudo porque nos tuvimos que cambiar. No era muy distinto a mí sin ropa.

El Chore usaba gorra para salir a jugar y metía sus orejotas en ellas para que no se le vieran o no le estorbaran; se enojaba mucho y a veces hasta lloraba cuando le hacíamos burla por sus “orejas de Dumbo”.

Su mamá no le decía Alejandro (ni Chore tampoco), le decía “Mi rey”. Pero cuando estaba enojada le gritaba “muchacho cabrón”. Casi siempre, cuando llegaba del hospital vestida de blanco con suéter azul, le decía “Mi rey”.

Una tarde que no teníamos nada que hacer (hubo tantas tardes similares en el verano) los demás amigos y yo hicimos una canción que hablaba de las orejas del Chore, de su capacidad para moverlas y provocar ventarrones con ellas. A mí me pareció muy divertido, y fue mi primer acercamiento con la rima de las palabras. Pero Alejandro, El Chore, se enojó y lloró, lloró mucho.

Después de la canción la cosa se puso rara: primero su mamá, vestida de blanco, nos gritó que éramos unos cabrones, que no sabíamos el daño que le hacíamos a “su rey” (eso nos dio risa, aunque estabamos asustados por el griterío). Luego, El Chore desapareció por muchos días, como un mes, hasta que un día en mitad de un partido de fútbol, apareció con unos parches en las orejas y dijo: ¿Puedo jugar, con quién le entro?

Nos contó que se había ido a casa de sus primos y que una paloma o un chiflador, no sé bien, le había tronado cerca del oído cuando estaba por aventarlo, por eso lo tuvieron que operar, pero que ya estaba bien. Todos los amigos le concedimos la mentira. Sabíamos que su mamá pagó la operación para que se las hicieran más chicas, si no, por qué tenía cicatriz en las dos orejas, cómo fue que se le hicieron más pequeñas. No volvimos a burlarnos de él, pero la costumbre y el cariño impidieron que le dijéramos Alejandro, como nos pidió. Y Alejandro fue, con todo y operación, para siempre, para todos nosotros, El Chore.

No se hubieran burlado de él si, en vez de las orejas, hubiera tenido el pene grande; yo sé que no lo tenía grande, porque se lo vi cuando nos cambiamos de ropa en mi casa, porque estábamos empapados de jugar con globos llenos de agua.

 

Niño Muerto

Cuando Sara está cerca de la ventana el viento arrecia y los árboles parecen hablar. Tiene un modo de mirar que pone nerviosos a los demás, y es que sus ojos son como de fuego, color ámbar; que parecen siempre estar encendidos.

Sara tenía 7 años cuando su hermanito Jonás murió. Jonás se murió como a las dos de la tarde, sin quejarse. Así, dormidito en el moisés que la abuela Juliana le regaló. Sara y su mamá comían, y el bebé debía estar durmiendo la siesta y en vez de eso se estaba muriendo sin hacer ruido, con los ojos cerrados. Qué importa por qué se muere un hermanito tan chico, lo mismo da; nada se lleva del pecho esta sensación de hambre y retortijones cuando pienso en que nunca más lo vas a ver.

A Sara se le murió (o nació y empezó a vivir) algo por dentro; a su mamá se le revolvió todo en la cabeza y la tristeza se le metió debajo, más allá de los huesos, y desde ese día, cuando Sara tenía siete años, nunca volvió a ser la misma mamá. Se soltó a llorar y cerró el cuarto del niño, y dijo que no lo quería ver ni tocar. Llamó a Sara y le dijo, como enojada, que era su deber vestirlo, que estaba en pañal y así no se puede tener un niño decente y que para eso son las hermanas mayores y que ella tenía que aprender a hacerse responsable. Qué no le había enseñado las buenas costumbres.

Sara vistió con un traje azul el cadáver de Jonás, y vio en los ojos de ese pequeño cuerpo a la muerte misma en su condición de inmóvil hermano de dos años que se muere repentinamente, antes de acabar por completo las verduras y el puré.

Callada, en el fondo del salón de clases, pegada a la pared, sólo mira profundamente a los niños que gritan “Sara está maldita porque tocó a un muerto”. Sólo los mira y los hace correr porque sus ojos son como de fuego, color ámbar. Entonces se acerca a la ventana y el viento arrecia y los árboles parecen decir cosas y los niños se alejan corriendo porque les da miedo que de verdad esté maldita y que sus ojos se vean así, como de fuego, encendidos.

 

Niño desnudo

El niño desnudo caminó medio dormido por el pasillo de la casa, hasta la habitación de su madre. Entró y vio a su mamá, también desnuda, acariciándose con suavidad los pezones. El niño desnudo descubrió con extrañeza  su primera erección.

 

Cumpleaños

Otro niño, cierto día anterior a su cumpleaños, vio con su hermano mayor en la televisión una película. Tremendo beso se daban dos jóvenes en la película, un beso en la banca de un parque. ¡Son jotos!, dijo el hermano mayor. No se qué es jotos, pensó el niño.

El parque del beso de la película se parecía mucho a la glorieta de la avenida, la que está antes de llegar a la escuela.

Días después (no sabría decir cuántos exactamente) al regresar de clases, un señor que pasaba en su coche por la glorieta, le gritó al niño – ¡Adiós Bombón!- El niño rió. Me dijo bombón, repitió entre dientes y complacido por el juego del conductor que nombraba personas con palabras chistosas como esa. ¡Joto! Gritó el hermano mayor al conductor. Se fueron a casa.

Todos los niños deberían tener fiesta de cumpleaños porque son muy divertidas y te regalan muchas cosas.

El sábado después de su cumpleaños le hicieron, al niño, una fiesta y fueron muchos invitados. Fue en un parque grande; había juegos, lanchas y hasta caballos. La mamá del niño se preocupó al no verlo durante un rato; lo encontró saliendo del baño y le preguntó qué tenía o por qué ponía los ojos así. Él, dijo que nada ocurría. La madre no notó las gotas de sangre en medio de las bolsas traseras del overol de mezclilla del niño.

Esa misma noche, el niño, le preguntó a su hermano si se acordaba de la película que habían visto en la televisión. El hermano mayor le dijo que no molestara y cerró la puerta de la habitación. El niño se acostó bocabajo en la alfombra a jugar con un coche de policía que le regalaron por su cumpleaños.


Escribir Comentario
Nombre:
E-mail
Título:
Comentario:



Código:* Code
Enviarme un email cuando haya nuevos comentarios en este artículo


Marcar como favorito (18) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1432

  Comentarios (5)
Gracias
Escrito por julio cesar toledo, el 26-02-2008 17:26
Gracias a todos por los chidos comentarios... Ramses: escribe, que de eso está hecha la literatura... 
 
Dalí, andamos en contacto... :p
Yo también
Escrito por Dalí Corona/ZebraZurda, el 13-02-2008 21:12
Ese Toledo, yo también soy tu fan.  
 
A ver que día leemos juntos.  
 
Un abrazo
Escrito por Ramsés, el 06-02-2008 18:16
Fíjate que yo planeaba escribir una serie de cuentos pequeños que se relacionaran entre sí mediante algunos puntos en común, similares a los que publicas ahora, pero sin duda no serán tan buenos como los tuyos. Me encantaron tus relatos. Efectivamente, cada línea se disfruta, y hay un encanto furtivo y profundo debajo de cada un de ellos. Muy bien.
Escrito por Miguel González Sandria, el 23-01-2008 13:37
Cada línea se disfruta y se logra la reflexión sobre lo cotidiano pero extraordinario. ¡Muy bien!
Inquietante, sí
Escrito por Toño, el 17-01-2008 18:25
órale, si que son inquietantes los cuentos, la estética de la que penden es mas bien densa y enigmática. Están buenos...
 
< Anterior   Siguiente >
Este sitio es apoyado por: