| Editorial Gugorrones… ¿Gugo qué? |
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| por Jesús Cervantes | ||||||||
| 01 / 2008 | ||||||||
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“Gugorrones” fue una de las propuestas que un grupo de tipos interesados en la cultura en general, y la literatura en particular, analizaron para dar nombre a un proyecto que se antojaba un tanto “guajiro”: la creación de un sello editorial. ¿Se imagina, estimado lector? Un sello editorial en un país donde el promedio de lectura de un habitante común y corriente es de dos punto ocho libros al año (según las estadísticas oficiales, claro, siempre maquilladas, y a pesar de que ahora “el fomento a la lectura” será uno de los pilares en el plan quinquenal de cultura (no puede ser sexenal, pues los sibaritas de la cultura federal desperdiciaron un año en reestructurar lo dejado por doña Sari y sus cuarenta enanos)). Un país al que la UNESCO coloca en el lugar 107… de 108 analizados en materia de lectura. Un país al que de nada le ha valido pertenecer a las organizaciones económicas y de desarrollo mundial porque seguimos estando entre los últimos lugares en cuanto a educación, desarrollo y por supuesto, respaldo cultural. Efectivamente, esta idea, que nace en plena provincia mexicana, entre la idiosincrasia moralista y retrógrada de las familias donde el bien común significa estar bien económicamente (pero solamente ellas, ¡eh!, sólo ellas ni nadie más), saltó a la palestra como una más de esas “ideas descabelladas” que el Consejo de Cultura de Salvatierra ha generado durante su corta pero fructífera existencia. Pero, ¿qué es el sello editorial Gugorrones? Es una iniciativa que tiene como principal objeto dar a conocer a todos aquellos autores que de una u otra forma, no han tenido la oportunidad de publicar su trabajo, ya sea por la carencia de medios o por no formar parte de las “grupos culturales” que otorgan becas a cuates y conocidos, sin importar la calidad de la propuesta editorial. Este sello Gugorrones es un proyecto independiente, que engendra claro está, una editorial libre de compromisos y trabas ante cualquier tipo de institución, club o grupúsculo de iluminados. Una editorial que buscará, por sobre todas las cosas, publicar aquellas obras literarias que constituyan un puente para que nuestros niños y jóvenes comiencen a tomar a la lectura como parte indisoluble de su dieta diaria: luchar para que los próximos ciudadanos escojan un libro en lugar de sentarse cuatro horas seguidas recibiendo historias perversas de Walt Disney, Cartoon Network y demás casas de historias animadas que toman las historias originales, enmarcadas siempre en la literatura, les infunden el inevitable sello comercial para hacerlas exitosas y desgracian por siempre la idea primaria de sus autores (Hermanos Grimm, por ejemplo); para que nuestros chavales se enamoren de los personajes creados por la mente de nuestros escritores en lugar de desarrollar sus neuronas bajo las reglas de Mario Bros., Tomb Raider o FIFA 2008 (anuncian este software como la enésima bendición del Santísimo Tribunal por traer como narrador principal al Perro Bermúdez… qué lindeza). Sabemos que es esta, quizá, la principal tarea de la nueva casa editorial: lograr que la literatura sea parte inherente a la sociedad mexicana. ¡Vaya tarea! Conocemos perfectamente que es difícil atraer a los chicos hacia este ámbito. De hecho, no podemos dejar de lado los informes de las organizaciones mundiales que nos machacan que de poco menos de 9 millones de paisanos que han realizados estudios superiores o de postgrado, casi dos millones de ellos nunca han puesto un pie en una librería. ¡Cámara! Esto indica que muchos de nuestros doctores y maestros en ciencias (que imparten clases en universidades e institutos de toda índole, desde autónomas hasta patito), son tan iletrados como don Lázaro, el vendedor de tierra “pa’ las macetas”, pero además, adolecen de lo fundamental que el buen Lázaro sí utiliza a diario: sentido común. Imagine, estimado lector, qué futuro le espera a nuestros hijos, si el buen “profe” no ha tenido la oportunidad de tener entre sus manos a los clásicos de la literatura mundial y mucho menos se ha sensibilizado para transmitir ese amor por la literatura que tanta falta hace a tirios y troyanos (no por nada, pero los líderes polacos nacionales son el mejor ejemplo de lo que ocurre ante la ausencia de literatura en la existencia de un ser humano: si nuestros pro-hombres tuvieran bajo la almohada “La Sombra del Caudillo”, de Martín Luis Guzmán, como fundamento para su gobierno1, otro gallo nos cantaría (iba a escribir otra águila, pero el pobre icono nacionalista ya está demasiado golpeada, mochada y trasquilada)). La creación de un sello editorial va de la mano con el firme deseo de quienes participan en esta aventura de seguir dando motivos para no dejar caer lo hecho hasta hoy: gracias a los eventos literarios que se han llevado a cabo en los últimos años, la pasión por la literatura ha resurgido en la región, formándose talleres literarios y grupos de lectura cuya principal riqueza reside en la gran cantidad de jóvenes que a ellos asisten. De ahí que el dueño del día y la noche sea el testigo de honor para que esta recién nacida Editorial Gugorrones, le parta el alma a todos aquellos que suponen que la ambigüedad y la charlatanería estarán por encima del genuino interés literario y cultural que envuelve esta propuesta nada novedosa, pero sí valiente (de hecho, y de acuerdo a los datos del Cronista de la ciudad, Miguel Alejo López, sí es la primera editorial netamente nativa).
Encabezada por un ginecólogo (sin duda, el saber del universo está en las mujeres, y de ahí abreva a diario nuestro amigo José Velázquez); un cirujano (Melquíades Morales, quien ha tenido al menos medio centena de oficios que le han permitido ubicar su propio espacio en este mundo terrenal), un impresor (Fidel Sierra, a quien la vida le ha puesto miles de obstáculos y quien como buen guerrero, ha sabido sortearlos todos) y un aprendiz de escribano, Editorial Gugorrones va encaminada a ser la editorial independiente que ofrecerá un espacio de difusión para los nuevos valores, y claro está, para seguir descubriendo a los autores que siguen detrás de la cortina de cristal. Lo importante es dar a conocer aquellas obras que contribuyan a que nuestra sociedad lea cada vez más (a pesar de que en municipios enteros no existe una sola librería, y las bibliotecas públicas están cada vez más depauperadas, siempre bajo la férula de un anonadado servidor público cuate del preciso en turno). Para lograr este objetivo, el catálogo de obras de Editorial Gugorrones tendrá primordialmente obra nueva y de autores no publicados. Sí habrá excepciones de gran valor, como las obras del gigantesco poeta Baudelio Camarillo, que son textos fundamentales para el crecimiento del ser humano. Editorial Gugorrones, cual parto de los montes, nace con el sencillo interés de mostrarle a nuestros coterráneos que la literatura puede coexistir en estos lugares donde nunca pasa nada (en definición de Ismael Zamora, joven poeta salvaterrense) y ante la pasmosa abulia de la sociedad entera. Sí existe, por supuesto, la idea de que el sello editorial se transforme en un negocio, y que él mismo nos permita ir ampliando constantemente el catálogo de obra publicada. Mal haríamos en dejar de lado esta arista. Si al principio no tendremos la posibilidad de remunerar anticipadamente a nuestros creadores, sí esperamos que el esfuerzo conjunto nos lleve a erigir un fondo monetario que transforme a nuestra casa editorial en un destino atractivo para los escritores (recuerden cuando Julio Cortazar vendía los derechos de sus obras a instituciones oficialistas latinoamericanas, entre ellas la SEP mexicana, para que se incluyeran en los libros de texto gratuitos. A la fecha, se poseen los derechos de muchas obras del escritor argentino, aunque ahora todo está a merced de lo que diga la lideresa perpetua de los cándidos maestros, quien, por cierto, ha confesado el terror que le causa la literatura, algo que no es nada nuevo entre esa elite, pues la actual secretaria de educación federal, antes del hueso, le dedicaba buena parte de sus lecturas a los libros de superación personal). Uno de los principales problemas que enfrentaremos para sacar adelante este proyecto editorial, será, sin duda, la distribución de los libros. Para lograr que la lectura sea parte inherente a la vida de nuestros ciudadanos, debemos ponerle a su disposición los ejemplares necesarios en el lugar y hora exactos. Por absurdo que suene, vamos a tener que llevar libros a los sitios más inverosímiles posibles: a los mercados, a las centrales de autobuses, a las oficinas de gobierno y a aquellos sitios donde los jóvenes se reúnen: antros y discotecas, amén, claro está, de escuelas, bibliotecas y distribuirlos en los cruceros más transitados (aprovecharemos que están de vuelta nuestros paisanos para que lleven ejemplares allende el río Bravo). Sí, es algo equivalente a ir hacia la montaña, pero confiamos en que habrá la respuesta necesaria para que estos ejemplares sean tomados, analizados, leídos y traspasados de mano en mano. Esta práctica no es novedosa. Ya hacia 1470, los europeos iban a las universidades, a las tiendas, a las carnicerías a distribuir y vender sus obras. Destaca Antón Koberger, editor de Nuremberg quien poseía representantes en la mayor parte del mundo cristiano y desplazaba de tal forma una gran cantidad de libros de índole diversa que al principio regalaba pero que después, ante la demanda de los lectores, comenzó a vender. Algunas personas han comentado sobre la necesidad de contar con grandes nombres para que una editorial salga adelante. Esto es cierto. Sin embargo, la aventura Gugorrones vendrá a experimentar, a desafiar las normas establecidas y dará una férrea lucha hacia todo aquello que constituya un paradigma en el ámbito editorial. Además, si deseamos que la lectura sea un bien de consumo público, necesitamos darle fuerza a las librerías. Necesitamos que nuestro catálogo llegue a los estantes de las librerías y que exista un compromiso con los diversos medios de comunicación para la promoción permanente de tales títulos. El precio del libro también será parte fundamental de la iniciativa, pues siendo nosotros mismos los generadores de la edición, podremos abatir los costos de producción, aunque ello nos acarreará una menor distribución de parte de los grandes emporios comerciales que son quienes al final se llevan la gran tajada. Es bien sabido que del total de libros que se ofrecen al gran público, un máximo de 25% constituye literatura, pues el resto abarca desde libros educativos hasta documentos de referencia, que al final de cuentas, son los que realmente sostienen un sello editorial. Esto significa que la literatura es el “patito feo” de la mayoría de las grandes editoriales. ¿Sorpresa? En absoluto. Las editoriales comerciales publican alrededor de 650 libros al año. Una editorial pequeña, publicará, cuando mucho, ocho títulos en doce meses. Pero esto es lo emocionante: ir contra corriente de lo que a menudo aparece en el mundo editorial mexicano: historias de vedettes, relatos del know-how, mesianismo, historietas oficialistas y ediciones en pasta dura de alguno que otro político venido a menos (que es justo decirlo, editan 10 o 20 mil ejemplares, ante el escaso millar que los títulos literarios imprimen). Por su parte, Editorial Gugorrones ha visto nacer, en este momento, tres títulos, sí, tres, de los cuales, en fecha próxima, estaremos hablando. Demos pues, la bienvenida a este proyecto editorial independiente, que sin duda, constituye un respiro y genera una gran expectativa para los amantes del arte y la cultura no sólo en Guanajuato, sino en todo el centro del país. 1 Por mucho tiempo se ha considerado que El Príncipe, del autor italiano Nicolás Maquiavelo, es el tratado por excelencia para la clase política. Sin embargo, la obra del mexicano aterriza cada una de las estrategias que debiera seguir la clase polaca totonaca, desde las campañas políticas, donde las promesas lo son todo, hasta las bajezas, cuchilladas y traiciones que a diario se dan entre los miembros de la real politik nativa.
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