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Queer Imprimir E-Mail
por Noelia Montero   
02 / 2008

En los años 90, el colectivo Queer nace como una gran vanguardia que reivindica sus derechos. En un comienzo, el término se utiliza peyorativamente, ya que significa “distinto”, “raro”, pero los gays lo acogen como su más ilustre definición. No quieren ser normales, porque la normalidad conlleva un pensamiento único, seguir unas normas.

Debemos hablar de teoría feminista para hablar de queer; la segunda no existiría si el feminismo no tuviera marcado el camino. Gracias al papel que adquiere la mujer tras distintos conflictos bélicos (pasa de la cocina a trabajar, mientras los hombres mueren en la guerra), se abre la puerta de una nueva mentalidad, de una alternativa al patrón impuesto hasta ese momento.

Con el párrafo anterior no quiero decir que el feminismo surja a raíz de esto, ni mucho menos. Feministas las hubo siempre; mujeres señaladas por una sociedad dictadora de conducta. La misma Virginia Woolf dice que “la mujer es el animal más discutido del universo”. La escritora también va a criticar a las Hermanas Brontë y a Jane Austen (no tan distantes en el tiempo), acusándolas de publicar obras como Jane Eyre o Sentido y Sensibilidad, bajo seudónimos masculinos. Y es que Charlotte Brontë cuando habla de Eyre, no hace más que retratarse a ella misma en la era victoriana.

Pero pasemos a lo que pretendo esbozar en este artículo; la Teoría Queer. Otto Wininger, personaje que tuvo mucho miedo del sexo, afirma que “nos defendemos del mundo mediante nuestros conceptos”. ¿Se podría expresar mejor?

La tradición. Esa gran responsabilidad de actuar como papá y mamá te enseñan, de convertirte en una ovejita más. Salió hace poco un anuncio de una conocida marca de autos que refleja perfectamente lo que quiero decir: una enfermera que tropieza y tira las tarjetas con los nombres de un niño y una niña, al colocarlos de nuevo los cambia de sitio, ¿y que pasa? Que ese hombre y esa mujer llevan una vida “prototipo”, interpretan su guión al proceder. Al final del anuncio se encuentran enfrente al coche.

Este poco de marketing popular pretende transmitirnos que el ser humano siente el deseo incontrolable de etiquetar todas las formas de comportamiento, y esto degenera en el problema del masculino y del femenino, de considerarse homosexual, heterosexual o bisexual. No hay nada sustancial. Debería quedarnos claro.

La madre del Queer (teoría, porque también existe un activismo) es Judith Butler, que trata en su generación las dificultades del término género. Parémonos ahora en esta cuestión. Beatriz Suárez Briones, profesora de la Universidad de Vigo, dice que “mientras exista masculino y femenino, la igualdad no existirá”. Buena razón tiene, ¿o acaso una mujer no se puede sentir masculina? ¿O acaso un hombre no puede gozar con la penetración? Yo apunto que sí; mas el modelo tradicional de familia y matrimonio  nos impiden invertir nuestro pensamiento en temas tabúes.

En conclusión queridos seres “plastiliformes”; gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (valga por una vez mi hipocresía de denominarlos así), luchan para dejar de enfrentarse a este marginamiento, que llega a afectarles en una precariedad laboral. Tenemos que desistir de vestir como dicta el escaparate de Chanel. Tenemos que empezar a vivir por lo que sentimos y no por lo que se lleva. Tenemos que ser personas.

    “Queer es todo esto, y mucho más”.


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  Comentarios (1)
El infierno de todos...
Escrito por Alberto Cruz, el 13-02-2008 08:53
:grin El infierno de todos tan temido no es la sociedad sino nosotros mismos. Como bien lo dice el artículo, el ser humano tiende a etiquetarse desde el momento en que nace, la etiqueta es lo que nos controla, nos convierte en objeto de estudio. Hoy en día hay un afán por pertenecer a una clasificación casi casi Taxonómica, y es que estos tiempos modernos se caracterizan por el regreso de las tribus; tenemos darketos, chúntaros, punks, maras, gays y mas recientemente: EMOS más los que me falten citar. En lo que respecta a esta onda "Queer" más que una actituc es una cuestión de etiquetas. Al igual que un perfume, un auto, un pantalón o un IPOD la figura gay se convierte en una maniquie exótico al cual visten y desvisten. Más que un ser que busque una identidad, quienes se dan el gusto de ser o sentirse queer's solo somos camaleones de asfalto que imitan y saltan, abren la boca y cierran los ojos apenas escuchan el latigazo de Chanel, Dior, etc. En su afán por buscar una identidad, el público gay ha caído en el absurdo infierno tan temido de la sociedad de la cual forma parte y de la cual se niega a pertenecer.
 
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